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El autoestopista

-Muchas gracias por recogerme, son tiempos difíciles para hacer “autostop”.

-De nada hombre, a veces es grato un poco de compañía después de tanto kilómetro aquí encerrado, la cabina de un camión no parece tan grande cuando pasas aquí tantas horas. ¿Cómo te llamas?

-Marcos, mi nombre es Marcos. –Responde el autoestopista. -¿Y el suyo?

-Yo me llamo Antonio, pero todo el mundo me llama Toni, no me llames de usted, por favor. –Le dice el camionero intentando ser dicharachero. –Bueno, y ¿dónde vas Marcos?

-Voy a Madrid, quiero abrirme un hueco como artista, soy músico ¿sabe? –Le responde el joven con ilusión.

-No me fastidies, ¿en serio?, y ¿qué instrumento tocas? –Le vuelve a preguntar Toni en tono interesado.

-Pues mi instrumento principal es la guitarra, en cualquiera de sus tipos, española, eléctrica, acústica, pero además me defiendo bastante bien con la batería. –Responde orgulloso Marcos.

-Y ¿qué tipo de música tocas? -Antonio parece muy interesado en el tema. –Yo soy muy de Rock, ¿sabes?, Led Zeppelin, Mark Knopfler, ¿me sigues?

-¡Buah! Mark Knopfler es uno de los mejores guitarristas de la historia. ¿Lo ha llegado a ver en directo?

-No, la verdad es que no. No soy yo de ir a conciertos, ya me gustaría, pero entre el camión y la familia mi vida se ha vuelto bastante monótona, no me quejo, ¿sabes?, pero es así, ¿tú si lo has visto? –Investiga Antonio.

-Sí, lo vi en Barcelona, el año pasado, en verano, un espectáculo la verdad, te deja embobado su forma de tocar. –Se regodea Marcos.

-Ya te digo. –Sentencia.

-Y ¿hace esta ruta siempre? ¿Desde dónde sale? –Se interesa Marcos.

-Sí, siempre la misma ruta, Algeciras-Madrid, desde hace más de 10 años. Me conozco hasta el último bache, pero no me importa, ¿sabes?, ya sé dónde están los puntos peligrosos, dónde se ponen los controles, dónde están los mejores restaurantes. Me he adaptado bien. –Explica Antonio. –Y familia, ¿tienes?

-No, la verdad es que estoy concentrado en mi carrera, no sé si me explico, no tengo tiempo para distracciones. Además, no podría arrastrar a nadie a las penurias que voy a pasar hasta que consiga tener éxito, todavía no he encontrado a la persona que sea capaz de acompañarme en este viaje. –Se justifica Marcos.

-Bueno, eres joven, algún día aparecerá la persona adecuada. –Pronostica Toni. –Y ¿de dónde eres Marcos? Parece que no te detecto el acento.

-Soy de Balazote, un pueblo de Albacete, pero he estado estudiando en el conservatorio de Jaén, es de bastante renombre, ¿sabe? –Explica Marcos.

-Bueno, la verdad es que te pilla bastante bien bajando por la Sierra de Andujar, ¿no es así?

-Así es. –Indica Marcos. –Y dígame ¿tiene hijos?

-Dos, de 14 y 10 años, unos trastos que un día me arruinan, entre lo que comen y lo que piden no doy abasto a echar viajes con el camión. –Contesta Antonio.

-Si no es indiscreción, ¿gana bien un camionero? –Pregunta Marcos.

-¡Ahí hijo mío! –Se lamenta Toni. –Apenas llegamos a fin de mes, nos partimos el lomo en estos 2 metros cuadrados y apenas pasamos el sueldo mínimo, pero este mundillo te atrapa, ¿sabes?, cuánto más tiempo pasas aquí menos posibilidades tienes fuera.

-¿Le hubiera gustado ser otra cosa?

-Supongo que sí, pero fui un trasto de joven, yo solico acabé con mis opciones de futuro. –Confiesa el camionero.

-Nunca es tarde para cambiar Toni. –Le responde Marcos con poca credibilidad.

-Vamos chaval, dime por qué te has montado en mi camión, me estoy cansando un poco de esta conversación tan falsa. –Increpa Toni con calma contenida.

-¿Perdone? No sé a qué se refiere, la verdad, yo sólo quiero llegar a Madrid. –Se defiende.

-Mira, chaval, Mark Knopfler no tocó el año pasado en Barcelona, para ir de Balazote a Jaén no se pasa por la Sierra de Andujar y la marca de su anillo en su mano me indica que algo ha tenido, no sé si familia, pareja o qué, pero algo hay, con que no me tomes más el pelo. –Marcos se queda ojiplático ante la explicación de Antonio, no tiene más remedio que llevar su conversación a dónde realmente quería llegar.

