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Martin McCoy: «No escribiría bajo demanda, sería pervertir la literatura para convertirnos en simples narradores»

La literatura tiene multitud de géneros y todos ellos con sus detractores y defensores, pero hay algunos que suelen tener más tirón que otros. Actualmente, el género romántico y erótico (que no tienen por qué ir ligados) son dos de los espectros que más lectores atraen; la novela histórica también cuenta con un amplio número de adeptos; los libros de autoayuda siempre son bienvenidos en la industria. Sin embargo, hay un género que tiene un poder de atracción que nunca pasa de moda: el género negro.

Esas historias con un trasfondo, en lo que nada es lo que parece y que todos sus personajes ocultan más de lo que dicen, esas tramas en las que un asesinato o desaparición son solo el botón de arranque para conocer los bajos instintos de las personas y hasta dónde son capaces de llegar para colmar su ambición, esas novelas en las que el mundo en el que se desarrolla siempre tienen mucho que ver con lo que ha ocurrido. En definitiva, son libros en los que la acción está en movimiento, en las que vemos la evolución de sus protagonistas (para bien o para mal) y cuya historia nos parece viva. En este punto creo que todo ustedes se han dado cuenta de que soy un apasionado de este género…

Sigo. Nos sumergimos tanto que nos metemos de lleno en esas páginas hasta el punto de ser meros espectadores de lo que nos están contando. Y si bien esta clase de novelas las solemos catalogar del género negro, quizá la apreciación más correcta sea otro, porque no hay blancos ni negros, sino grises. Había pensado, en un intento por hacerme el ‘molón’, de llamarlas novelas grey (por aquello de usar un anglicismo, que parece que da más caché), pero creo que en los tiempos actuales sería más bien catalogado como algo erótico, así que como no soy una persona muy capacitada para el naming, les dejaré a su imaginación cómo llamar a este género.

Hay dos problemas que rodean a este género: hay muchos lectores, cada vez más exigentes; hay más escritores, lo que hace más complicado destacar. Y es que no basta con poner un crimen lo más llamativo posible, ni utilizar los clichés habituales de este género. Para sobresalir entre la cantidad de libros se necesitan más cosas. Sea carisma, una escritura ágil y cercana, una historia que crezca con el paso de las páginas… Algo que sin duda marque la diferencia. Y puedo garantizarles que el protagonista de esta entrevista lo ha conseguido con creces, porque sino, explíquenme como este escritor vizcaíno que debutó en 2018 ya se ha hecho un nombre sobresaliente en la literatura independiente. Para mí, se trata de un nombre y personaje: Seb Damon.

Martin McCoy llegó hace escasas fechas a esta industria, pero ni siquiera preguntó si podía pasar, simplemente derribó todas las puertas. Lo hizo gracias a su excepcional debut ‘Seb Damon 3 14‘, un arrollador thriller con tintes de ciencia ficción que aglutina un lenguaje descarnado y muy propio para un mundo futurista a medio camino del glamour de Blade Runner y de los bajos fondos de Gangs of New York, con un personaje que va conociendo su entorno y a sí mismo Holden Caulfield (el adolescente protagonista de ‘El Guardián sobre el centeno’) y en ocasiones algunos toques de la cultura popular al estilo de Ready Player One.

Está escrita por un amante de este género y está hecha para fans de este género. Porque Martin McCoy rebosa pasión por los cuatro costados, pero sobre todo tiene descaro. Porque pienso en el escritor y solo me cabe en la cabeza pensar que él es Seb Damon, cuya personalidad salta de las páginas para convertirse en nuestro compañero de trabajo, en nuestro amigo de cervezas o en nuestro enemigo más acérrimo. Porque Seb Damon es de carne y hueso, por mucho que haya que chuparse la yema de los dedos para pasar las páginas y seguir conociéndole. Fue tal su éxito que, un año después, el autor lanzaba su continuación bajo el nombre de ‘Seb Damon: Libertad virtual‘, que lejos de caricaturizar los personajes que conocimos en la primera parte nos lleva de nuevo a Ilarki (ciudad lunar donde vive este peculiar detective privado) para adentrarnos en una historia todavía más compleja que la anterior.

Este escritor que se dio a conocer a su entorno en fechas muy recientes (lo que todavía da más mérito a su aventura literaria, la cual no viene apoyada por su círculo cercano, sino por otros escritores y los propios lectores) tiene pinta de que ha cogido la pluma para no soltarla jamás. En apenas dos años ya lleva tres obras publicadas, puesto que además de las dos partes de Seb Damon también ha experimentado, y de qué manera, con una novela escrita a dos manos. Además de las dos suyas y que daban vida a la parte más detectivesca de ‘Double trouble‘, también hay que contar con la escritora romántica Sara Halley. Por cierto, uno y otra estarán en Cuenca en el Festival de Literatura Independiente ‘Cuenca es indie’ que se celebrará en Cuenca entre el 13 y 14 de marzo. ¡Ah! Y tampoco podemos olvidar que es uno de los fundadores del grupo Fuera de Tiesto, una iniciativa que ya ha lanzado dos antologías de relatos con fines benéficos y cuyos ingresos van destinados a la Asociación Nacional del Síndrome Treacher.

