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Curiosidades del II Campeonato de Europa Juvenil Femenino de Baloncesto en Cuenca: Testimonio en primera persona

Corría el ya lejano año de 1978 (casi 42 años han pasado) cuando me enteré de que aquí en Cuenca se iba a celebrar un Campeonato de Europa. ¿Un torneo de esa envergadura en nuestra ciudad? La verdad es que me quedé muy sorprendido cuando conocí la noticia.

Pues sí, se iba a disputar en nuestro polideportivo de El Sargal (por aquel entonces totalmente nuevo, pues no era el obsoleto pabellón que tenemos ahora, era todo un lujo para Cuenca el tener un polideportivo así) la segunda edición del Campeonato de Europa juvenil femenino de baloncesto.

La cosa pintaba bien, del 14 al 24 de agosto de aquel verano del 78, se iban a reunir en Cuenca 15 selecciones para jugar dicho campeonato, el II Campeonato de Europa de baloncesto juvenil femenino.

El antecedente era la primera edición, que se había disputado en Polonia y que había tenido como campeona a la selección de la Unión Soviética, siendo segundas las chicas de Checoeslovaquia y terceras las de Bulgaria. España quedó en el décimo puesto en esa primera edición.

Recuerdo que la selección española vino antes a Cuenca para preparar la competición y eso hizo que los que íbamos al Sargal a ver los entrenamientos fuéramos conociendo a las jugadoras, incluso familiarizándonos con sus nombres.

Era ilusionante verlas entrenar, personalmente a mí me parecía que teníamos un gran equipo y que podíamos hacer algo grande. Más tarde el golpe de realidad fue tremendo pues aunque el equipo era bueno la verdad es que quedó bastante abajo al final.

Pude incluso hablar con alguna de las jugadoras de España, que eran de mi edad más o menos. Eran chicas simpáticas, se ganaron pronto el cariño de la ciudad y, como digo, se podía charlar un poco con ellas cuando se sentaban en las gradas antes o después de los entrenamientos.

Pero la ilusión no faltó en esos días previos a que se diese el pistoletazo de salida para empezar a jugar.

Los 15 equipo quedaron divididos en dos grupo, A y B.

España quedó encuadrada en el grupo A, el de 8 equipos (el B tenía 7).

Desde el primer momento quedó claro que los equipos fuertes del grupo serían la Unión Soviética, claro favorito para ganar el torneo, e Italia, que también tenía un equipo muy competitivo.

La selección española estaba integrada por las siguientes jugadoras: Ana Junyer, Raquel Paz, Pilar Serna, Rosana García, Lucía Pérez, Nieves Heras, Cecilia García, Sofía Quintas, Carmen Prieto, Rosa Rodríguez, Mercedes Marrero, María Luisa Seoane, Rosa Sánchez y María José Paredes.

Les seguí la pista a algunas de estas jugadoras porque llegaron a jugar en 1ª división femenina. Personalmente a mí me gustaron,  por encima de todas la base catalana Ana Junyer. También la canaria Merce Marrero, Cecilia García o Sofía Quintas. El techo de nuestra selección era Rosa Sánchez, que medía 1,84 pero que estaba bastante verde. Nuestra selección adolecía de falta de centímetros y eso se notó mucho. Había otras selecciones en las que sus jugadoras eran bastante más altas (desde luego las soviéticas, que aparte de ser las mejores, tenían varias jugadoras por encima del 1,90).

España debutó contra Finlandia. El Sargal estaba a reventar, con un público totalmente entregado a nuestro equipo. Pero ahí se produjo la primera decepción para los aficionados que íbamos al polideportivo a animar a nuestro equipo. Perdimos en ese primer partido por 67-61. Al descanso llegamos 15 abajo y eso ya fue una losa imposible de superar.

