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Julián Cañamares, el conquense que llevaba sangre blanquinegra en sus venas

Con José Vicente Ávila, Mariano Garcimartín y Joaquín Caparrós

Ha muerto Julián Cañamares Cortés. Es la noticia con la que hemos abierto es miércoles. Lo ha hecho en silencio, en su casa. Todavía no se sabe si es por el covid-19 o simplemente porque su cuerpo ha dicho basta, pero en todo caso ha sido un adiós inesperado para todos, empezando por extraordinaria familia.

El adiós de Julián Cañamares supone poner punto y final a un gran trozo de historia de la Balompédica. No hay que olvidar que a este empresario conquense, que empezó vendiendo calzado a muchas zapaterías de España y ha terminado con una tienda electrónica y un estanco en plena Carretería, además de su agradable hotel ‘La Casita de Cabrejas’, no le circulaba la sangre normal por las venas, era sangre blanquinegra, sangre de la U.B. Conquense.

Conocí a Julián Cañamares en el ecuador de los años 70 como directivo de la Balompédica. Su gestión permitió traer al Conquense a jugadores como Abadía o al mismo Joaquín Caparrós en 1978. Son sólo un ejemplo de los muchos jugadores a los que convenció jugar en el Conquense. Siempre junto a su inseparable amigo y directivo balompédico, Carlos Lacort. Los dos dejaron el club en 1982, con José López de presidente, pero fueron repescados por Ángel Pérez en 1997 cuando accedió a la presidencia.

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En ese tiempo en el que dejó de ser directivo, Julián Cañamares siguió al Conquense por donde jugaba, a  pesar de la seria advertencia de su familia. Y cuando volvió a ser directivo, con el equipo en Segunda B, cuadraba las vacaciones familiares con lo sitios donde jugaba su Balompédica.

Se marchó Ángel Pérez y Julián siguió con su amigo Carlos Lacort la temporada en la que, de transición, afrontó la presidencia. Y después ha estado con los presidentes Jesús Fernández y Luis Sanjuán. Y ahora estaba en la junta gestora de Ángel Mayordomo, con el que no había forma de hablar por culpa del llanto que le inundaba.

En realidad llora toda la plantilla del Conquense, lloran sus muchos amigos creados a lo largo de más de 45 años de amor blanquinegro, llora Cuenca y llora el fútbol regional. Y por supuesto, llora su familia a la que mandamos un fuerte abrazo. Lloramos todos.

Julián Cañamares lo ha sido todo en la Unión Balompédica Conquense. Con su genio, con su sonrisa, con sus enfados momentáneos, con su gran hacer como directivo, con su incalculable apoyo económico al club. Julián era, es, un directivo insustituible. Será difícil que nazca otro como él.

En fin, podría contar muchas cosas de nuestro querido amigo. Más de 40 años compartiendo viajes por toda España dan para ello. Pero hoy, el protagonista es él con su adiós. Sólo nos queda el consuelo de que estará al lado de Ángel Pérez, irrepetible presidente balompédico, y su gran amigo Carlos Lacort. Los tres velarán por nosotros mientras este virus nos permita seguir con vida.

Julián Cañamares nos ha dejado antes de cumplir los 77 años. Por encima de todo, un abrazo muy fuerte para su esposa Alicia, hijos y hermanos, especialmente Ángel y Gabriel. D.E.P. Julián.

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