Inicio Libro Abierto JL Prieto: «Escribo las historias que como lector me hubiera gustado leer»

JL Prieto: «Escribo las historias que como lector me hubiera gustado leer»

Durante estos días hemos hablado mucho de la importancia de los géneros, de cómo construir historias, de cómo dar vida a personajes, pero siempre hemos dejado de lado una de las partes más importantes en cualquier libro o película: el malo. Ese personaje, o trama, necesario para que surja el conflicto y que hace todo lo posible para que el protagonista no consiga su objetivo.

Y es que el ser humano siente especial predilección por los desdichados. La mezcla de compasión, pena y morbo es un cocktail demasiado potente para nuestra mente siempre ávida de desgracias. Puede que ese factor sea el que nos convierte en personas, ya que somos conscientes de que ese individuo que ha padecido tanto a lo largo de su vida y que ha terminado muriendo de una forma tan ridícula como para optar al Premio Darwin podríamos haber sido nosotros. La empatía es lo que nos diferencia de otras especies, y es en estos casos en los que siempre decimos «a vivir que son dos días», puesto que nunca sabemos con certeza hasta cuándo estaremos por aquí.

Tampoco hay que ser dramático. Ya lo decía el genial artista de Les Luthiers, el argentino Daniel Rabinovich, «no te tomes la vida en serio, al fin y al cabo no saldrás vivo de ella». Pero eso no quita para que los malos capten nuestra atención. En la cultura popular han sido sonados los casos de asesinos que han recibido multitud de cartas de admiradores en la cárcel, como podría ser el sectario Charles Manson, el Payaso Asesino John Wayne Gacy o, en territorio patrio, el asesino de la katana José Rabadán o el culpable de la muerte de Marta del Castillo Miguel Carcaño. No merece la pena debatir por qué ocurre esto, pero sí observamos un mismo patrón: el mal genera expectación.

Porque en literatura y cine una película no es completa sin un villano que desprenda carisma. No entendemos un Batman sin Joker, ni ‘La sombra del viento’ sin Javier Fumero, ni ‘El señor de los Anillos’ sin Sauron, ni ‘Alicia en el País de las Maravillas’ sin la reina de corazones… Hasta el punto de que el villano incluso cobra más protagonismo y brilla con mayor luz que el personaje principal. Lo que está claro es que para que todas esas historias tengan sentido y nos las creamos es necesario que la oposición al bien tenga también su poder y su razón de ser.

Puede que esa, por qué no decirlo, admiración por los villanos haya hecho que el protagonista de esta entrevista se haya ganado el cariño y el respeto de sus compañeros en la literatura independiente. En las redes sociales es conocido por el mote de ‘El malvado’, debido a su preferencia por los personajes antagonistas, e incluso su propio blog lleva ese nombre, pero en esta ocasión preferimos hablar de él como JL Prieto (Astorga, 1979), un escritor que cursó estudios de Historia del Arte en la Universidad de León y que posee gustos por las artes en todas sus vertientes. Melómano confeso, dedicó trece años de su vida a la crítica musical y al seguimiento de eventos de forma profesional, lo que compaginaba con su trabajo de seguridad privada.

Sin embargo, su mayor afición la tenía en la escritura. Han sido muchos los relatos que construyó con anterioridad a su salto a la autopublicación en 2018, pero es desde esta fecha cuando ha colaborado en diferentes antologías benéficas además de mostrarse muy activo en blogs y grupos literarios (en uno de ellos es administrador, Grupo LLEC).

La lucha eterna entre el bien y el mal fue el tema principal de su ópera prima, titulada ‘Almas errantes: La elección’, presentada al Premio Literario Amazon (PLA) de 2018 y que está protagonizada por ángeles y demonios en formato coral. Su segunda parte verá la luz en los próximos meses, probablemente para coincidir con el PLA de este año. Este mismo año, como muestra de su tremenda actividad a la hora de escribir, lanzó ‘El caso colmillitos‘, primera parte de una saga que tiene como personaje principal al irreverente periodista Álex Torres.

Decía que esa admiración podía venir los villanos había generado respeto en sus colegas de afición y profesión. Es importante ese matiz condicional que le otorgó a la frase, porque la certeza es otra: su imaginación, sus vueltas de tuerca, su fina escritura, sus historias sorprendentes y su afable personalidad (lejos, muy lejos de ser un villano aunque no quiero ser yo quien agüe su mote) son los elementos que, de verdad, le han puesto en el disparadero de la literatura independiente. Él será uno de los autores que estarán en Cuenca el próximo 13 y 14 de marzo, en el Festival de Literatura Independiente ‘Cuenca es Indie’ que se celebrará en el Teatro Auditorio de Cuenca.