Para el siguiente partido nos esperaba Italia, un equipo muy fuerte y del que recuerdo especialmente a una jugadora llamada Marianella Draguetti que encestaba todo lo que le llegaba a las manos. Italia nos dio un buen repaso y dejó el marcador final en 91-50. Dos derrotas en dos partidos, la cosa no pintaba bien pero había margen para recuperarse.

El tercer partido era bastante favorable para sumar los primeros puntos en nuestro casillero, como así fue. Derrotamos a Holanda por un cómodo 50-38. El público del Sargal seguía entregado a España, volcado con su selección cada vez que le tocaba jugar allí.

En la cuarta jornada nos tocaba el coco del grupo, el gran favorito sin ninguna duda para el triunfo final, la Unión Soviética. Era prácticamente imposible ganar ese partido. De todas formas nuestras jugadoras salieron a plantar cara a las soviéticas en una misión imposible. El resultado final no deja lugar a dudas, un contundente 109-43 favorable a las que a la postre cumplieron con el pronóstico.

Y el quinto partido era definitivo para nuestros intereses. Nos medíamos a Polonia y nos lo jugábamos todo a una carta. De perder ese partido estaba claro que tendríamos que luchar por los puestos del 8º para abajo. Y recuerdo que los nervios atenazaron a nuestras jugadoras, pero también a la seleccionadora española, María Planas, cuyo divorcio con el público del Sargal era evidente. Se empezaron a abuchear ciertas decisiones de la entrenadora española y eso creo que provocó más nervios todavía. El caso es que se perdió un partido que se debió ganar, por un estrecho 62-65.

Quedaban dos partidos bastante fáciles pero que ya no nos servirían para mucho.

El sexto partido de la fase de grupos fue ante la selección más débil de todo el campeonato, la de Túnez. Ese día el público (en su inmensa mayoría conquense, si exceptuamos algunos familiares de las jugadoras) esperaba al menos ver el casillero de España superar los 100 puntos. Pero no pudo ser, se ganó muy fácilmente pero el marcador se quedó en 87-36, a pesar de que al descanso llevábamos la media para haber llegado a la centena pues el resultado era de 50-18.

En el séptimo y último partido de esta primera fase también nos enfrentábamos a un rival teóricamente inferior, y así quedó demostrado, como era Escocia. El choque tampoco tuvo mucha historia y terminamos ganando por 72-40.

Terminábamos esa primera fase en el 5º lugar del grupo A con 3 partidos ganados y 4 perdidos.

Como curiosidad puedo contar que madrugué el día que tocaba jugar a la Unión Soviética contra Túnez. La verdad es que para mí tenía morbo dicho partido pues el marcador podía ser aplastante. Les tocó jugar a primera hora de la mañana (había jornada doble de mañana y tarde, y cargada de partidos, a diario) y el polideportivo estaba casi vacío, poca gente se animó a ir a un encuentro que no tendría más historia que ver qué ventaja era capaz de sacar el mejor equipo al peor de todos. Las soviéticas ni sacaron durante el partido a las mejores, a las que dieron descanso total. Y aun así aplastaron a las tunecinas por un tanteo que sonrojaría a cualquiera pues fue de 140-25, más de 100 puntos de ventaja, sin apretar el acelerador y jugando con las reservas (por aquel entonces usábamos más el término de reservas para denominar a  los suplentes).

En los cruces nos tocaba jugar por los puestos 9 al 12. En el partido ante el equipo que había quedado en 6º lugar del grupo B, Bélgica, vino otra decepción pues perdimos y entonces en la jornada final jugaríamos contra Alemania Federal por los puestos 11º y 12º.

En la última jornada se disputaban ya los partidos que decidirían en qué puesto quedaría cada equipo. El último era la final, el partido que coronaría al campeón continental.

El Sargal estaba esa tarde como nunca lo había visto, lleno a reventar, lleno hasta el palo de la bandera, no quedaba ni un lugar libre.

