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La artesana del ganchillo Rebeca Marín y su aportación solidaria a la lucha contra el coronavirus

El ganchillo no tiene edad. Esta frase que puede sonar manida o recurrida no está tan instaurada en la conciencia ciudadana, aunque todavía queda un camino por recorrer. Esta actividad sirve para mejorar y desarrollar la motricidad, el ingenio, la concentración y la destreza, además de la satisfacción personal que produce ver y palpar el resultado. Así lo atestigua Rebeca Marín, catalana de nacimiento y conquense de adopción, que lleva practicando ganchillo desde hace ocho años y desde entonces, no hay día en el que no teja. «No concibo la vida ahora mismo sin un hilo y una aguja», asegura a este medio.

La protagonista de este artículo ha aprovechado el confinamiento para colaborar en la causa #Yomecorono, concretamente para la investigación de una vacuna para el coronavirus. Junto a otras 56 ganchilleras, elaboró un patrón para tejer un chal y donó dicho patrón para un libro digital que recaudó 3.100 euros. Marta y Lara, las promotoras de esta idea bajo el hashtag #patronesxunavacuna (y que sirvió para dar el título al libro), contaron con la participación de Rebeca, cuyo patrón consiste en un chal en hilo de algodón de tonos degradados.

Este patrón, primero creado por ella, lo presentó en primera instancia a un concurso en Instagram y quedó a las puertas de ganar (fue segunda). Sin tener claro cómo compartir su patrón, encontró la iniciativa solidaria y no lo dudó, por lo que lo donó. Una vez terminada la venta flash (debido a la urgencia de su causa, se dejó una semana para recaudar fondos), ha vuelto a poner su patrón a disposición de todo aquel que lo requiera en su tienda Etsy, y ya han contactado con ella en torno a una treintena de personas, procedentes incluso de otros países como Brasil, Argentina o México.

Hace ganchillo a diario desde hace ocho años

Rebeca Marín hizo algunas cosas de punto cuando era pequeña, siguiendo el ejemplo de su madre, aunque la afición no terminó cuajando. Hace ocho años vio un vídeo en Youtube y volvió a interesarse, así que empezó entonces a tejer a dos agujas. Autodidacta por completo, tiene la ilusión de convertir su afición en su profesión y está dando pasos para que así sea. «Si no hago ganchillo un día noto que me falta algo», reconoce Rebeca.

A través de un curso sobre emprendimiento impartido por la EOI y CEOE Cepyme Cuenca, decidió buscar su hueco y trabajar para ella misma. Pensó en una tienda online en la que vender sus productos, aunque debido al alto coste de inversión se enfocó a otra salida: las redes sociales.

Fruto de ello nació su canal de Youtube, que cuenta con 127 suscriptores desde que nació en septiembre de 2019. Poco a poco va ganando notoriedad en el mundo del ganchillo y sus vídeos y creaciones están siendo bien acogidos. Ese crecimiento también lo nota en Instagram, cuya presencia cuenta con más de 300 seguidores y ha crecido más de un 100% desde que arrancó el periodo de confinamiento.

Habrá más patrones

La experiencia con su primer patrón le ha resultado muy enriquecedora, así que ya planea hacer nuevos. Se trata de un trabajo muy laborioso y que requiere muchas horas de esfuerzo y constancia, puesto que debe pensar en qué tipo de patrón va a realizar, qué dibujo, cuántos puntos, maquetar el patrón… Muchas decisiones y labores que debe apuntar paso a paso y a la perfección para que otras personas puedan replicarlo. «Son muchas horas de trabajo, pero vale la pena», dice orgullosa. Con la creación de patrones ha encontrado otra manera de disfrutar del ganchillo, así que asegura que habrá más creaciones. «Sí tengo una libreta con mis cosas, pero nunca había hecho algo para que lo tejieran otras personas». señala, y la satisfacción de que ese patrón haya gustado le anima a seguir diseñando otros nuevos.

Le gustaría impartir cursos

En casa tiene un taller en el que diseña y hace realidad todas sus creaciones. Al principio eran sus hijos los que ejercían de conejillos de indias (de 13 y 9 años, quienes también han cogido la habilidad y destreza manual de la madre; puesto que ambos han pasado por el Esgrima Espadas Colgadas e incluso el pequeño sigue en un club al que llegó hace tres años), aunque ahora es su sobrina de año y medio quien le sirve de modelo.

En este sentido, le gustaría que su afición pudiera ser compartida por otras personas, sin importar la edad. Estas pasadas Navidades realizó un taller en CEIP Isaac Albéniz, dirigido a las dos líneas de 2º de Primaria y que contó con muy buena aceptación. «Los niños hicieron una bola para el árbol con una cadena de ganchillo y estaban muy contentos con lo que podían hacer con las manos. Cuando terminaron también hicieron pulseras y algunos pidieron a sus padres que les compraran un ovillo», recuerda. Por eso, le gustaría para el próximo curso escolar que se ofrezca un taller de ganchillo en el que pueda enseñar y motivar a los más pequeño.

Iniciativas solidarias

Al margen de esta última iniciativa solidaria, Rebeca Marín ha participado en otras. Por ejemplo, en 2019 tejió amigurumis para donar a @Proyectocorazonsolidario, destinado a hacer felices a niños hospitalizados y para recaudar fondos para una enfermedad, así como otra colaboración con Arte Solidario Cuenca, a la que donó un chal y sus fondos iban directamente para el Banco de Alimentos de Cuenca, iniciativa que sigue activa.

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