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Iván Gilabert: «Solo escribo lo que me apetece, me apasiona y me llena»

¿Cuántas veces han escuchado de una película que es un blockbuster? Una cinta de esas que te mantienen atrapado en tu silla, junto a un enorme bol de palomitas, con la mirada puesta en la pantalla y sin apenas pestañear. Ahí sentados, solamente para disfrutar ante lo que nuestros ojos ven. Pero, ¿alguna vez se lo han dicho de algún libro? Seguramente la respuesta sea que pocas veces, por no decir un no rotundo. Sí hemos escuchado aquello de «qué buena película quedaría de este libro», pero si bien sí solemos asociar el calificativo palomitero con película, nunca lo hacemos con un libro.

Pues olviden sus prejuicios y sepan introducirse en novelas de aventuras, de esas cuyas páginas te atrapan hasta tal punto que necesitas leer a cada instante, que su historia se te mete en la cabeza y no puedes pensar en otra cosa que saber qué ocurrirá en los siguientes capítulos. Puede que nos vengan a la cabeza escritores como Julio Verne, Robert Louis Stevenson, Arthur Conan Doyle o algunos más modernos como Michael Crichton: autores todos ellos ligados con historias llenas de acción y que nos metían en situaciones, parajes y tramas trepidantes. Lo que un servidor calificaría de novelas palomiteras.

Los libros del protagonista de esta entrevista bien podrían ser incluidos en esa calificación personal. Y seguramente sea así porque su vida ha estado plagada (y está) de aventuras, porque Iván Gilabert (nacido en Barcelona allá por agosto de 1972) es un aventurero nato. Su afición por el mar (plasmada también en algunos de los personajes de sus novelas) le hizo que se convirtiera en su profesión, a pesar de que en sus estudios se decantó por el diseño gráfico y la publicidad. Empezó como comercial en una tienda de submanirismo hasta convertirse en técnico y posteriormente instructor, lo que le permitió dar clases de buceo deportivo y técnico por todo el mundo. El Mar Caribe, el Mar Rojo, las Maldivas… buceo por barcos hundidos, cuevas, lagos, bajo el hielo… Todo un apasionado.

Una lesión en las rodillas le obligó a poner fin a su aventura profesional, pero esta mala noticia tuvo secuelas importantes para el mundo de la literatura, porque gracias a ello se emergió de nuevo, pero esta vez en las letras. Si con el agua convirtió su afición en trabajo, con la lectura ha hecho exactamente lo mismo y ahora es un reconocido escritor autopublicado (por poco tiempo, puesto que uno de sus libros, ‘La roca sagrada’, saldrá editado este miércoles 19 de febrero por la editorial La Esfera de los Libros).

Desde pequeño se aficionó por los libros del mencionado Julio Verne, J.J. Benítez, Stephen King, Isaac Asimos o Robin Cook, y esas influencias se trasladaron a su manera de escribir y de contar historias. Personajes profundos, escenarios que tienen mucho que decir, historia siempre en movimiento… son algunos de los elementos que encontramos en su obra, siempre escritos bajo una pluma ágil y técnica. Empezó su andadura como escritor en octubre de 2016, con la publicación de ‘Atlantes‘, mientras que en abril de 2017 surgió ‘Diario del viajero‘. Siempre activo a la hora de escribir y con una constancia digna de elogio, en julio de 2018 vio la luz su tercer libro, el ya nombrado ‘La roca sagrada’, mientras que un año después y también en julio llegó ‘Virus Z‘, una especia de continuación de Diario del viajero, si bien se puede leer de manera independiente.

Iván Gilabert será uno de los autores presentes en el Festival de Literatura Independiente ‘Cuenca es Indie’, que se celebrará en el Teatro Auditorio de Cuenca el 13 y 14 de marzo.

Crees que es igual de importante la construcción de los personajes secundarios y principales?
Yo diría que sí aunque con algunos matices. Los personajes principales han de ser completos en todos sus aspectos para que el lector empatice con ellos y se los crea. Los secundarios han de tener el peso justo que la historia necesite en cada momento sin que pasen desapercibidos.

Escribirías una historia por petición de los lectores aunque tuvieras que salirte de tu zona de confort?
No. La verdad es que solo escribo lo que me apetece, me apasiona y me llena. Si tuviera que escribir sobre algo que no me motivara se vería reflejado en el resultado de la novela. Bueno, la verdad es que no creo que llegara ni siquiera a acabarla.

Cómo superas un bajón literario? Qué se te ocurre si alguna vez te bloqueas y faltan ideas o avance? Qué logra inspirarte en esos momentos?
Tengo un remedio infalible. Dejo la novela y durante un par o tres de días me olvido de ella; me voy a la piscina a nadar y me relajo después en el jacuzzi del gimnasio sin prisa alguna. El contacto con el agua limpia mi mente, recarga mis pilas, me evade de la rutina, de la realidad y del día a día. Estar en el agua hace que desaparezcan los bloqueos para que las ideas y las soluciones afloren solas.

Di una novela que te hubiera gustado escribir y por qué
‘La sombra del viento’, sin duda alguna. Creo que la pluma de Carlos Ruiz Zafón en esta novela es inigualable, mágica y excepcional; además, logró crear al personaje más completo que he leído y al que más me ha calado: Fermín Romero de Torres.

Extracto de LA ROCA SAGRADA

El guía, experto conocedor de las maravillas de su país, caminó durante más de cinco minutos hasta llegar al punto más alto de la montaña. Nada más llegar, se quedó de pie, con las manos en la cintura y mirando al infinito. El resto llegaron a su lado y miraron, curiosos, hacia el mismo lugar que el guía. A sus espaldas, el monasterio había empequeñecido un poco y ya estaba casi devorado por las sombras que las altas montañas que lo rodeaban arrojaban sobre él.

—Mirad eso —dijo Kamal—. No hay mejor visión que la inmensidad del desierto al atardecer.

Delante de ellos y desde aquella altura, el desierto se extendía hasta donde llegaba la vista. Solo se veía arena y dunas, cuyas sombras se movían con lentitud, arrastrándose como serpientes a medida que el sol bajaba y se posaba sobre la línea del horizonte, dejando un cielo de mil tonos anaranjados y rojizos.

Todos observaban embobados.

El silencio se adueñó del lugar hasta que solo se escuchó el siseo de un viento invisible que acariciaba con su manto templado las caras de los cuatro socios. Solo Kamal se atrevió a hablar.

—Otro día más, el astro rey acaba su andadura habitual y se retira a descansar dejando tras de sí una estampa que ni el más hábil de los pintores sabría plasmar, ni el mejor de los escribas podría narrar. Esta majestuosidad solo es comprensible desde aquí, sin palabras, sin dibujos; tan solo es necesario mirar sin filtros con el alma para comprender lo diminutos que somos en realidad.

Kamal acabó de decir esas palabras sin dejar de admirar la inmensidad que se abría ante él. Se quedó en silencio junto a sus tres amigos observando como el sol descendía lentamente y era engullido por el hambriento horizonte, mientras a cada minuto que pasaba los colores del cielo cambiaban de tonalidad como por arte de magia y las primeras estrellas, las más brillantes del firmamento, aparecían como cada día desde hacía millones de años para despedirse del astro rey.

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