Inicio Libro Abierto Sara Halley: «La inspiración llega cuando menos te lo esperas»

Sara Halley: «La inspiración llega cuando menos te lo esperas»

No hay mayor motor en el mundo que el amor. Suele ser el motivo y la razón para acometer la mayor de las locuras o para superar el peor de los males, pero cuando un corazón palpita con intensidad su dueño o dueña es capaz de cualquier caso. Tanto bueno como malo, por lo que creo que todos estaríamos de acuerdo que el amor es la fuerza más potente del universo. Puede que gracias al petróleo podamos trasladarnos en avión o coche, pero la reacción química en nuestro cerebro que provoca un amor correspondido es capaz de teletransportarnos a cualquier galaxia.

Tal es su presencia en nuestro día a día que habrá pocos actos que no estén hechos por y para el amor. Quizá nos lavamos los dientes para agradar a nuestro ser querido más que por nuestra propia salud (aunque recomiendo hacerlo sobre todo por esto), puede que nos pongamos elegantes para agradar a otra persona más que por sentirnos bien con nuestra vestimenta, o tal vez nos guste más cocinar para otro que hacerlo para nosotros mismos. Son solo ejemplos (y muy tontos), pero creo que se capta la intención.

La poesía ha vivido desde su creación hasta nuestros tiempos con el amor como temática principal, y los lectores quizá identifiquemos amor con este género. Aunque les invito a pensar en cualquier novela y se darán cuenta de que el amor (por un sueño, por una persona, por un objeto, por un animal o por lo que sea) es el motivo principal de la historia. Porque es un sentimiento tan humano y tan fácil de identificar que no concibimos una existencia, una trama o una vida sin amor.

En cualquier caso, el amor no tiene por qué ser siempre bueno y sin otros ingredientes puede que este quede cojo. El (excelente para mi gusto) cortometraje ‘El efecto Rubik‘ definía el amor con el color rojo, aunque señalaba que se necesitaba completar las caras de los otros cinco colores (el amarillo para los primeros movimientos, blanco para la familia, naranja para el trabajo, azul para la amistad, y verde para el tiempo libre) para sentirse completo. Porque, y parafraseo el corto, el rojo «es el color que lo mueve todo», aunque si el resto de las patas están cojas nos sentiremos vacíos.

En la literatura, bien podríamos traducir estos colores. Me atrevo a señalar que el amarillo sería atreverse a publicar; el blanco lo identificaría con lograr una masa de lectores; el naranja es el esfuerzo y la constancia; el azul significa el respeto de otros autores; el verde con la imaginación y la creación de nuevas ideas; y el rojo el amor por escribir. Pero, ¿a qué viene todo este rollo? Muy sencillo. Porque me atrevo a afirmar que la protagonista de esta entrevista ha completado su particular cubo de Rubik.

La jienense Sara Halley se atrevió a publicar hace poco más de dos años y medio, pero desde entonces su número de lectores ha ido in crescendo. Gracias a su trabajo ha sido capaz de lanzar dos obras en este periodo (Reed. Rendición en abril de 2018, y Luke. Liberación en enero de 2019, ambas de la saga Chicago Cops), más una tercera escrita a dos manos en una ingeniosa colaboración entre esta autora de romántica con alto contenido, digamos, fogoso, junto a otro escritor de CiFi y novela negra Martin McCoy (‘Double Trouble‘, en julio de 2019), lo que le ha valido ganarse el cariño de la literatura independiente y, gracias a ello, participar junto a otros 47 autores de diversas nacionalidades en un proyecto benéfico cuyos beneficios iban destinados íntegramente para la Asociación Nacional de Treacher Collins (‘Fuera de tiesto‘, en diciembre de 2018). Mantiene viva la imaginación y en breve verá la luz la tercera parte de su saga, por lo que hay Sara Halley para rato. Con todo este curriculum, ¿alguien puede rebatirme de que esta escritora no tiene amor por escribir? Sin duda, el color rojo también lo ha conquistado, por lo que hagan cuentas y se unirán a mi hipótesis inicial: Sara Halley ha completado su cubo de Rubik.

Ella estará en Cuenca, entre el 13 y 14 de marzo, en el Festival de Literatura Independiente ‘Cuenca es Indie’ para contarnos sus secretos. Porque a todos nos gustaría conocer pistas para acabar nuestro cubo de Rubik y ella es la persona más indicada para ayudarnos.

¿Crees que es igual de importante la construcción de los personajes secundarios y principales?

Desde mi punto de vista, sí.

