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Matilde Martínez: «Enfrentarme al virus fue como si sales a una final de Champions, eres mediocentro y te ponen de lateral izquierdo»

La futbolista honrubiana, Matilde Martínez, capitana del Fundación Albacete (actualmente en la Segunda División), recibió el Premio As Solidaridad 2020.

Durante el confinamiento, cambió el fútbol por el hospital y se enfundó la bata de enfermera para aportar su granito de arena en los meses más duros de la pandemia.

Matilde pasó el encierro domiciliario en Honrubia, mientras que trabajaba como enfermera en la planta de Medicina Interna del Hospital General de Villarrobledo. Su labor fue reconocida en este acto organizado por el diario deportivo.

 

¿Cómo te sientes después de recibir este premio As a la Solidaridad que se te concede por un motivo extradeportivo pero de alguna manera vinculado al deporte?

Creo que es un motivo de orgullo recibir un premio así. Yo creo que en realidad hice mi trabajo y no me hubiese perdonado no acudir al hospital en esos momentos, pero en definitiva represento a todos a la inmensa mayoría de esos deportistas que dejaron sus deportes para irse a ayudar cuando hacía falta.

Para una persona que está acostumbrada a que su vida esté dentro del deporte, ¿qué supone un cambio tan drástico como el de dejar tu rutina habitual para irse a un hospital a hacer frente a una pandemia?

Yo trabajo también en atención primaria y estaba en un centro de salud pero no hay color. Llevaba diez años desde que acabé la carrera sin pisar un hospital pero me llamó la supervisora del Hospital General de Villarrobledo, localidad donde yo estaba trabajando, y me dijo que tenía que ir y que aunque no hubiera estado nunca en una situación similar, con que pudiera echar una mano y aprender rápido era suficiente.

Lo primero que sentí fue mucho miedo porque en ese momento me había ido a Honrubia y vivía con mis padres que son los dos mayores de sesenta años y no eran candidatos por lo tanto a respirador. Sentí como el gusanillo que tienes en la tripa antes de un partido.

Justo ahora que me haces esa comparación, ¿en qué se diferencia esa presión de cuando saltas al campo con la responsabilidad de hacerlo bien, cumplir para el equipo etc. a una presión totalmente distinta en la que la salud de los demás, de tu familia y la tuya propia está en juego?

Te la juegas. Para mi enfrentarme al virus fue como si sales a una final de Champions, eres mediocentro y te ponen de lateral izquierdo. Vas un poco a verlas venir pero a hacerlo lo mejor que puedes. Por suerte, es en esos momentos en los que se ve la mejor cara de la gente y las compañeras se portaron genial para que no me costara coger el ritmo que llevaban y todo eso tengo que agradecérselo también a todas ellas.

La cuarentena la pasaste en Honrubia, pueblo de la provincia de Cuenca del cual eres originaria. ¿Siempre has llevado a lo largo de tu vida el vínculo con esta localidad o es donde tienes tus raíces y tu familia pero un lugar al que visitas de forma ocasional como en la cuarentena?

No, no (ríe con simpatía). Yo voy prácticamente todos los fines de semana. Ahora un poco menos porque mis amigos estamos cada uno en una parte de España. Yo siempre soy de Cuenca y soy de Honrubia esté donde esté.

A Albacete llegué a los catorce años y la verdad es que aquí me han tratado muy bien, pero yo soy de Honrubia, eso que quede por delante (ríe de nuevo).

Muchos deportistas suelen ofrecer su cara más solidaria como la famosa imagen de Rafa Nadal achicando agua en su Manacor natal. ¿Crees que el deportista dada su visibilidad pública y capacidad de influencia suele transmitir esta imagen o es la que debería transmitir pero habitualmente no ocurre?

Sin duda esa es la imagen que debe trasmitir un deportista y creo que la mayoría lo hacen. Como tú dices somos referentes y más los de talla mundial. Si un niño quiere imitar su peinado, imagínate su forma de actuar. Creo que en ese sentido los Rafa Nadal, Pau Gasol etc. son solidarios y en eso son referentes. Quizás gracias a eso son más personas de lo que nosotros vemos en la televisión.