Fue una jornada de sesión continua, empezó con el partido de los puestos 13 y 14 y se jugaron un total de 7 partidos (Túnez, con los resultados de la primera fase quedó directamente en la 15º posición).

Para entonces el público de Cuenca estaba ya bastante decepcionado de la actuación de nuestra selección pero apoyó incondicionalmente a nuestra selección que se jugaba la undécima plaza (un resultado decepcionante, la verdad) ante el equipo de Alemania Federal, que tenía a la única jugadora de 2 metros del campeonato.

Cuando se jugaban los últimos segundos de la primera parte (no eran cuatro tiempos como ahora, sino dos de veinte minutos) y la bocina estaba a punto de sonar recuerdo  que la base Raquel Paz cogió el balón estando casi en el centro del campo. El público contaba los segundos que quedaban, no había tiempo más que para tirar a canasta. Y la jugadora española lanzó desde allí mismo, logrando una impresionante canasta. El Sargal al unísono se levantó de los asientos para jalearla y pedir que saludara. Recuerdo que la base española se retiró con lágrimas en los ojos al vestuario y saludando al público. Ese partido se jugó sin los nervios que atenazaron al equipo en jornadas anteriores y se acabó ganando por un claro 63-47 que hizo que al menos la despedida fuera con un sabor agradable por la victoria, pero nos quedó la sensación de que se podría haber hecho bastante más. Tal vez el quinto lugar que ocupó Polonia, equipo al que plantamos cara cuando jugamos con él, hubiera sido un magnífico resultado, pero no puedo ser.

La final la iban a disputar los dos primeros equipos del grupo A, Unión Soviética e Italia, que ganaron en sus semifinales a Rumanía y Bulgaria, respectivamente.

El polideportivo vibró con este partido. Las soviéticas ya habían ganado a las transalpinas en la fase de grupos pero estaba claro iba a ser un duro rival para la final.

Y así fue, el partido comenzó siendo de poder a poder. Recuerdo que yo estaba viéndolo con un amigo y las italianas de pusieron por delante, sorprendentemente, llegando a tener 10 puntos de ventaja. Le comenté a mi amigo que ganarían las soviéticas y él me dijo que no. Aunque le ofrecí apostar, yendo como digo por debajo las rusas, él rechazó la oferta.

Al final el poderío del equipo de la Unión Soviética, más altas, más fuertes y mejores técnicamente, se impuso de una manera bastante clara pues logró 15 puntos de ventaja, siendo el marcador de la final de 77-62 (al descanso un igualado 33-31).

El tercer lugar fue para una selección de Bulgaria que en mi opinión era la que hubiera debido jugar la final. Pero en semis pinchó contra Italia, no fueron capaces de ganar ese partido a pesar de que eran técnicamente mejores. El partido por el bronce lo ganó Bulgaria claramente a Rumanía por un contundente 107-84.

Terminaba un campeonato que fue histórico para Cuenca y que nos permitió vibrar con el baloncesto, un deporte que tenía por aquellos años mucho arraigo en nuestra ciudad.

Fueron días de mucho baloncesto, muchos partidos, mucho ambiente en Cuenca. La verdad es que se echa de menos otro evento de ese calibre aquí.

Como curiosidad decir que varias jugadoras llegaron a Primera División y alguna llegó a ser internacional con la selección absoluta de España.

Y la canaria Merce Marrero fue de las que llegó a jugar en la máxima división femenina del baloncesto español, en el Tenerife Krystal. Pero sus estudios los hizo en la Escuela Náutica, llegando a ser la primera española en obtener el título de Capitán de Marina Mercante. Y a eso se ha dedicado profesionalmente.

Deportivamente la jugadora de aquella selección que tuvo más éxito fue la base Ana Junyer que llegó a jugar 140 partido con la selección española absoluta y ganó, con los equipos en los que jugó, un total de 8 Ligas, 6 Copas de la Reina y 2 Copas de Europa.

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