Inicio Libro Abierto Relatos Profundamente dormido

Profundamente dormido

Marian se despierta bruscamente, se levanta de la cama y se asoma por la ventana, el fuerte golpe que ha escuchado ha sido un accidente en su misma puerta, un coche ha seguido recto en una rotonda y se ha pegado contra un muro. Rápidamente coge el teléfono y llama al 112, pero no obtiene respuesta. Se consuela pensando que alguien estará llamando, es una zona urbana muy concurrida.

Mira el despertador y sólo quedan 15 minutos para que suene, son las 6:45 de la mañana.

-¡Ea! Pues ya no me vuelvo a acostar. Cariño, ¿es que no has oído el golpe?, joder, duermes como una marmota.

Marian no obtiene respuesta, tampoco le da importancia, los 15 años que lleva con Jaime le han enseñado que pocas cosas le perturban el sueño. Coge su ordenador y se va a la cocina, recarga el agua de la cafetera y la pone en marcha, se toma un buen café mientras lee la prensa digital.

Vuelve al dormitorio para darse una ducha y decide que ya está bien, va a despertar a Jaime. Lo coge de un hombro y lo empieza a zarandear de forma cariñosa mientras le susurra: “vamos cariño, hora de levantarse”. Sigue sin respuesta. El zarandeo se vuelve más enérgico: “¡vamos marmota!”. Sin respuesta. El semblante de Marian cambia radicalmente, esto ya no es normal, le busca el pulso y por suerte se lo encuentra, pero sigue sin conseguir despertarlo, está sumido en un sueño profundo.

Vuelve a llamar al 112 y obtiene la misma respuesta, es decir, ninguna. Se viste rápidamente para buscar ayuda, sale al rellano y toca el timbre de sus vecinos, nadie le abre. Sale a la calle y le sorprende que nadie haya acudido al accidente, ningún curioso, ningún policía, nadie. Le busca el pulso al conductor y ahí está, tiene pulso pero está profundamente dormido. Ve un hombre tumbado en la acera de enfrente, es un barrendero, corre hacia él y se encuentra con la misma situación, está profundamente dormido. No se oye ningún ruido, la calle está totalmente en calma. Empieza a pensar que esto debe ser un mal sueño.

Marian está haciendo un gran esfuerzo por no entrar en pánico, pero no puede, tiene que ayudar a Jaime y no entiende nada, “¿qué está pasando?”. Su siguiente pensamiento es para sus padres, viven a 5 minutos, en el mismo barrio. Echa a correr con todas sus fuerzas en su busca, no lleva llaves, no sabe cómo va a entrar, pero lo primero es llegar, encontrar a alguien que le ayude, que arroje luz a esta situación, a esta pesadilla.

La pulsera electrónica de Marian empieza a vibrar, está conectada a su móvil, está recibiendo una llamada, se lo saca del bolsillo y mira la pantalla, “número oculto”, jadeante por el esfuerzo, contesta la llamada:

-¿Dígame?

-Hola Marian, ¿cómo estás?.

-¿Quién es usted? ¿Por qué me llama? ¿Sabe algo de lo que está pasando?

El desconocido detecta el estado de alteración de Marian:

-Respira Marian, respira, todo a su debido tiempo, necesito que te calmes.

-¿¡qué me calme!? ¡Puedo hacer cualquier cosa menos calmarme! ¡Exijo saber qué está pasando aquí!

-Necesitamos tus servicios, y si te portas bien con nosotros Jaime y tus padres no sufrirán ningún daño.

-¿Mis servicios? Si yo no soy nadie. ¿Por qué yo? ¿Qué le habéis hecho a la gente? ¿Qué le va a pasar a mi marido?

-Aquí las preguntas las hago yo Marian, no tengo mucho tiempo. Eres parte del servicio de seguridad del Palacio Real, ¿no es así?

-¿Cómo sabéis eso? Es alto secreto, nadie debería saberlo.

-¡Silencio! Estoy empezando a perder la paciencia. Hemos introducido en el agua una potente droga que mantiene a las personas en estado comatoso hasta que se les administre el antídoto o hasta que mueran de hambre, lo que ocurra primero. Si quieres el antídoto, harás lo que te digamos.

Marian comprende la situación, es una agente del CNI excepcionalmente entrenada, y sabe que la única salida por ahora es seguirle la corriente al enigmático interlocutor. Ahora tiene una misión, un día normal en el trabajo. Con la voz mucho más calmada contesta:

-¿Qué tengo que hacer?

-Necesitamos que nos introduzcas en el palacio real, sabemos que tienes las claves, sólo hay 5 personas en el mundo que las conozcan y tú eres una.

Si Marian acepta a la primera sospecharán que planea algo, y procura negar varias veces el encargo, hasta que antes de agotar la paciencia del criminal accede:

-Ok, nos encontraremos en la puerta Este.

-Allí nos veremos Marian, espero que no se te olvide lo que está en juego.

Treinta minutos después llegan dos coches a la puerta Este del Palacio Real. Marian ya está allí, esperando. Se bajan dos hombres de cada coche, llevan pasamontañas, pistolas de mano y ropa militar oscura. Marian no pasa ningún detalle por alto, ya tiene claro su plan y está decidida a llevarlo a cabo.

Se acerca a ella el cabecilla de la expedición, por la voz Marian detecta que es el tipo que hablaba por teléfono.

-Me alegro que hayas decidido colaborar Marian. Todo irá bien si eso sigue así.

No había terminado de hablar cuando Marian se le había echado encima y con una ágil maniobra le da la vuelta, le quita la pistola y se la pone en la sien. Rápidamente los otros 3 hombres apuntan hacia Marian mientras ella les ordena:

-¡Tirad las armas! ¡Tirad las armas he dicho!

Ante la situación, bajan las armas y antes de que lleguen al suelo Marian descarga tres disparos certeros matando a los tres compinches en el acto. Empuja al que tiene prisionero, el cual cae al suelo delante de ella.

-Marian, si me matas nunca conseguirás el antídoto.

-El antídoto está en mi sangre, si no, ¿cómo estaría yo despierta?

Un disparo impacta en el centro de la frente del terrorista, frío, sin despedidas, es su trabajo y lo sabe hacer muy bien.

Comentarios