¿Crees que es igual de importante la construcción de los personajes secundarios y principales?

Por supuesto. Fíjate si lo considero importante, que en mi Saga Almas Errantes (novela coral de fantasía urbana escrita en primera persona) no tengo muy claro quién o quiénes son los personajes principales y cuáles los secundarios. También depende mucho de la historia que se quiera contar. Muchas veces, son estos últimos los que hacen brillar aún más al protagonista, pero en ningún caso debe ser un relleno, sino un condimento más.

 

¿Escribirías una historia por petición de los lectores aunque tuvieras que salirte de tu zona de confort?

No. Una cosa es hacerlo para un reto literario o para alguna antología y otra muy distinta para contentar a los lectores. En mi caso, escribo las historias que como lector me hubiera gustado leer, así que difícilmente podría secundar esa propuesta. Eso no quita, que uno no pueda escribir en un momento dado una novela de otro género, pero nunca por petición. Como lector, lo que más me chirría de un autor es que me cuente una y otra vez la misma historia.

 

¿Cómo superas un bajón literario? ¿Qué se te ocurre si alguna vez te bloqueas y faltas ideas o avance? ¿Qué logra inspirate en esos momentos?

Llevo poco tiempo en esto como para haber sufrido un bajón literario como tal. Si acaso, lo que me tiene desquiciado es que el día solo tenga 24 horas. Cuando me atasco en un capítulo o en un momento de la trama, lo dejo reposar y me pongo a escribir otra cosa. En cuanto a lo de inspirarme, desde un artículo de un periódico a una canción, pasear por el campo o visitar un museo, incluso, alimentar mi lado más friki y jugar una partida al Mario Bros.

Di una novela que te hubiera gustado escribir y por qué.

Ninguna. Creo que las novelas que más me gustan están bien escritas así y teniendo en cuenta lo transgresor que soy con cualquier historia que cojo en mis manos, ya no sería la misma.

Pongo como ejemplos de novelas que para mí son perfectas: El Psicoanalista de John Katzenbach o La historia Interminable de Michael Ende. En cuanto a los Indies, mi favorita es la saga de La prisión de Black Rock (ocho libros más una precuela) de Fernando Trujillo. Como lector me apasiona el Realismo mágico.

Pequeño fragmento de El caso Colmillitos (Álex Torres 1)

Tal vez sea mi manía de poner apodos a todo aquel que me rodea, pero la mujer que me habla es un clon de Jessica Flecher. En cambio, el doctor Gervasio Izquierdo tiene un parecido más que razonable con Mortadelo: la misma constitución física, nariz prominente y gafas redondas, hasta tiene un tono de voz ridículo de dibujo animado.

La de hoy es mi segunda consulta. La primera fue solo una pequeña toma de contacto, en la que quedó patente que yo no le gustaba, ni él a mí.

—Según el informe preliminar dice que todo empezó cuando se vio abordado por una horda de vampiros. —En su tono de voz no hay el más leve atisbo de burla, aunque no me cabe la menor duda de que no se lo cree.

—Permítame que le corrija, Mor… doctor. No fue un grupo de vampiros, sino uno solo. Con muy mala baba, por cierto.

Su siguiente pregunta no se hizo esperar.

—¿Pretende hacerme creer que los vampiros existen? —Ahora sí que percibo cierta ironía en sus palabras.

—Por supuesto que existen. El problema, doctor, está en los dichosos clichés, el cine y las malditas novelas de Anne Rice. La mayor parte de lo que se dice de ellos no son más que pura patraña.

Lo cierto es que no debe ser nada sencillo ser un vampiro en el siglo XXI. Ya nadie se toma en serio a estas criaturas, cuando tenemos unos políticos que nos absorben hasta el alma a base de impuestos.

—Está bien, cuénteme la historia desde el principio. Puede ponerse cómodo si lo prefiere.

Como la historia va para largo, opto por tumbarme en el diván al más puro estilo del «majo vestido», incluso, me permito la licencia de quitarme las Converse. Para redondear el momento, solo me falta un pitillo y una copa de gin-tonic.

 

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