El CB Cuenca perdió dos veces en el último segundo un partido...

El CB Cuenca perdió dos veces en el último segundo un partido que mereció ganar (78-79)

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Anduvo muy fino el árbitro principal, el colegiado Albacete, cuando, justo sobre la bocina, pitó una falta personal de Rafa sobre Ojeda. Muy fino. Tanto como la mesa de anotaciones, que hacía poco no había tenido reparo en detener el juego para apresurarse a que Tobarra disfrutase de un tiempo muerto pedido con el balón vivo. Si la falta hubiese sido una décima de segundo antes, el árbitro debería haber mandado que el reloj recuperase ese tiempo. Si hubiese sido medio segundo después, la falta no habría tenido valor. Pero la mesa y el árbitro estuvieron muy finos. Mucho. Un caso único entre mil.

El C.B. Cuenca ganaba entonces por dos puntos (69-67). Ojeda lanzó el primer tiro libre entre un rugido ensordecedor del Esperanza Calvo. Lo metió y lanzó un gesto de desprecio al público. Eso es falta técnica. Pero ninguno de los dos árbitros la pitó. La falta se sustituyó por un gesto de compadreo del mismo árbitro (el auxiliar, señor Díaz) que no compadreó con Santi García cuando, frustrado, en el primer tiempo, le dio un puñetazo a la portería y le sancionó con una técnica. Lo mismo que hizo otro García, pero de Tobarra, con la mampara de salida a la pista al lado mismo del mismo colegiado sin que fuera sancionado igual.

Ojeda lanzó el segundo tiro entre el mismo griterío y también anotó. Y de nuevo dedicó al público un gesto de desprecio. Esta vez sí. Esta vez el árbitro auxiliar le señaló la técnica: no solo se había reído del público, sino también de él.

Si la falta de Rafa se hubiese producido una décima de segundo antes y el árbitro hubiera ordenado que se recuperase el tiempo, esa técnica se habría producido dentro del partido y el C.B. Cuenca habría tenido la oportunidad de lanzar un último tiro libre con, digamos, una décima de segundo de tiempo. Pero como el reloj marcaba que el partido había finalizado, esa técnica se tiró en la primera jugada de la prórroga. Muy fino, como decimos, estuvo en su apreciación el árbitro principal, bien auxiliado por la mesa de anotaciones.

La prórroga se jugó a cara de perro, con la misma tónica que todo el partido. Tobarra tenía más banquillo, más centímetros, más corpulencia y más pulmones. Pero el C.B. Cuenca le opuso su voluntad de no dejarse arrebatar el partido en casa y fue ganando hasta el final. Aún hubo otra jugada polémica. Ojeda conducía un balón y arrolló a Ortega en mitad de la pista. Una de esas jugadas dudosas que nunca se sabe si son falta de ataque o defensa. El árbitro puede pitar lo uno o lo otro, pero nunca puede indicar una antideportiva a Ortega, que ni era el último hombre ni detuvo al atacante más allá de tratar de aguantar esa posición estática, cuya exactitud no es fácil de dilucidar para los árbitros. Pero fue antideportiva. Posesión después de nuevos tiros libres para Ojeda (doce en seis minutos), que por entonces aún dedicó un gesto antideportivo a un sector del público de Cuenca. Fue el tercero con el balón vivo, el segundo sin sanción.

Los conquenses ahogaron el ataque albaceteño y entraron con todas las opciones en el último minuto: 76-72 después de 74-69. A falta de 18 segundos, Roncero se jugó un medio gancho y puso 78-77 a Cuenca, pero era demasiado pronto. Tobarra tenía tiempo de armar una nueva jugada y así lo hizo. La falló y el rebote, que pasó por muchas manos, terminó en las de Ojeda, quien, en una posición imposible para muchos, anotó a falta de un segundo para terminar.

Así que Ojeda fue el protagonista del choque. Convertido en una suerte de intocable al que le favorece la suerte en caso de duda, tuvo más gestos antideportivos. Una vez más, le negó el saludo a Ortega al empezar y al terminar el partido y, cuando el encuentro había finalizado, se llevó las manos a la camiseta de Tobarra mostrando su desprecio por la de Cuenca.

Demasiados malos gestos.

Por lo demás, Cuenca jugó un partido extraordinario. Mandó en el marcador durante los primeros veinte minutos gracias a una defensa aguerrida y solidaria de todo el equipo y a un ataque que renunció al tiro a larga distancia en beneficio de jugadas más trabajadas y de entradas a canasta de los hombres bajos. Ausente de nuevo Ruipérez por lesión, Bonilla, el alero que tiene que jugar de ala-pívot, cuajó una actuación sensacional contra hombres mucho más altos y fuertes.

En el tercer cuarto, Tobarra cogió las riendas y llegó a situarse diez puntos arriba, pero los conquenses tuvieron paciencia y coraje para reaccionar, otra vez sobre la base de una defensa fortísima de cualquiera que estuviera en pista, incluyendo a los menos habituales, como Argenta, que estuvo muy concentrado en su papel de perro de presa.

En el último cuarto, Almodóvar se la jugó a la defensa y prescindió de Ortega y de Roncero. Novillo y los Martínez se vaciaron en ese apartado ahogando el movimiento de los rivales, aunque, a cambio, el equipo no encontraba como debía el camino de la canasta. Con 61-65, y a falta de tres minutos, entró Ortega, que, con dos acciones consecutivas -una canasta y una asistencia sobre Novillo-, contribuyó a lograr el empate a 65.

De ahí C.B. Cuenca alcanzó el 69-67 de los últimos segundos, cuando pasó, en fin, lo que contábamos al principio.

En definitiva, Cuenca se despidió de la Liga con un encuentro enorme que volvió a perder en los instantes finales.

FICHA TÉCNICA.- GLOBALCAJA, C.B. CUENCA, 78 – PCE INSTRUMENTS TOBARRA, 79 (21-21, 18-14, 14-20, 16-14, 9-10.

GLOBALCAJA C.B. CUENCA.- García, (14), Ortega (17), Martínez, S. (4), Moreno, S. (3), Roncero (10), Argenta (2), Novillo (13), Bonilla (10), Martínez, R. (5)

PCE INSTRUMENTS TOBARRA.- García, A. (7), Navarro, A. (5), Ojeda (30), Navarro, A. (4), García, J.A. (7), Lozano (12), Vilches (9), Ruiz (5), Martínez (-), Zina (-), Carlos (-)

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