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El puñetazo que cambió la historia de la NBA

1977, España solo había dado los primeros pasos de la larga Transición. Los Angeles Lakers se enfrentaban a Houston Rockets en un partido sin aparente importancia, entonces, tras una lucha por un rebote, estalló una tangana entre los jugadores de ambos equipos que puso su fin con “el puñetazo”, una violenta y fuerte agresión que estremeció a los presentes y que cambió la NBA para siempre. Las consecuencias de este golpe alteró los caminos vitales de sus protagoniostas, Kermit Wasighton y Rudy Tomjanovich.

“El puñetazo”

Los aficionados que acuden el 9 de diciembre de 1977 al Great Western Forum no se imaginan lo que estaba a punto de suceder. Lo que parece un partido insípido y sin trascendencia, se convirerte en uno de los episodios más violentos e importantes en la historia de la Gran Liga. Tras una disputa por un rebote, comienza una pequeña tangana entre Karim Abdul Jabbar y el jugador de Houston Kevin Kunnert, Tomjanovich, que ve la disputa desde lejos, se acerca corriendo para poner orden. Sin embargo, justo en el momento en el que va a intentar poner paz, cuando está a punto de llegar a la reyerta, se encuentra con un brutal y desproporcionado golpe del ya conocido violento jugador de los Lakers, Kermit Washignton. Tomjanovich pierde el conocimiento y sangra mucho, los presentes se quedan helados y se empieza a temer lo peor por su vida.

El jugador de Houston consigue sobrevivir, sin embargo, el parte médico que le deja el golpe es más propio de un atropello de coche que de un puñetazo: Fractura de cráneo, fractura de mandíbula y dislocación de la superior, fractura del tabique nasal, laceración facial múltiple, conmoción cerebral severa y pérdida de fluido espinal. La brutalidad del puñetazo fue explicada por numerosos periodistas y deportistas tras el encuentro, Abdul Jabbar manifestó que fue como el sonido de un melón estrellado contra el suelo, un periodista del Houston Post relató que nunca había escuchado “el disparo de una bala penetrar en el cráneo, pero supe que tenía que sonar así».

La estela del golpe

Esta pelea no solo tuvo incidencia en la vida de los protagonistas, también lo tuvo en el desarrollo de la NBA. Tras este suceso, la NBA decidió implantar el tiro de tres puntos en la liga, para evitar la aglomeración de jugadores en la zona y poder extender el juego más allá de esa parte del campo.

El jugador de Houston, años más tarde confesó, que tras aquel incidente temió por su vida “Estuve sin dormir tres días porque pensaba que no me volvería a despertar”, Wasighnton, por su parte, habló sobre su deseo de poder volver atrás en el tiempo para no cometer el mismo error que lo ha perseguido durante toda su vida.

Tras el accidente, la NBA decidió sancionar al jugador de los Lakers con 10 mil dólares y una suspensión de 60 días, una de las sanciones más grandes de la historia del baloncesto por una agresión y la máxima posible en aquel momento. La sanción deportiva no es a la única que tuvo que hacer frente Kerrit, el jugador de los Lakers tuvo que enfrentarse a un aislamiento en su casa durante estos meses, recibiendo amenazas e insultos racistas en el buzón de su casa, y teniendo un trato desfavorable para él y su familia por parte de la sociedad estadounidense en ese momento. Kerrit confesó que una médica no quiso atender a su mujer embarazada de 8 meses por ser su mujer.

La carrera de los jugadores nunca volvió a ser la misma, Tomjnovich, que había sido All Star en cuatro ocasiones nunca más volvió a vestirse de corto el día de las estrellas, y bajó su nivel competitivo considerablemente, teniendo que enfrentarse a múltiples operaciones. Por su parte, el jugador de los Lakers arrastró la mochila de este suceso durante toda su carrera y fue perseguido mediáticamente “Ya no era Kermit Washington, era el tipo que casi mata a Rudy Tomjanovich” dijo el exjugador. El suceso puso un antes y un después en el desarrollo de las vidas de los protagonistas, los cuales todavía tenían que firmar más episodios juntos.

Tratado de paz

La vida de ambos jugadores tomó caminos muy distintos, ambos se retiraron e intentaron emprender una nueva vida como entrenadores, sin embargo, solo Tomjanovich lo consiguió con éxito. “Escribí a todos los equipos diciéndoles que trabajaría para ellos gratis para demostrarles lo que sabía, que si no me querían al final de la temporada que no me pagasen, que me despidiesen simplemente. No quería hacerlo por dinero. Me gusta trabajar con los jugadores, más que ninguna otra cosa. Podía ganar más dinero limpiando calles. Nadie me contestó” decía Wasighnton. El ex jugador consiguió limpiar su imagen a través de acciones benéficas en África y pudo llegar a entrenar en las ligas de desarrollo y como asistente en la NBA.

Por su parte, Tomjanovih consiguió hacerse entrenador con gran éxito, consiguiendo ganar dos Anillos de la NBA entrenando a Houston Rockets durante 1994 y 1995 y el Oro Olímpico con el equipo de Estados Unidos en el año 2000.

Tras varios años sin hablar entre ellos, ambos exjugadores tuvieron la oportunidad de reunirse en el 25 aniversario de la agresión donde ambos se dedicaron unas palabras de respeto y donde también se escuchó el perdón del agredido, que le deseó lo mejor a Wasighnton “Él cometió un error y todo el mundo merece otra oportunidad. Dijo que lo sentía y, en lo que a mí respecta, tiene mi perdón”. El exjugador de los Lakers, por su parte, confesó lo siguiente “Rudy es un buen tío y no lo sabía antes. Siempre que él necesite algo, allí estaré. Estoy encantado de que él me perdonase. No lo digo para que la gente tenga otra opinión de mí, sino porque de verdad es lo que siento, y quizá cuando yo muera nadie escribirá en mi lápida ‘El tipo que golpeó a Rudy Tomjanovich”

Ese instante cambió la vida de ambas personas para siempre y también el destino de la NBA ¿Qué hubiera ocurrido si Wasighnton ese día hubiera estado de mejor humor? ¿y si Tomjanovich hubiera optado por no intervenir? Una decisión impulsiva y aparentemente intrascendente, tomada en un solo segundo puede cambiar el destino de muchas personas para siempre.

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