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The New Yorker elige su lista de los mejores videojuegos de 2018

La revista también llama la atención sobre la influencia de grupos de la alt-right entre los jugadores

The New Yorker es, sin lugar a dudas, una de las revistas más influyentes a nivel mundial. Incluso sus reportajes de ficción (o videojuegos, en este caso) tienen siempre un tinte intelectual. Tal es su éxito, que aunque se centre en la cultura y vida neoyorkinas, su repercusión es internacional. Por ejemplo, el escritor Haruki Murakami, nominado al Nobel de Literatura, afirma que si no fuese por The New Yorker no se le conocería.

Por tanto, es digna de atención su lista de mejores videojuegos de 2018, realizada por el periodista Simon Parkin. Es autor del libro “Muerte por videojuego: peligro, placer y obsesión en la primera línea virtual”, además de colaborar con The Guardian, The Times, The New Statesman y con la crítica tecnológica del M.I.T. Por lo tanto, es una lista fiable, contra la que poco se puede decir. Estos son sus elegidos (aunque no sus descripciones):

Return of the Obra Dinn (Pc, Mac)

En 1808, un barco mercante que se creía perdido vuelve a puerto. Por lo que un perito del seguro debe averiguar lo sucedido a la tripulación, junto a un cuaderno de notas y un reloj que permitirá retroceder el tiempo. El título tiene un estilo visual muy curioso, en blanco y negro hecho por puntos, e intercambiable por otros gráficos de ordenadores antiguos. El creador es Lucas Pope, también padre de Papers, Please, por lo que la calidad está asegurada

Tetris Effect (Ps4)
Uno de los clásicos de la corta historia de los videojuegos. Publicado en 1984 por el ingeniero ruso Alexei Pajitnov, Tetris se ha convertido en uno de los arcades más famosos del mundo. Por eso, este remake lanzado por Sony tenía pocas probabilidades de fracasar. Además, los estilos visuales y sonoros le dan un aspecto totalmente renovado y que se complementa a la perfección con las mecánicas que todo el mundo conoce. Una experiencia adictiva como solo Tetris puede ser.

Florece (iOS)
Un gran ejemplo de ficción realista, como ya lo fue That Dragon, Cancer en 2016. Florence no trata el mismo tema, pero entra en la categoría de lo real. Este título cuenta la historia de una veinteañera que empieza a salir con un chico, y toda su vida a partir de ese momento. Habla sobre la vida de pareja, lo cotidiano y la rutina sin que se pueda cambiar la historia. A veces liviana y a veces pesada, aceptando las consecuencias de nuestros actos. Sin más, la vida.

Red Dead Redemption 2 (Ps4, Xbox One)

Poco se puede decir del título de Rockstar. Secuela del aclamado western de la pasada generación, que tiene a medio mundo recorriendo el oeste estadounidense de finales del siglo 19. Horas y horas de actividades en un mundo inmersivo y apabullante, que muestra la vida de una banda de forajidos que sabe que su tiempo está llegando a su fin.

Into the Breach (PC, Switch)
Juego de estrategia en perspectiva isométrica y con mapa dividido en casillas, como muchos otros hasta ahora. El argumento también es típico: una raza de alienígenas gigantes invade La Tierra y soldados en mechas gigantes les combaten, al más puro estilo Pacific Rim. Pero dentro de lo típico, este título engancha como pocos del mismo género, pues sus mecánicas de mejora, riesgo y pérdida son la clave. Igual que en Darkest Dungeon. Poder ver qué harán los enemigos en su siguiente turno y no tener tiempo límite permite pensar con detenimiento cada acción, disfrutando las derrotas y enfadándose por las derrotas porque es culpa de quien juega. Horas de estrategia, puzles, satisfacción e ira aseguradas.

My child Lebensborn (iOS)
Otra pieza de ficción realista, esta vez tratando un tema duro de tragar. Lebensborn fue un programa nazi en el que mujeres solteras, independientemente de su edad, debían mantener relaciones con oficiales de las S.S. para criar niños arios y “válidos”. En este título debemos hacernos cargo de uno de estos niños creados para mantener la pureza de la raza aria. Habrá que limpiarle, alimentarle y entretenerle como si de un Tamagotchi se tratara. Hasta que empieza a preguntar quiénes son sus verdaderos padres o a contar que le pegan en el colegio. Aunque parezca sencillo, este juego habla sobre el nazismo, la voluntad de ser padres y, seguramente lo más importante, la necesidad de los niños de ser niños, y de ser queridos.