Además de su faceta como novelista, en el círculo independiente ha dejado su impronta por sus originales promociones de sus libros. En un mundo en el que el copy/paste (desde aquí un homenaje al informático Larry Tesler, creador de estas funciones) predomina en Facebook, Twitter e Instagram, las publicaciones de Martin McCoy siempre marcan la diferencia. Como Seb Damon.

Puede que yo no tenga el descaro ni el carisma que desprende este escritor, pero… ¡Qué narices! ¡Claro que lo tengo! Desde estas líneas les recomiendo acercarse al Auditorio de Cuenca para conocerle a él y conseguir sus novelas, porque seguro que me darán las gracias. Bueno, adquieran sus novelas y las del resto de colegas que estarán en ese foro (y que vamos conociendo en nuestra sección ‘Libro abierto‘), porque les he engañado al principio. El mayor problema del género negro y, por ende, de la literatura independiente, no son ni la cantidad de obras que se publican ni la exigencia de los lectores. El mayor problema es el escepticismo. Pero ustedes no son así, ¿verdad?

¿Crees que es igual de importante la construcción de los personajes secundarios y principales?

Los personajes principales deben tener mucha más profundidad que los secundarios. Si no es así, se acaban comiendo el protagonismo y acabas teniendo una obra coral. Que no tengo nada en contra de las obras corales, ojo, pero ahí pierdes capacidad de definir a tus personajes tanto como te gustaría.

Suelo hacer los secundarios a base de estereotipos y luego les doy algún giro. Por ejemplo, coges al típico mandamás que fuma puros y te mira por encima del hombro, pero le haces mujer.

Para los personajes principales, sin embargo, prefiero trabajarlo a conciencia y hacer que tengan muchos más rasgos que definan su personalidad.

¿Escribirías una historia por petición de los lectores aunque tuvieras que salirte de tu zona de confort?

No escribiría nunca algo por petición de los lectores. He escrito fuera de mi zona de confort como un reto para la antología ‘Fuera de tiesto’, pero los propios autores decidimos meternos ahí. Lo de los libros escritos bajo demanda me parece impensable. Sería pervertir la literatura llevándolo al punto de convertirnos en simples narradores.

¿Cómo superas un bajón literario? Qué se te ocurre si alguna vez te bloqueas y faltan ideas o avance? Qué logra inspirarte en esos momentos?

Escribir. Te obligas a escribir. Un relato, un capítulo, una entrevista… Luego lo acabas borrando la mayoría de las veces, pero es como si te hiciese entrar en “modo escritor”. A mí es lo único que me funciona.

Di una novela que te hubiera gustado escribir y por qué

Alguna mala. Es que si hubiese escrito yo alguna de mis novelas favoritas, no podría leerla por primera vez y esa sensación es incomparable. Mira, sí. Me habría gustado escribir ‘Cincuenta sombras de Grey’ y estar jubilado.

Fragmento de Seb Damon: 3 14

“Todo hombre, como toda historia, tiene un comienzo. El mío fue en una cuba de maduración. Mi madre no quería estropear su figura con un embarazo. Creo que aceptó tenerme solamente para trincar a mi padre si decidía divorciarse de ella. Él era un hombre importante, uno de los mandos más altos en el departamento de policía de Nueva York allá por 2020. Ella era una joven guapa y lista. Gracias a mi madre aprendí que es mejor elegir a las guapas y tontas. Son menos peligrosas. Jamás me demostró ningún tipo de cariño. Si alguien me llama hijo de puta, no me enfado. Le doy la razón.
Mi padre pasaba mucho tiempo fuera de casa. Los policías no son gente muy hogareña, como sabe todo el mundo. Los mandos policiales tienen aún menos tiempo para su familia. Dos o tres veces por semana le sacaban de la cama por la noche para ir a atender algún caso. Mi madre me dejaba con una canguro y se iba de compras, a los salones de belleza más caros de la ciudad o a tomar algo con sus amigas. Eso decía, claro. Así pasé mi infancia y mi adolescencia. Cuando mi padre descubrió varios vídeos en internet en los que mi madre aparecía con un par de docenas de hombres desnudos haciendo y dejándose hacer todo tipo de guarradas, supimos que tenía otro tipo de pasatiempos.
Los vídeos se hicieron virales y acabaron con la carrera de mi padre. La quería tanto que ni siquiera pidió el divorcio, pero empezó a beber más de la cuenta. Al final fue mi madre la que se divorció de él diciendo que se emborrachaba y la pegaba. Mentira. Jamás le puso la mano encima. No reclamó mi custodia. Mi padre se vio con su carrera acabada y sin un centavo en el bolsillo. Era el hazmerreír del cuerpo de policía y, durante dos semanas, de todo el país. No encontró más salida que marcharse a buscar trabajo allá donde nadie le conociese. Fue así como, en 2046, llegamos a Ilarki, la ciudad más importante de la Luna.”

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