Inicio Libro Abierto Relatos Sergio Vera: «Pocas cosas son tan negras como los cuentos infantiles»

Sergio Vera: «Pocas cosas son tan negras como los cuentos infantiles»

El periodismo es una función social para el buen devenir de la democracia, puesto que se presupone que para ejercer esta profesión hay total libertad de expresión. Pero hay una máxima a la hora de entender este ejercicio laboral: dar voz a aquellos que no la tienen. Ahí es donde radica la función social del periodismo y la encargada de que todos los ciudadanos sean iguales, ya que dada este definición, nadie es superior o inferior a otro.

Si no se cumple esa misión, el periodismo está fallando a su razón de ser. Y afecta a todos los estamentos hasta el punto de generar tal desconfianza que cualquier información se torna sesgada e interesada. Puede que ese sea el motivo para entender la situación actual del periodismo, cuya imagen está tan dañada que está considerada entre las profesiones peores valoradas en España (junto a abogados y maestros). En el lado contrario están los médicos y los bomberos.

Todas estas profesiones tienen un elemento común: su trabajo es ayudar a otros. Pero si bien los tres primeros están mal vistos, seguramente por considerar que los profesionales de sus ámbitos son manipuladores e interesados, los otros dos cuentan con el visto bueno de la ciudadanía. Podríamos abrir un debate intenso, amplio y extenso acerca de por qué se tiene esta percepción y por qué se debería replantear esa calificación (a pesar de ser periodista, me duele especialmente por todos los maestros y maestras, una profesión tan ingrata y poco reconocida que permite que todas las personas tengamos una educación y de mayor podamos ser médicos, bomberos, abogados, periodistas, fontaneros, comerciales, cajeros o cualquier tipo de profesión).

Reseteamos. El periodismo significa dar voz a aquellos que no la tienen, porque los medios de información son los que construyen el marco para que cada persona pueda crearse su propio punto de vista. Si faltan posturas, entonces esa opinión será errónea o, por lo menos, incompleta. El protagonista de esta entrevista bien podría haber sido médico (si una negligencia no le hubiera provocado la pérdida de visión cuando tenía 19 años) o periodista (por su curiosidad, inteligencia y saber desgranar los datos), pero acertadamente Sergio Vera terminó como orientador para ayudar a los más jóvenes en su formación educativa.

Porque este joven conquense con mente inquieta le ha dado a la pluma, y de qué manera. Para él no hay imposibles y el hecho de perder la vista no le privó de su afición a la lectura (es capaz de superar el centenar de libros leídos al año), mientras que su capacidad creativa le llevó a fundar en 2010 el club de lectura Las Casas Ahorcadas para compartir su vicio lector con otros ‘negritos’. Dedicado a la novela negra, solo estaba aplazando su siguiente paso más lógico: escribir su propia novela.

Y como no podía ser de otra forma, su primera incursión en la literatura da el cante. No porque sus palabras tengan una sonoridad, que también (es lógico, necesita que sus lecturas ‘suenen’ bien y tengan ese ritmo necesario que solemos pedir más a los libros de poesía), sino porque realiza una reconstrucción de los cuentos infantiles. Porque este escritor-orientador tiene alma de periodista y consigue dar voz a aquellos que no la tienen. Y es que Sergio Vera se hace una pregunta vital: ¿y si los malos de los cuentos son malos porque no han podido contar su versión?

Así nace Quentin Pulp, el lobo protagonista de ‘¿Quién pilló al bobo feroz?‘. Este pobre charlatán al que todo le sale mal, o por lo menos del revés, tiene más de 160 páginas para contar su propia versión en esta novela coral dirigida a jóvenes y no tan jóvenes para disfrute de todo amante de la novela negra. En ella se dejan ver las influencias de escritor en los cuentos de Roald Dahl (quizá conocido por sus excelentes libros infantiles, aunque con una amplia colección de relatos mucho más perversos) o del director de cine Quentin Tarantino (no obstante, el nombre del lobo es una clara referencia). Una obra novel en la que los juegos de palabras son continuos, la intriga también y el desenlace, inesperado. Además, consigue otra de las pretensiones del autor: crear cantera. Porque al margen de la lectura del libro, el autor aprovecha su labor docente para realizar talleres y meter la semillita de la literatura entre los más jóvenes.

Sergio Vera será uno de los autores que acudirán al Festival de Literatura Independiente ‘Cuenca es Indie’, el próximo 13 y 14 de marzo, en el Teatro Auditorio de Cuenca.

¿Cómo surge la idea de escribir este libro y por qué va enfocado a los más jóvenes?

Este libro surge por dos motivos: como un desafío, para ver si tras leer cientos de novelas negras era capaz de escribir una, y porque en ese entonces estaba llevando a cabo un proyecto de animación a la lectura y mejora de la comprensión lectora en aldeas Infantiles y no conseguía encontrar ninguna novela negra para ese público.

Para ello, pensé que pocas cosas son tan negras como los cuentos infantiles. Eso y que quería dar voz al lobo para demostrar que no era tan feroz como lo cuentan. Y si a eso le sumas la influencia del señor Lobo de Pulp fiction y el humor paródico de Shrek, lo metes en una coctelera llena de juegos de palabras y guiños intertextuales, lo bates durante años y lo sirves en vaso corto, te sale ‘¿Quién pilló al bobo feroz?’.

A pesar de que hay un claro protagonista, se trata de una obra coral con multitud de secundarios que tienen importancia. Para ti, ¿qué es más importante, la construcción de personajes principales o de secundarios?

Siento parecer bien queda, con lo que odio a los bien quedas, pero las dos cosas me parecen igualmente importantes.

Para que la novela contuviera los cuatro cuentos principales sobre lobos (Los tres cerditos, Caperucita roja, Pedro y el lobo y Los Siete Cabritillos) tuve que componerla como si fuera un puzzle, y planificar todas las piezas y personajes de los que se debería componer para que mi lobo protagonista, Quentin Pulp, no solo llegase de la introducción al desenlace, si no también para que evolucionase en el proceso. Y luego, cuando finalmente me senté a escribir, traté de que todos los secundarios fuesen algo más que comparsas, para lo cuál intenté dotarlos a cada uno de su propia personalidad y forma característica de hablar, fusionando personajes clásicos de los cuentos como Pinocho, Heidi o el gato con botas con personas a las que conocía bien, que me sirvieron para darles nombre y profundidad, aunque solo aparecieran en un capítulo.

¿Escribirías una historia por petición de los lectores aunque tuvieras que salirte de tu zona de confort?

Tendría que ser por clamor popular y con aval editorial, porque si, como en mi caso, escribes por gusto, tienes que hacerlo a gusto, es decir, lo que te apetezca. Aunque si alguna vez tengo tanto éxito como Conan Doyle, que tuvo que resucitar a Sherlock Holmes por demanda de los lectores, supongo que lo haría.

Di una novela que te hubiera gustado escribir y por qué

Esta es fácil: Tom Z Stone, de J.E. Álamo. Es fácil, porque cuando el manuscrito llegó a mis manos allá por 2010, en pleno apogeo de la literatura zombie, andaba dándole vueltas a escribir una novela negra con no muertos con un detective que pretendía llamar Johnny Colgajo.

Pero cuando la leí y descubrí que era precisamente eso y que nunca llegaría a hacerlo tan bien, tiré la toalla. La buena noticia, es que Álamo es uno de los invitados del festival, así que podréis conocerlo y juzgar por vosotros mismos.

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