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Eva Cubas: «Siempre algo que vivo, o veo, o leo, consigue devolverme la necesidad y las ganas de escribir»

Cuando se habla de amor por la literatura, en muchas ocasiones siempre pensamos en que se trata de una persona que se dedica a escribir o a leer. Pero en esta ecuación siempre olvidamos una tercera parte fundamental y esencial: los libreros. Porque esa figura suele aglutinar ambas partes (escribir y leer), pero va más allá para contagiar su pasión con el resto de los mortales. Suelen ser personas muy cercanas, siempre de buen humor y con ganas de hablar… de libros. Porque llevan tan adentro las letras que necesitan compartirlo con los demás. Y suelen ser un vehículo indispensable para hacer crecer el número de lectores y, también de escritores.

Quien protagoniza esta entrevista bien sabe de lo que hablo. La conquense Eva Cubas Navarro, natural de Villalpardo, ha realizado una labor fundamental por la provincia de Cuenca. Sin adentrarnos en su faceta de escritora (habrá tiempo para ello), hay que destacar su carrera profesional como bibliotecaria. Actualmente regenta en Minglanilla una pequeña librería, mientras que fue la primera conductora-bibliotecaria de la provincia de Cuenca, lo que hizo que llevara libros por todos los municipios, incluyendo en ese largo listado los más pequeños e inesperados. Eso sí es amor por los libros.

Licenciada en Humanidades por la Universidad de Castilla-La-Mancha, le apasionan las artes, la historia y la literatura. Con todos estos datos es mucho más fácil comprender su obra literaria. Sin ir más lejos, su estreno como escritora llegó en 2016 con el libro ‘Génesis‘, una historia de amor a través del tiempo y que pasa por diferentes épocas como la Cuenca medieval, la Grecia clásica, Roma, Venecia, París o Nueva York. Pero su imaginación no tiene límites ni se encorseta en un género concreto, por lo que también ha escrito novela negra (‘Hasta que descanses en paz‘, en 2018) o romántica (‘Tengo que olvidarme de ti‘, en 2018; ‘Un conde del montón‘, en 2019; ‘El jardín de las delicias‘, en ) o, nuevamente, novela histórica (‘Legado‘, en 2018).

Cinco obras en total para una escritora muy prolífica y que toca varios géneros, pero siempre con una característica común: imaginación y originalidad. ¡Ah! Y dada su formación universitaria, tampoco falta la fiel documentación y la veracidad en sus escritos. Esta conquense será una de las protagonistas del Festival de Literatura Independiente ‘Cuenca es Indie’, que se celebrará entre el 13 y 14 de marzo en el Teatro Auditorio de Cuenca.

 

PREGUNTAS

¿Crees que es igual de importante la construcción de los personajes secundarios y principales?
Por supuesto que sí. Aunque lo más habitual es que siempre queden por debajo de los protagonistas, los personajes secundarios son importantes para el desarrollo de la historia. Muchos tienen como función ayudar en la historia apoyando al principal o siendo el antagonista que hace que el protagonista brille. Para mí, y creo que para la mayoría de los escritores, son tan necesarios como el principal y por ello hay que pensar en ellos no solo como los secundarios, si no casi como unos coprotagonistas más. Una novela es la unión de todos ellos, de sus vidas, de sus historias. No habría unos sin los otros.

¿Escribirías una historia por petición de los lectores aunque tuvieras que salirte de tu zona de confort?

Nunca hay que decir de esta agua no beberé, pero ahora mismo, en mi situación de escritor por afición y placer pienso que no lo haría. Se me hace imposible escribir algo que no me apetezca o me ilusione, soy muy especial con esto. Incluso me cuesta cuando se trata de hacer relatos para grupos o para peticiones en las que muchos de nosotros solemos participar.

 

¿Cómo superas un bajón literario? ¿Qué se te ocurre si alguna vez te bloqueas y faltan ideas o avance? ¿Qué logra inspirarte en esos momentos?

