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Un viaje necesario

La puerta del despacho se abrió, el hombre sentado tras el escritorio levantó la cabeza y pudo ver una silueta a trasluz, es un hombre. Este hombre miró a su alrededor antes de pasar, avanzó, cerró la puerta con llave y caminó receloso hasta el escritorio.

-He de decirle que he venido a matarlo. –Dijo su interlocutor mientras se sentaba delante de su despacho.

-Me ha dado la impresión desde que le he visto entrar. –Contestó él apoyando su pluma sobre los papeles que estaba firmando.

-No lo veo sorprendido. –Siguió con la conversación.

-Tengo muchos enemigos. He aceptado que debo vivir con la amenaza constante de un intento de acabar con mi vida. Comprendo el daño que puedo hacer, tarde o temprano la historia me juzgará, pero un hombre debe hacer lo que debe hacer.  –Explicó.

-Me da la impresión de que a las puertas de la muerte se está arrepintiendo, creía que era usted más valiente.

-No me malinterprete joven, todo lo que he hecho es necesario, sé que la historia me juzgará, pero también sé que otra parte del mundo me dará la razón, mi doctrina perdurará. –Dijo apoyándose sobre el respaldo de su silla.

-Veo que cree firmemente en lo que predica, ¿nunca tuvo la más mínima duda? –Preguntó su incómodo visitante.

-Como usted sabrá mi padre era agente de aduanas, en casa, en Austria, y pudo ver de primera mano cómo esos malditos alejados de la mano de Dios arruinaban nuestro hogar sin importarle nada ni nadie, ellos comerciaban sin miramientos con los productos que nuestros callos y nuestro sudor habían sacado de la tierra. –Se defendió el anfitrión.

-¿No tendrá que ver con que sus padres eran primos? A lo mejor tiene usted alguna tara mental. ¿Cómo encaja eso en su doctrina?

-¡Sin faltar, maldito bastardo! Yo no he decidido mi cuna, aunque mis padres me educaron bien, y nunca me faltó un plato de comida. –Gritó poniéndose de pie con los puños apoyados sobre el escritorio. En ese momento se percató de que su interlocutor llevaba un arma en la mano, y que no había dejado de apuntarle en ningún momento.

-Tranquilícese, sólo intento entenderlo, aunque empiezo a verlo claro, como todo nacionalismo se trata de un caso de egoísmo y de “¿qué hay de lo mío?”. No se trata de limpieza, no se trata de raza, se trata de poder. –Contestó el visitante haciéndole gestos con la pistola para que se volviese a sentar.

-¿Qué sabrá usted de qué va todo esto? Por cierto, ¿de qué época viene? –Preguntó.

-Qué interesante, ¿cómo sabe usted que soy viajero en el tiempo?, no se le escapa nada, es usted muy perspicaz. Vengo del año 2045, el pueblo ha decidido borrar del mapa todos los errores cometidos a lo largo de la historia, y usted, sin duda, es uno de los errores más grandes que hemos tenido. –Explicó.

-Veo que entonces alcancé mis metas, me agrada saberlo aunque vaya a morir, mi pueblo ha luchado con valentía. –Alegó.

-No, no llegó a cumplir todas sus metas, pero el daño producido perdurará, el odio prevalecerá. Hay que descabezar la serpiente. Veo que sigue usted sin sorprenderse, ni se ha inmutado al saber que vengo del futuro.

-Si conoce usted mi vida, sabrá que soy bastante aficionado a la ciencia y al esoterismo, los viajes en el tiempo es algo que me obsesiona hasta tal punto que tengo a varios científicos trabajando en ello. Estaba convencido de que si algún día el ser humano llegaba a viajar en el tiempo, un viaje estaba reservado para visitarme, pero… –Hizo una pausa. -¿por qué ahora? –Preguntó.

