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Verde Navidad

Aquella Navidad iba a ser distinta a las demás, estaba condicionada por la llegada de Sergio.

Aquella Navidad se sustituyeron los interminables preparativos, el jaleo y las grandes celebraciones por el sosiego, la espera, la calma tensa de lo que sabes que está por llegar y que no termina de concretarse.

Desde el día 22 los preparativos giraron en torno a él. Se celebró la Nochebuena, sí, aunque no sin incidentes pues la ansiedad que a todos nos provocaba la expectativa de su llegada hizo que diese con mi cabeza en un radiador y con parte de la familia en urgencias para coser esa herida.

Mientras, en casa se le seguía esperando y desesperando, las conversaciones derivaban irremediablemente en él, solo nombrarlo hacía que en nuestro rostro aflorase una sonrisa.

Y así llegó la Nochevieja, celebrada en casa, en nuestra casa, algo atípico pues siempre se despedía el año en casa de algún familiar.

Finalmente, el día 2 de Enero, Sergio llegó a nuestras vidas. No hubo carreras por llegar al hospital, ni nervios propios del momento previo al parto, no.

Todo fue tranquilo, calmado, programado, feliz, como ha de ser el milagro de una nueva vida.

Pero algo salió mal, muy mal.

La euforia por el nacimiento se tornó en lágrimas, ansiedad, angustia, miedo. Ni si quiera ver su preciosa cara podía consolarnos.

Cambiamos los alegres sonidos de campanillas por fríos pitidos de máquinas de hospital.

Las plegarias dando gracias por la vida se trasformaron en llanto desesperado porque no nos arrebatasen otra, la de mi madre.

 

Esa Navidad fue diferente, sí.

Fue la de la espera, la de la llamada de la vida, la de la agonía de la muerte, la de la angustia, la de la rabia, la de la congoja, la de los sentimientos encontrados.

Fue la Navidad en la que mi carta a los Reyes Magos, hasta entonces repleta de nombres de juguetes, mutó en una única suplica: Volver a  ver los ojos de mi madre.

Desde esa fecha, en mi casa la Navidad, más que nunca, es alegría, amor, vida, pasión, celebración y… verde, sí, verde Navidad.

Verde como los ojos de mi madre.

Verde como esos ojos que se abrieron de nuevo la noche de Reyes.

Verde como esos ojos que volvieron a la vida y que nos regalaron otra, la de Sergio.

Verde, como mi Navidad.

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