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Desde donde se huele la sangre

Jueves, 29 de octubre de 1998.
Una cabaña en algún lugar del bosque Epping, Essex, Inglaterra.
2 días hasta la noche de Halloween.

La herida que tenía en el costado le ardía intensamente –Si esto es la muerte -Pensó –que decepción- Se encontraba tumbado en el suelo de mármol marrón que, sorprendentemente, no estaba frio, como cabría esperar, sino caliente. Se sentía un abrazo cálido y agradable que, irónicamente, agravaban el dolor de la herida. Pero esta fantasía se vio interrumpida por la voz de su agresor, una voz metálica y ligeramente distorsionada, proveniente de la figura que estaba frente a el –Todos vosotros tendríais que morir- dijo, sonriente, mientras lamia la sangre del cuchillo con el que le cortó.

De repente se le nublo la visión todo se volvió blanco y negro menos la sangre, ese dulce néctar escarlata cuyo color resaltaba por encima de todo y, sin previo aviso, se levantó, impulsado por una fuerza invisible cuyo nombre conocía, el ansia.

Le invadió una extrema sensación de necesidad, de beber hasta la última gota de sangre, pero no del cuchillo, no señor, sino del cuerpo de aquel hombre enfrente de él.

Caminando lentamente y arrastrando los pies hacia esa negra figura hasta que estuvo tan cerca que, en un arrebato de necesidad, le clavo los colmillos en el lugar donde más sangre parecía haber, el cuello.

No sentía nada, no veía nada, no oía nada, solo succionaba hasta la última gota de sangre de esa pobre alma en pena. Y, cuando ya no hubo más sangre por chupar, como de un disparo todos sus sentimientos volvieron a él. Podía ver, podía oír, podía sentir.

-¿Qué… he… hecho?- Tardaron, pero esas fueron las primeras palabras que dijo en cuanto termino de asimilar lo que había hecho.
-¿Qué he hecho?- Dijo, con un hilo de voz
-¡¿Que he hecho?!- Gritó, sin importarle nada mas que desahogarse.

Y allí se quedó, durante toda la noche estuvo observando el cadáver inerte de aquel hombre, cuyas últimas palabras habían sido: !Maldito vampiro!

Viernes, 30 de octubre de 1998
El cuartel de policía de Essex
22 horas para la noche de Halloween.

Había sido una tarde ajetreada para el teniente Brook.

No por la cantidad de casos que había sin resolver en su mesa (Que eran relativamente pocos), sino por la gravedad de uno de ellos; Un grupo de senderistas había encontrado esta mañana caminando por el bosque una cabaña de madera. Como parecía típica de la zona, se acercaron para fotografiarla, no tardaron en descubrir que del techo goteaba sangre. Estos llamaron inmediatamente a la policía, enviaron a dos hombres pero ninguno volvió.

Con una idea en mente, el teniente se acercó hasta su teléfono y marco el número de su secretaria.

-Oye, Scarlett, ¿Te acuerdas de ese caso de la cabaña de la sangre?
-Sí, teniente, ¿Quiere que envíe a algún agente?-
-No, déjalo, no quiero darle a este asunto más importancia de la que tiene. ¿Cuándo podre tener listo un coche?
-Mañana por la noche el comandante Butch lo tiene libre, Una lata que este el suyo en el garaje, ¿eh, teniente?-
-Sí, una lata, bueno, en todo caso, muchas gracias.-
-Ni lo mencione.-
-Oye, Scarlett, ¿Te has dado cuenta de que voy a ir allí en la noche de Halloween?-
-Es cierto-
-Bueno, una historia más para contarles a mis nietos.-

Sabado 31 de octubre de 1998
Bosque Epping, Essex, Inglaterra
37 minutos para la noche de Halloween.

Parecia una película de terror- Pensaba el teniente- Un policía yendo el solo a inspeccionar una casa en medio de la nada en la noche de Halloween.

-Carretera A 42, avenida 12- Repitio para sí.
-Es fácil, solo tengo que ir, detener a algún tipo, soltarle la monserga de “esta detenido, tiene derecho a un abogado” y c`est finit.

Cinco minutos mas tarde, llegó.

Era una cabaña de roble, la típica de las revistas de veraneo.

-Alla vamos- Dicho esto, entro.

El interior de la casa era oscuro como la misma noche, pero no hacia falta ver para notar el hedor a muerte que ese lugar desprendia.

-¡Policia!- Grito- ¿Hay alguien ahí?- No obtuvo respuesta
-¡¿Hay alguien ahí?!- Insistio

Cuando se acerco a lo único que le parecía un interruptor una voz gélida, arrastrando las palabras lo detuvo en el acto.

-No enciendas la luz- Mustio aquella voz.
-No es necesaria, además, estamos mejor sin ella-
-¿Quién es?- Pregunto el teniente, con el corazón en la garganta.

Y en un tono que pretendía ser de todo menos dulce, esa misma voz le respondio.

-Soy aquello de lo que te escondes por las noches-

Y allí lo vio, apollado sobre sus piernas encima de una viga del techo, mostrando unos colmillos colosalmente largos de los cuales goteaba sangre.

-E…e…esto…esto no puede ser- balbuceo el teniente.
-Desde aquí puedo oler tu miedo- Continuo la criatura.

Brook intento moverse pero intentándolo se dio cuenta de que el cuerpo no le respondia, estaba realmente paralizado.

-Desde aquí- Prosiguio.
-Se huele la sangre.

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