La mayor parte del peso de la historia recae sobre los personajes principales, pero no puedes incluir a unos secundarios solo porque sí. Tienes que trabajarlos a todos ellos, desde el primero al último, para que ninguno te deje indiferente. Debe haber una razón para que aparezcan y lo primero que tienes que preguntarte es, ¿la historia sería igual sin ellos? ¿Cambiaría en algo? Si la respuesta a esta última pregunta es no, trabájalos más, dales una razón de ser o elimínalos, porque si no consigues que el lector los odie (en el caso de los antagonistas), los quiera o empatice con ellos de alguna forma, acabarán siendo poco más que un relleno sin sentido.

¿Escribirías una historia por petición de los lectores aunque tuvieras que salirte de tu zona de confort?

La respuesta es no, aunque supongo que todo depende porque tampoco me cierro puertas a nada. Lo que ocurre es que soy de la opinión de que tienes que sentir aquello que escribes, debes creer en ello. Cuando tus dedos vuelan sobre las teclas, no es solo una cuestión de imaginación, sino que vuelcas el alma y tus emociones en cada palabra y escena. Esto puede sonar extraño, pero te nace. Sin más. Así que si te obligas a escribir algo solo porque los lectores te lo piden, no sé hasta qué punto eso podría ir bien. Sí es cierto que no hay que ponerse límites, jamás, porque es ahí donde nos damos cuenta de todo lo que podemos hacer por mucho que antes nos pareciera imposible. Supongo que más que por petición de otras personas, lo haría como un reto personal, porque creo en ello y sé que puedo hacerlo.

¿Cómo superas un bajón literario? ¿Qué se te ocurre si alguna vez te bloqueas y faltan ideas o avance? ¿Qué logra inspirarte en esos momentos?

El bajón literario puede venir tanto por falta de inspiración, como por una situación personal complicada. Ante esto último, hay poco que puedas hacer porque es muy difícil, por no decir casi imposible, escribir y volcar todos tus sentidos en lo que estás haciendo cuando tu mente no deja de desviarse hacia otros temas. Así que solo te queda capear el temporal como mejor puedas. Si se trata de un simple bloqueo porque no sabes cómo avanzar, bueno… ahí te puede llegar la inspiración cuando menos te lo esperas. Te puede venir a raíz de una conversación con alguien, incluso de una simple broma. Puede que escuches esa canción que ya conocías y que habías oído docenas de veces antes pero, de pronto, te das cuenta de que la letra habla de ellos, de tus chicos. Y es perfecta para ellos y para crear un momento precioso que supondrá un punto de inflexión, no solo en su relación, sino en la historia en sí. De repente, alguien te envía una imagen solo porque le parece bonita. La miras y piensas que sí, es preciosa. Pocos segundos después ves a tus protagonistas exactamente así y, casi sin darte cuenta, acabas creando una escena de la que después hablarán la mayoría de los lectores porque se les ha clavado en el alma. Como digo, la inspiración está en todas esas pequeñas cosas que muchas veces pasamos por alto y a las que, a veces, necesitamos prestar atención en el momento indicado.

Di una novela que te hubiera gustado escribir y por qué

¿La verdad? Aquí mi respuesta sería: ninguna.

Hay novelas que amo y que he leído y releído muchas veces, pero creo que no solo te enamoras de la historia y los personajes, sino también del autor y de su pluma. De ese sello tan personal y de la forma de transmitir. Así que si esa historia que tanto amas la hubiese escrito otra persona, no digo que fuese mejor o peor, pero sí diferente. Puede que le faltase ese “algo” que te enamoró o, quizás, tendría más detalles que antes le faltaban. No lo sé.

Ahora bien, si tengo que elegir (y creo que eso es lo que se pretende), no tengo ninguna duda y me quedo con Sarah J. Maas y su Corte de Rosas y Espinas. En realidad, apunto alto porque se trata de toda una saga. Es una auténtica maravilla de principio a fin y tiene todo lo necesario para mantenerte pegada a sus páginas sin descanso. Es una mezcla de fantasía y distopía con una deliciosa historia de amor y pasión, traiciones, guerras, violencia… de todo. Además cuenta con el que considero que es el mejor protagonista masculino que me he encontrado hasta el momento, y te aseguro que he leído muchísimo. Así que me quedo con la historia de Rhysand, Feyre y sus Cortes.