Después de lo que viviste, afrontando al virus desde cerca, empiezan el fútbol y las temporadas. ¿Cómo ha sido la vuelta al deporte y en concreto al fútbol? ¿Crees que se está haciendo bien, que tiene sentido el fútbol sin aficionados? ¿Cómo ves la situación del fútbol ahora mismo?

Se están haciendo muy bien los protocolos en cuanto a los clubes y los equipos pero no entiendo por qué no se ha podido ir a ver el fútbol. Nosotros por ejemplo, hablando en concreto del Albacete, cuando juega el femenino que este fin de semana ya se ha podido ir a ver, la gente está separada, con mascarilla, todos se identifican y firman un papel… Yo creo que eso es asumible desde categorías como juvenil hacia arriba hasta hablar del Barça o el Madrid. Aunque tengas que ir dos horas antes al Bernabéu, no entiendo por qué no puede ir gente a verlo. Más espacio que allí no va a haber. Quizás no se pueda llenar, pero a un 25º un 40% de aforo no creo que haya problema.

¿Tiene sentido entonces para ti el fútbol sin afición?

No, no tiene ningún sentido. Juegas para agradar a la gente además de por tus objetivos. Esa gente que te está apoyando es una motivación para jugar en el campo. Me gusta jugar de todas las formas posibles, pero evidentemente prefiero y creo que tiene que ser con público.

Llevas ya muchos años en el fútbol y has podido ver la trayectoria y el avance del fútbol femenino desde que quizás estaba más en el ostracismo a ahora que tiene un peso muy importante y un seguimiento más que destacable. ¿Has notado tú esa evolución? ¿Cómo ha avanzado el fútbol femenino y cómo lo valoras?

Yo empecé hace veinte años en Camporrobles con doce años. Era un equipo de barrio de un  pueblo pequeño de Valencia y jugábamos en tierra, estábamos quince para jugar y no encontrábamos chicas por ninguna parte. Ahí jugábamos chicas de todas las edades, yo era la más pequeña y la mayor tendría casi cuarenta años.

Cuando vine a Albacete se jugaba en tierra pero ese año el club cambio los tres campos de tierra y puso el de césped artificial dando un salto bastante considerable. Siempre hemos peleado por intentar jugar en el campo de césped natural y por tener un vestuario propio para el femenino.

Nosotras llegamos a ascender a Primera División jugando en el Carlos Belmonte, algo que años atrás habría sido impensable. Esos años no cobrábamos y te estoy hablando de Primera División. De eso no hace tanto porque fue hace unos ocho años.

Ahora podemos tener un sueldo medio digno que te permite pagarte tu piso y tu comida al menos. Ha habido un gran paso, pero para que las mujeres se puedan dedicar al fútbol todavía tenemos que ahondar un poquito más en profesionalizarlo. Yo al final estoy echando mis tres, cuatro horas diarias, cinco a veces, entre gimnasio y entrenamientos y luego tienes que compaginarlo con otro trabajo para poder vivir holgadamente y ya con una edad como la que yo tengo.

¿Qué le falta al fútbol femenino para llegar a esa profesionalización y dónde está el problema para que todavía no haya alcanzado el grado máximo que podría alcanzar?

Poco a poco se está consiguiendo y las chicas cada vez se conciencian más, pero todavía estamos en el limbo. Falta más apoyo de patrocinio y dinero que eso siempre falta (ríe).

En visibilidad no nos podemos quejar porque los medios os portáis muy bien con nosotras y la televisión y las radios le están dando mucho bombo al fútbol femenino.

¿Cómo te encuentras ahora mismo en el fútbol y en Albacete, qué objetivos tienes y cómo ha cambiado tu rol después de tantos años?

Ahora mismo luchamos por el ascenso y yo intento apoyar al equipo si puede ser con goles y si no con pases, carreras o lo que haga falta.

Yo noto hoy en día un montón los dolores de rodilla y parezco ya una abuela (ríe) y se me hincha la rodilla cada vez que acabo un entrenamiento. Eso hace que quizás ahora me cuide más que lo hacía antes. Por la edad siempre falta un puntito, pero lo intento cumplir con trabajo.

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