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Solidaridad, emoción, fantasía…su nombre, Navidad

Noches cálidas y frías, las calles de la ciudad sumergidas en el espesor de la niebla húmeda del lugar, las mismas, junto con balcones y escaparates, se encuentran adornadas con curiosos detalles brillantes, luces con formas y efectos sonoros.

Los finos copos de nieve, aparecen levemente desde el cielo en el lugar, tiñendo de blanco el paisaje y dando un color y significado especial.

Los niños y mayores, armonizados están, corretean por las calles, formando con las bolas un sin fin de juegos, luchas y anécdotas con las que ilusionarse y dignas de recordar.

Diversidad de emociones y formas de sobrellevar, no al alcance de todo el mundo unas navidades de derroche se podrán llevar, no por ello significa que se vivan de distinta forma y con menos devoción, emociones y fantasías que regalar.

Andando por la calle peatonal, uno puede observar, esos puestos de castañas calientes para el frío contrarrestar, acompañados por esa gente sin techo, pidiendo para esos alimentos que le permitan ese hilo de vida y sirvan de sustento, de una familia que maquilla, valora y estima, cada día en sus vidas, capaces de regalar a todo el que pasa por el lugar, esa necesitada sonrisa, una educación exquisita o un feliz Navidad, añorado y tal falto en estos días.

La gente que posee abundancia y que nada valora o cuida, no se para a pensar en todos esos gestos que la gente que menos tiene, nos aportan y brindan; quien solidario o emotivo observa desde el cariño y respeto al que mendiga, llega a posicionarse en su lugar o sitio, llegando a emocionarse por las vivencias o pasado que dichas personas han atravesado y vivido, donde lo más sorprendente se observa, cuando son ellos los que consuelan, dan lecciones y llegan a secarnos las lágrimas de nuestro rostro, con unas caricias y sonrisas.

Las dos caras de la moneda, unos los observan cada escaparate y tienda y nada les colma o llena y otros aquellos, que miran y viven cada momento, con esa ilusión y valor a cada gesto y pequeño acontecimiento, conservan esos juguetes hechos a mano y que fueron reciclados, de los que otros se cansaron, no valoraron y fueron tirados.

Esa familia que por sus calles iba andando, fue parada por el hijo de ambos y al llegar a la altura de gente que se ha nombrado, insistió a sus padres en llevarlos a casa e invitarlos, hacerles de la Navidad algo distinto a lo diario y que borraba todo lo que había pedido en sus cartas de Papa Noel y Reyes Magos, por el deseo allí mostrado. Los padres asombrados por la solidaridad, juventud y propuesta en esas fechas, no lo dudaron e invitaron a esas personas, a acompañarlos en esos días y sentarse a su mesa.

Mientras se dirigían todos juntos hacia la casa, atravesaban esas calles adornadas y engalanadas, los niños más pequeños jugaban y observaban esos escaparates de ropa y juguetes que en la tele y radio se anunciaban. El joven que pidió a sus padres ese deseo, agachaban la cabeza y se entristecía su mirada, al ver la distancia que ya le separaba de lo que en un principio, pidió en sus cartas; los otros niños que la calle era su casa, les levantaban su cabeza desde la barbilla y le acariciaban, les tendían sus brazos por sus hombros, les animaban y consolaban, haciéndole entender, que no se era más feliz por tener abundancia y que todo lo material, no tenía importancia.

Algunos de ellos con el frío tiritaban y los más mayores se despojaban de sus lujosos abrigos, guantes y bufandas, a los mismos tapaban y arropaban, todo era fervor, gratitud y gestos compartidos, donde nadie es más que nadie pero tampoco menos.

Al abrir la puerta de la casa, encontraron un lugar acogedor y con pudor, fueron invitados a sentarse en aquel salón. Era algo novedoso y todo revestía orden y gran gusto por el confort. Las imágenes cumplimentaban la colocación del salón, empezaban a entender el gesto llevado a cabo por el joven, en aquella bonita propuesta y acción, multitud de imágenes con gente con menos recursos y países que la desgracia desoló, sin duda ese pequeño lo mamó y adquirió.

La preparación de la cena y demás detalles entre todos se organizó, mientras los más pequeños jugaban en esa habitación repleta de juguetes y libros que daban motivos para dejar volar esa fantasía, cultura e ilusión.

La mesa estaba puesta y solo con el buen olor, ya invitaba a degustar cada uno de sus platos, que con tanto mimo y colaboración se preparó. Unas Navidades distintas, llenas de novedades, fervor y distinto color, desarrollo de la comida con todo respeto, risas, anécdotas, orden y bendición. Unas personas agradecidas por esa humilde acción, que todo el mundo debiera semejarse y todo iría mejor, dejando a un lado envidias, rencores y manipulación.

Hora de dirigirse al árbol de Navidad y abrir los regalos, aunque la carta se cambió y se atendió la petición. Debajo del mismo, había regalos para todos, en nombre en cada uno figuraba. Caras de sorpresa e incredulidad se apoderaban de aquella escena, a cada uno de nosotros, le habían traído lo que ansiaba y no se espera. Gritos, saltos, emoción, abrazos y ese entusiasmo apoderado, pero una de las mejores sorpresas, las desenvolvieron los papás, cuando se dirigieron a esa familia que a la calle tenían que regresar, a los mismos les participaron, el ofrecimiento de quedarse en el otro piso familiar y trabajar en la empresa que tiene papá; las caras se tiñeron de emoción y felicidad, aceptando ese regalo de fe, esperanza y poder cambiar el rumbo de sus vidas sufridas y atravesadas.

Un fuerte apretón de manos ceso, para fundirse en un abrazo y ser el mejor colofón, a esas Navidades distintas, soñadas y que un sueño, el destino y petición de un niño cambió.

 

“QUE NADA NI NADIE, NOS IMPIDA SOÑAR”

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