En mi caso no me preocupa, si no me apetece escribir o no me inspiro dejo un tiempo de hacerlo, aunque suele ser breve porque siempre algo que vivo, o veo, o leo consigue devolverme la necesidad y las ganas de escribir. Ideas hay casi siempre, lo que cuesta a veces es plasmarlas. Pero por suerte o por desgracia no tengo nada que me obligue a escribir, si no me apetece o no tengo ideas; ni editores, ni plazos, es lo único bueno de ser independiente.

Di una novela que te hubiera gustado escribir y por qué
Está claro en mi caso: la saga de ‘Los hijos de la tierra’ de Jean Marie Auel. Me encanta la prehistoria y el súmmum es la novela prehistórica y más si está tan bien conseguida como estas. Personajes, situaciones y descripciones que hacen que sientas esa época como actual, que pienses en sus vivencias como posibles a pesar de la lejanía temporal. Por eso, yo misma estoy imbuida en mi propia novela ambientada en la prehistoria, lo más difícil que he hecho hasta ahora.

Pequeño fragmento de GÉNESIS, novela histórica, de sus capítulos ambientados en la Cuenca del SXIII.

CAPÍTULO XXIX

La villa colgada entre dos ríos…

Así llegué a Cuenca, al principio de paso. Pero algo sucedió allí, algo que me convenció para quedarme, una sensación de plenitud y paz como llevaba mucho tiempo sin sentir. No tenía nada que ver con la espiritualidad ni con la reconquista ni con la necesidad de establecernos. Fue el pasear por sus calles que siempre ascendían, fueron sus casas de alturas imposibles, construidas desafiando la naturaleza y luchando contra los abismos. Fue la sensación de paraíso que tuve al contemplar el río sobre uno de sus miradores. Fue el silencio solo roto por el canto de las golondrinas en primavera y el sonido del agua y fue el crisol de culturas que encontré allí. Por fin respiré y, desde ese momento, fue nuestro hogar, allí la niña tendría la vida que se merecía.

La estructura de la villa era sencilla.

Por un lado, su fuerte carácter defensivo establecía dos zonas claras. Una, la del Castillo, en lo alto de la sierra, con su robusta puerta de entrada con foso, tres torres y la muralla. Otra, la del Alcázar, con su amurallamiento propio y que albergaba la aljama o morería en la parte más baja de los terrenos de la villa. Dos zonas opuestas que se mantenían unidas a través de un eje de calles conectadas y ascendentes desde la entrada del valle. Por el puente de dos arcos, que llamaban del Canto, y la puerta de Huete, siempre en ascenso, se llegaba a la calle y la puerta de San Juan desde donde se iniciaba la vía principal: la calle Correrías hasta la plaza principal o de Santa María y la Cal Mayor hasta el Castillo. A lo largo de esa línea imaginaria se establecían la villa y los nuevos barrios surgidos con la reconquista cristiana: Santo Domingo, San Vicente, San Salvador, se situaron a las orillas del alcázar. Grupos de aldeanos y hortelanos construyeron sus hogares en lo que antes era la albacara árabe, y sus cultivos y pastos se extendieron tanto aprovechando los terrenos intramuros como las tierras fuera de la muralla, creando los arrabales del Barrionuevo. Ese aumento de población, propició la aparición de nuevas entradas en la muralla como la puerta de Valencia o los postigos adintelados de los muros que facilitaban el tránsito por la villa y sus alrededores.

Pero lo más importante era la dependencia que tenían de los dos ríos que los rodeaban y protegían. El Júcar y el Huécar habían creado, en su unión, un lago que sirvió como defensa a los musulmanes y que ahora, en tiempos de paz, albergaba los terrenos útiles y los molinos, tan necesarios para la economía de la población. La poderosa orografía de sus hoces estructuró su existencia y sus barrios. Sus calles, endurecidas por el lecho rocoso, siempre acababan en casas que volaban sobre el abismo, ocupando hasta el mínimo espacio en su crecimiento reciente y que aprovechaban esa roca madre como cimiento.

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