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La fábrica de juguetes

El hombre se transformó en niño. Más de dos décadas después regresó a la fábrica de juguetes que tantos buenos recuerdos le traía. Su padre, vigilante de seguridad, aprovechaba sus guardias nocturnas para que su vástago lo pasara en grande en ese escenario, sea con una pelota de fútbol, con un coche teledirigido o con cualquier muñeco de última generación. ¿Acaso no hay mejor sueño para un infante que encerrarse en un edificio repleto de los juguetes más novedosos? Pero también fue el lugar de su peor pesadilla.

En una de esas noches y mientras se entretenía con un coche teledirigido, un ladrón quiso robar material de la fábrica pero lo que realmente se llevó fueron cuatro vidas. La primera, la del padre, quien salió a su paso con su revólver en alto pero el criminal fue más rápido y certero. La segunda, la de aquel niño, que perdió de forma traumática a la persona que más amaba en el mundo. La tercera, la del edificio, que tras el incidente quedó precintado por la policía como parte de la investigación y posteriormente fue abandonado por la empresa que lo gestionaba. Y la última, la suya propia, porque las cámaras de seguridad fueron suficientes para identificarle. Cumplió de forma íntegra los 22 años de prisión que le cayeron por asalto y asesinato, pero a su salida le esperaba una pena peor.

Ese niño convertido en hombre juró venganza por la muerte de su padre. Criado por su abuela, fue acumulando odio en su interior hasta que ya supo cómo sacar a relucir esa rabia que le impedía vivir de manera normal. Así, cuando conoció que ese asesino saldría a la calle no tuvo dudas en cumplir su propósito. No le dio opción a pasar en libertad una sola noche. Le abordó a su salida de prisión y le llevó a esa fábrica de juguetes que ahora lucía desmantelada y abandonada, a excepción de algunos gatos callejeros que adoptaron ese edificio como su nuevo hogar. Sin embargo, entre sus paredes, el hombre se transformó en bestia.

Tras atar a su presa en una de las columnas, desgastó sus nudillos sobre la cara de ese ladrón, descargando toda la rabia que fue acumulando durante años. El rostro del criminal lucía desfigurado por los brutales golpes que le propinó, pero no era suficiente castigo para un hombre que necesitaba más para saciar su sed de venganza. Los gritos desgarradores del condenado resonaban por toda la fábrica abandonada, pero solo se callaron cuando el hombre decidió acabar con la tortura a la que le estaba sometiendo. Sacó el revólver legado de su padre y le incrustó cinco balas en su cabeza sin ninguna clemencia. El hombre se transformó en asesino.

Tras descargar toda su ira, ya podía poner el punto y final a la historia. Satisfecho por rendir justicia a su padre fallecido, era turno de reunirse con él. Todavía quedaba una última bala en el tambor del revólver, pero no por mucho tiempo. Acercó el arma a su sien derecha y apretó el gatillo.

El hombre se transformó en historia.

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