-Ya veo Antonio que le he subestimado, no era mi intención. –Antonio detecta la gravedad cuando Marcos pasa a llamarle de usted. –Sabemos que usted no sólo transporta hortaliza de Los Barrios a Mercamadrid, sabemos que usted utiliza su camión para subir inmigrantes ilegales al centro de la península, pero no lo hace sólo, es usted listo, ya me lo ha demostrado, pero no tanto, necesito que me diga para quién trabaja, cómo se ponen en contacto con usted.

-Ahora el que no sabe de qué habla soy yo, se lo juro, soy un mero camionero que hace su ruta y vuelve con su familia, nada más. –Contesta Toni.

-Mire Antonio, ha cambiado de coche en el último año, y no un modelo bajo de gama, por así decirlo, las vacaciones de este año con su familia han sido a París, cuando las anteriores fueron a Benidorm, sabemos que sus hijos ahora tienen profesores particulares que van a su casa, cuándo antes no iban ni siquiera a academia, por favor, no me toree, yo tampoco soy tonto, dígame lo que necesito saber. –La cara de Antonio ha cambiado de semblante, se ha quedado con la mirada fija al frente.

El silencio llega a ser incómodo, Marcos, guardia civil de incógnito, se echa la mano a la pistola que lleva oculta en el pantalón, no le gusta mucho la situación, no esperaba ser descubierto, y mucho menos en marcha. El escenario que se le plantea, un hombre cabreado que lleva el vehículo de 12 toneladas donde va montado, no es el ideal, ni mucho menos.

-Mire Antonio, no lo buscamos a usted, si no a la organización para la que trabaja, sabemos que es usted un peón más, no se preocupe, hablaré en su favor, pare el camión en esa área de descanso y hablemos tranquilamente. –Le dice Marcos señalando a través del parabrisas.

Antonio sigue sin responder, su cerebro está barajando un sinfín de posibilidades, a cada cual peor, no lo ve claro.

-Antonio, hágalo por su familia, pare el camión y cuéntemelo todo, esto no tiene por qué acabar mal, aún tiene una posibilidad para resarcirse, haga una cosa bien, que sus hijos sepan que su padre es un buen tipo.

-Llevaba tiempo pensando en dejarlo ¿sabe? La idea era un par de viajes más, para la universidad de los niños, y dejarlo para siempre, incluso cambiaría de ruta, pero he llegado tarde, todo se ha jodido, ya no tiene arreglo. –Justifica el camionero.

-Sí tiene arreglo, se lo aseguro, hable conmigo, yo le ayudaré. –Intenta convencer el guardia civil.

-Usted no lo entiende, si hablo ellos acabarán conmigo, son muy peligrosos, aunque vaya a la cárcel o me protejan, en cualquier sitio me encontrarán y acabarán conmigo, y no sólo conmigo, mi familia está en peligro. –Contesta angustiado Antonio.

-Lo protegeremos, se lo prometo, los protegeremos a todos, pero puede ayudar a salvar muchas vidas, es usted listo, debe entenderlo.

-Usted sabe que no, estoy sentenciado, lo siento, lo siento de verdad. –Contesta Antonio mientras empieza a desviar el camión hacia un barranco que había más adelante. Marcos, que se percata de la situación, saca su arma, y alarmado de lo que ocurre le dice al camionero:

-Antonio, no me deja más opción, rectifique por favor.

-No tengo más remedio, créame. –Contesta Antonio con la mirada perdida.

El guardia civil, que pierde la esperanza de convencerlo, dispara dos veces sobre el muslo derecho, con la intención de apartarlo del volante, como un acto desesperado, pero el resultado no es el esperado, el camionero, en un espasmo de dolor volantea bruscamente consiguiendo volcar el camión sobre el asfalto, pero evita caer por el precipicio.

Unos cuarenta metros más adelante el camión se ha detenido, Marcos, que ha perdido por un segundo la consciencia, despierta y mira a su alrededor, todo está hecho un desastre, se autochequea para comprobar que no está herido, «qué suerte he tenido», piensa, se acerca a Toni para tomarle el pulso, sigue vivo.

-Tenemos que salir de aquí. –Le dice el guardia civil a Antonio. –No es seguro que estemos aquí dentro, voy a buscar ayuda.

-Ya le he dicho que yo no voy a ningún lado. –Le contesta Antonio que tiene en su mano el arma de Marcos. –Créame, es lo mejor para todos. –Se acerca la pistola a la sien y sin pensarlo un segundo se dispara, desparramando sus restos por la ventanilla izquierda, o lo que queda de ella. A Marcos no le ha dado tiempo ni a mediar palabra, cuánto ni más intentar pararlo. Ha perdido su mejor pista, ha muerto un hombre, no ha sido un buen día, y será aun peor cuándo descubra que llevaba a doce subsaharianos en la caja. Misión fallida.

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