Prólogo de ‘Luke. Liberación’

—Luke, ¿quién está herido? —En mis prisas por llegar hasta él, ni siquiera reparé en el resto. Solo en Reed y porque vi cómo Mia se lanzaba hacia él.
Una expresión de auténtico dolor pasó por su rostro y sus ojos adquirieron un brillo inesperado mientras me miraba en silencio. Esperé lo peor.
Como no respondía, intenté girarme para ver al resto de los muchachos, pero intensificó su agarre en mi cintura impidiendo así que me moviera. Me acercó más y bajó la cabeza para apoyar su frente contra la mía. Cerró los ojos y dejó salir un aliento entrecortado.
—Terry —respondió con voz ronca—. Le dieron a Terry y no sabemos… —Tragó con fuerza—. Maldita sea, no sabemos nada y me estoy volviendo loco.
Por Dios… Terry.
Cerré también los ojos y enmarqué su rostro entre mis manos, acariciando con suavidad sus mejillas con los pulgares, sintiendo en las yemas de mis dedos aquel rastro de barba de un par de días. Traté de absorber parte del dolor que sabía que estaba sintiendo, lo asimilé como propio porque, de hecho, también lo era y la preocupación y el malestar crecieron en mi interior al pensar en que a ese magnífico hombre le sucediera algo que lo arrancase de nuestras vidas.
El dulce, gentil y leal Terry, alguien que encarnaba para mí a un perfecto hermano mayor. Una maravillosa persona siempre dispuesta a escuchar y ayudar, siempre ahí, atento y protector, inmiscuyéndose solo lo suficiente como para guiarte, pero jamás para hacerte sentir violenta.
—Se recuperará —declaré, y yo misma necesitaba creer aquellas palabras. Por ambos, pues sabía que cualquier otro escenario destrozaría a Luke.
—Tiene que hacerlo. —Sus palabras sonaban a súplica. Mi alma se agrietó un poco al escucharlo.
No dije nada más ya que, para bien o para mal, muchas veces el silencio es toda la respuesta que necesitamos y otras, es todo cuanto puedes ofrecer. Estaba allí, junto a él, por y para él, y sabía que eso era suficiente. Al menos de momento.
—Me salvó la vida. —Aquel murmullo atormentado provino de nuestra derecha—. De no ser por mí, él estaría bien. Esto no tendría que haber pasado, joder.
Cuando miré, vi a Tucker sentado en una de esas incómodas sillas de plástico, con los codos apoyados sobre las rodillas y el rostro escondido entre sus manos… manchadas de sangre seca. Giré ligeramente entre los brazos de Luke para obtener una mejor vista y casi perdí el aliento, porque repasándolos a ambos con la mirada, me di cuenta de que había pasado por alto la sangre que lucían en algunas zonas de piel expuesta. Me llevé una mano a los labios, preguntándome hasta qué punto estaba herido Terry.
—No vuelvas a decir eso —espetó Luke, con voz dura.
Tucker levantó el rostro y, aunque no se movió del sitio, distinguí perfectamente el dolor que reflejaban sus enrojecidos ojos. Estuvo llorando, sin duda alguna.
—Es la puta verdad —respondió de vuelta y con voz demasiado tranquila.
Luke me apartó con suavidad y de inmediato eché en falta el calor de su cuerpo, muy diferente al asfixiante y cargado ambiente que se respiraba entre las paredes del hospital. Vi su perfil cuando giró para encarar a Tucker, en un fluido movimiento lo sujetó por la camisa del uniforme y, sin aparente esfuerzo, lo levantó de su asiento hasta que quedaron cara a cara.
—Escúchame bien, a Terry lo hirieron cuando cumplía con su deber. Todos lo hacíamos y sabíamos a lo que nos exponíamos. Ese es nuestro maldito trabajo. —Lo sacudió un poco antes de acercar sus rostros hasta que sus narices prácticamente se rozaban, pese a que Luke lo superaba un poco en estatura—. Olvídate de la culpa y honra a nuestro amigo estando aquí para él. Honra al compañero que se interpuso entre esa bala y tú.
Tucker ni siquiera lo miraba, permanecía cabizbajo, con la vista clavada en el brillante suelo de linóleo. En parte escuchando lo que su amigo le decía y en parte reviviendo momentos acaecidos esa misma noche, supuse.
—Y estoy aquí para él, pero no puedo dejar de revivirlo una y otra vez, joder.
Cuando habló, se le veía tan absolutamente desgarrado por la culpa que me solidaricé con él, pues lo entendía. Si Luke no lo hubiese abrazado en ese instante, yo misma habría ido hacia él para intentar consolarlo. Lo estrechó entre sus brazos, palmeando con fuerza su espalda una vez de ese modo tan típico entre los hombres y que utilizan tanto en los momentos de euforia como en los de apoyo. Vi que Tucker apoyaba el rostro sobre su hombro justo antes de que su cuerpo comenzase a sacudirse a causa de un silencioso llanto que, estaba segura, aliviaría un poco la carga que esa noche llevaba sobre él.

Comentarios