-Bueno, es un cúmulo de circunstancias, si acabábamos con usted antes, corríamos el peligro de que otro ocupase su lugar. Si esperábamos más usted publicaba el libro que acaba de terminar y que tiene ahí encima y no podíamos permitirlo. Además, no es fácil acercarse a usted, llevo tiempo aquí, buscando el momento adecuado. –Argumentó.

-Tiene usted el mismo aspecto que el chico del correo, es muy curioso. –Añadió.

-Los viajes en el tiempo no se producen corporalmente, sólo podemos transportar conciencias a cuerpos de la época, es algo difícil de explicar y no tengo mucho tiempo. No creo que lo entienda. –Contestó con un tono despectivo.

-¿Me toma usted por tonto? –Preguntó ofendido.

-Hombre, tonto, no lo sé, no lo creo, ser capaz de adoctrinar a millones de personas hasta el punto de convencerlos de poner su vida y la de su familia a favor de una causa, no es de ser tonto. Lo que sí sé es que es usted un cara dura, en mi época le llamamos “nini”, sé que dejó usted los estudios con dieciséis años, por vago, y que se tiró 3 o 4 años “a verlas venir”. Sé que le gusta mucho leer, pero creo que no ha leído lo adecuado. –El interlocutor sabía mucho de su vida, incluso no publicada aun, no había duda, venía del futuro.

-No sé si está intentando ser condescendiente conmigo o insultarme, en cualquier caso, no aceptaré lecciones de alguien que ve el mundo de una forma tan romántica, el mundo es cruel y sobrevive el más fuerte, el más preparado. Mi misión en esta vida es reordenar, limpiar, como Dios con el diluvio universal. No podemos tolerar que esos bastardos escalen hasta los puestos más poderosos de nuestra sociedad hasta que nos tengan a todos sometidos a su voluntad. –Aún creía que podía convencerlo, aún tenía esperanza de sobrevivir a esta tertulia.

-Creía que tendría usted mejores argumentos para sus atrocidades, creía que encontraría en usted una conversación más interesante, un hombre tan apasionado como para desmayarse cuando se enteró que Alemania había perdido la primera guerra mundial, un disgusto tal que le provocó una ceguera temporal, debería tener mejores argumentos para defender su genocidio. Es hora de que muera, no tengo nada más que descubrir aquí. –Dijo mientras se levantaba con su arma apuntando a la frente de Adolf Hitler.

-¡Espera, espera, espera! –Dijo con cierta desesperación. –Con tus conocimientos sobre la historia y mi poder podemos convertirnos en los dos hombres más poderosos del mundo, ¿qué digo?, ¡de la historia!, si me dices donde cometo mis futuros errores y los aciertos de mis enemigos ganaré esta guerra, te juro que mataré a los estrictamente necesarios, ni uno más. –Intentó convencer a su interlocutor.

-¿Estás intentando que me alíe contigo? Creo que no eres consciente del precio que he tenido que pagar por venir aquí a acabar contigo. Nuestro viaje es sólo en un sentido, no podemos regresar a nuestro tiempo, lo he perdido todo, ya no podré ver a mi familia, a mis amigos, ya no podré disfrutar de los avances tecnológicos de mi época, todo eso con una sola misión, asesinarte.

-¡Con más razón si cabe!, en esta alianza podrás resarcirte del alto precio que has pagado, poder, riquezas, mujeres…

-¡Cállate hijo de puta!, ¿crees que he abandonado a mi mujer y a mi hija para venir aquí a follarme a tus putas? –Le gritó mientras le ponía la pistola en la frente con tanta fuerza que le hizo marca en la piel.

-No quería ofenderte, de verdad, no me lo tengas en cuenta, la mayoría de los hombres es lo que quieren, he subestimado tus deseos, veo que eres un hombre íntegro, dime, ¿qué podría decir u ofrecerte para que cambies de idea? –Suplicó quedándose sin ases en la manga.

-Nada. –Y disparó.

 

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