Monster Hunter: World (Ps4, Xbox One, PC)

El renacer de una saga. El regreso a las consolas de sobremesa y a Sony. La llegada a PC. La adaptación para captar público. Todo esto es Monster Hunter: World, y solo con el título. Todo el sistema se ha simplificado y cambiado en esta entrega de la popular saga (en Japón es prácticamente una religión), haciendo las horas de cacería más amenas y divertidas, sobre todo si es jugando en equipo. Además, los gráficos hacen que cada árbol, cada montaña y cada monstruo sean espectaculares. El diseño de las armas y armaduras y la personalización del estilo de juego ayudan a que cada persona se adapte y juegue como prefiera. Es un título necesario para cualquier persona que haya probado la saga. Y es un título necesario para cualquier persona que tenga la más mínima curiosidad por la saga.

God of War (Ps4)
También el renacer de una saga mítica. Cuando parecía que Kratos estaba disfrutando de su retiro en el norte de Europa, tiene que volver a las armas, y lo hace por todo lo alto. El paradigma de la masculinidad tóxica (no todo iba a ser bueno) empieza a mostrar sentimientos. Ya no es solo una máquina de matar musculada, que también, si no que esos sentimientos de protección y amor paternos que se vieron con Pandora en la tercera entrega de la saga, se explotan en esta con Atreus. Un juego necesario en Ps4, y sin duda, uno de los títulos del año.

Forza Horizon 4 (Xbox One)
La saga Forza siempre ha sido un portento en cuanto a juegos de conducción se refiere. Los escenarios realistas, la suavidad en los controles, la sensación de velocidad, el diseño de los coches… todo lo que se le puede pedir a un título de estas características, Forza lo tiene. Y mejorado. Por eso no es de extrañar que la cuarta entrega de esta saga se haya colado en las listas de imprescindibles de 2018. Además, es uno de los pocos exclusivos de la consola de Xbox, por lo que tiene más mérito.

influencia de la Alt-right
La lista, como todas, es personal, por lo que puede haber gente en desacuerdo. Lógicamente, cada cual tiene sus gustos y las opiniones del resto de la gente no deberían cambiar las propias. Dicho esto, Parkin hace un análisis social antes de presentar su lista, en el que se preocupa por la influencia de grupos de la alt-right (ultra derecha estadounidense) en jóvenes adolescentes varones.

El autor hace referencia a los misóginos y ultraderechistas Steve Bannon y Milo Yiannopoulos, y al episodio de YouTube con el vídeo de Red Dead Redemption 2 titulado “Golpeando a la molesta feminista”, que tantos comentarios a favor recibió. Por eso Simon Parkin muestra su preocupación en el éxito que están consiguiendo estos mensajes, y hace la siguiente reflexión:
“Los problemas culturales en torno a los videojuegos, por supuesto, no solo están presentes en sus jóvenes jugadores, sino también en sus creadores. Sigue habiendo una lamentable falta de diversidad entre quienes diseñan videojuegos y, en la industria en general, entre quienes deciden qué tipo de juegos se hacen en primer lugar. Pero las placas tectónicas todavía cambian, lentamente, y, en los bordes, se produce un trabajo de inteligencia e interés.”

Lo más interesante de su reflexión es la última parte: “en los bordes se produce un trabajo de inteligencia e interés”. Es cierto que las grandes compañías están trabajando en la representación de los distintos colectivos dentro de sus productos (en las empresas es otro tema, ya que las políticas de contratación son las que son), solo hay que ver a la Mary Jane del Marvel’s Spiderman¸ que ya no es solo una dama en apuros. O el gran trabajo de Naughty Dog con The Last of Us II y los personajes femeninos de Uncharted, o el de Guerrilla con Horizon Zero Dawn.

Pero pese a todo, son las compañías “Doble A” y las desarrolladoras indies quienes de verdad están haciendo este trabajo de inclusión y representación. Muchos son los ejemplos: Night in the Woods, The Red Strings Club, Hellblade Senua’s Sacrifice, Dream Daddy, VA-11 Hall-A, Undertale… No es problema de las empresas el crecimiento de la alt-right. Es de la propia comunidad de jugadores, que ven los videojuegos algo “suyo” que “deben proteger frente a la invasión de lo políticamente correcto”. No se trata de cambiar la industria, se trata de educar a la población en la igualdad y en los derechos humanos. Hay que mostrar a esos jóvenes que se dejan influenciar por esos discursos amigables y atractivos, que detrás se esconde un discurso de odio y discriminación. Así que, por difícil que sea contradecir a una personalidad como Simon Parkin, hay que hacerlo, porque el problema es “Para nosotros, jugadores”.

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