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El capítulo de Spielberg que se convirtió en aventura gráfica

Dicen que en los foros de Internet, toda discusión llega a su fin cuando alguien saca a relucir el nazismo, puesto que se considera que ya es imposible sacar nada positivo del debate. Podríamos extrapolar esta frase a la hora de hablar de aventuras gráficas, puesto que en un momento (seguramente nada más empezar) saldrá a relucir el nombre de Lucasarts, aunque en el caso de las discusiones por Internet, en este caso es cuando de verdad empezará el debate de verdad. Cierto es que se podrían mezclar ambos términos, Lucasarts y nazis, con aquella maravillosa aventura como fue Indiana Jones and the Fate of Atlantis, pero la compañía de videojuegos se caracterizó en la década de los 80 y 90 por sacar multitud de títulos concernientes al género mencionado, convertidos en sus casos en auténticas obras maestras. Hablamos de una compañía que dominó la industria con juegos como Maniac Mansion, Day of the Tentacle, Monkey Island, Loom, Sam and Max, Full Throttle o Grim Fandango. Aunque en este caso, vamos a hablar de una aventura gráfica que fue tal dada la complejidad de su trama.

En estos tiempos, hablar de que un asteroide se va a estrellar contra la Tierra, amenazando con la supervivencia del planeta, y que una expedición de la NASA se aventure a colocar bombas en la roca para desviar su curso, puede que no sea el argumento más original del mundo. Buena parte de culpa de ello lo tiene la película Armageddon, con Bruce Willis y Ben Affleck como protagonistas y que arrasó en taquillas en 1998, mientras que esta trama se ha ido repitiendo de forma sistemática durante los años posteriores. Pero el videojuego que nos atañe, The Dig, se lanzó tres años antes, cuando la destrucción de la tierra a través de un meteorito no se había, ni mucho menos, popularizado. El punto de partida de la película y del videojuego es prácticamente idéntico, no tanto el desarrollo, pero esta fantástica aventura gráfica de Lucasarts estuvo cerca de no llegar a nuestros ordenadores. No obstante, la idea fue concebida por Steven Spielberg e iba a ser producida por George Lucas como uno de los capítulos de la serie Cuentos Asombrosos, pero finalmente se descartó el proyecto por el altísimo coste que suponía llevarlo a la pantalla. Gracias a esa curiosidad, nació The Dig como videojuego, una de las aventuras gráficas más espectaculares, por trama, dificultad y jugabilidad, que ha dado el mundo gamer.

Siempre hay una pregunta en el aire en el género de las aventuras gráficas. ¿Argumento sobre la libertad del jugador, o viceversa? En la actualidad, las aventuras de Telltale Games (The Walking Dead, Borderlands, The Wolf Among Us…) han revivido esta discusión, donde claramente el argumento está por encima sobre la jugabilidad, pareciendo que al otro lado del monitor nos subimos a un vagón y se nos va guiando por raíles, disfrutando de la historia y con pocas cosas por hacer. Nadie puede negar el éxito y el disfrute que dan este tipo de videojuegos (podemos incluir en este mismo bloque otros como Dear Esther o To The Moon, por ejemplo), pero la experiencia que supuso The Dig fue algo totalmente insólito en su tiempo.

Hacer este tipo de aseveraciones sobre un juego que volvía a utilizar el famoso motor Scumm, que se basaba en point’n’clik, y que estaba construido sobre unos escenarios y unos pocos personajes, pueden no ser llamativos ahora. Tampoco entonces, cuando se esperaba con ansia la salida de este videojuego (¿Otra aventura gráfica de Lucasarts? ¡Imperdible!), pero donde radicó el cambio fundamental fue en el argumento. Estamos hablando de una aventura dirigida a un público adulto, de un corte más serio, donde el humor quedaba en un segundo plano (a pesar de que puede dar la impresión de que no tiene, el comandante Boston Low usaba constantamente una fina ironía). Eso supuso un cambio tremendo respecto a lo que era Lucasarts, que acostumbró a su público a otro tipo de aventuras, donde el humor era la base del éxito.

Por eso no fue del todo aceptada por parte de la crítica, puesto que las expectativas que generó el videojuego eran otras. Pero una vez se probaba el mismo, las opiniones cambiaban radicalmente. Literalmente, el argumento contado son 5 minutos de juego, que arranca The Dig sin mucha más información. Como si de un protagonista más se tratara, el jugador va descubriendo junto con la tripulación los misterios que entraña esta aventura gráfica de Lucasarts. No es casual el nombre del videojuego (The Dig significa ‘La exploración’), puesto que tras la visita al asteroide, al que bautizaron con el nombre de Atila, acabas descubriendo que, realmente, es una nave espacial, por lo que junto a Boston Low (alter ego del jugador), el geólogo y arqueólogo alemán Ludger Brink, y la periodista Maggie Robbins, realizamos una exploración a un planeta desprovisto de vida y sin saber absolutamente nada. Un viaje que tiene sus partes filosóficas y donde la ciencia ficción es parte fundamental.

Otro aspecto que se salía de la norma de otros títulos de Lucasarts es la inclusión de algunos puzzles, con mayor o menor complejidad, que podían dejar atrapado al jugador. Aunque lo cierto es que no alcanza la dificultad de videojuegos como Indiana Jones and the Fate of Atlantis o Monkey Island, The Dig tampoco suponía un viaje fácil y obligaba a que para superarlo se tuviera cierta experiencia en aventuras gráficas. Otros detalles dignos de resaltar son los gráficos, los cuales fueron dibujados a mano, mientras que para las animaciones se utilizó una mezcla de animaciones 3D y otras animaciones clásicas a mano. Para meterte en la atmósfera, la banda sonora estuvo compuesta a partir de la obra de Wagner. Y como factor añadido, la soledad, puesto que el 90% del tiempo vivirás la aventura gráfica en solitario y sin apenas interacción con otros personajes, con unos fondos con tonos azules y oscuros (muy alejado de otros planos de Lucasarts con colores mucho más vivos) y una banda sonora siempre al fondo en bajo y que crecía en los momentos de tensión.

The Dig marcó un antes y un después en las aventuras gráficas y en el mundo de los videojuegos, ya que por fin se pensó en los adultos como un público directo y que gustaba de esta industria. También supuso un ejemplo perfecto de aventura, con un marcado tono de película, y donde se mimó en exceso el guion para darle más profundidad al videojuego. Hoy día se puede disfrutar el remake lanzado por la propia compañía, que apenas supuso cambios más allá de la vistosidad en los gráficos. Su duración no es excesiva, y para un jugador con experiencia se puede completar en una tarde, pero el viaje merecerá la pena.

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