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Jorge Fernández: el camino a Segunda División

Fotografía Twitter @CD_Castellon

Jorge Fernández ha pasado a la historia del fútbol conquense tras su ascenso con el CD Castellón. Tras una vida dedicada al fútbol, a sus 28 años ha encontrado el premio a la trayectoria.

Jorge no es un jugador cualquiera. Extremadamente habilidoso, con un cambio de ritmo endiablado y un golpeo de balón excelente, se ha ido labrando un nombre dentro de la Segunda División B. Conquense, La Roda, Coruxo, Talavera y ahora Castellón, han sido testigos de su calidad que, a partir de la próxima temporada se disfrutará en los campos de Segunda.

No lo ha tenido fácil Jorge durante sus años como profesional. Sendos descensos con el equipo de su ciudad, el Conquense, y unas intermitentes lesiones han lastrado en ocasiones la progresión de un futbolista con una gran capacidad de sacrificio y que siempre se ha ido superando a sí mismo.

En su primer año como profesional Jorge vivió un descenso a Tercera División con la UB Conquense. Tenía 19 años y en aquel momento era otro joven más que vestía con ilusión la elástica de la Balompédica. Un año tardó el equipo en volver a subir, pero Jorge ya no era un recién llegado, sino que ya era pieza importante del equipo. En aquel playoff de ascenso, el Conquense tuvo que hacer frente a tres agónicas eliminatorias para acabar consiguiendo un sufrido ascenso.

En su regreso a Segunda B, Jorge ya captaba miradas de conquenses y foráneos. Era el momento de dar el salto fuera de Cuenca y La Roda fue su destino. Tras un año difícil en el que el equipo rodeño acabó consiguiendo el objetivo de la permanencia, «la brújula de Jorge señaló al norte» y concretamente al Coruxo gallego.

Allí estuvo dos años en los que pese a estar a buen nivel, tuvo muchos problemas con las lesiones y nunca terminó de encontrar su mejor forma física. En su segunda temporada en Galicia, llegó a quedar octavo y consiguió hacer varios goles, lo que ha sido su asignatura pendiente en el fútbol.

En la temporada 2017/2018 acabó volviendo cerca de casa. El CF Talavera fue su destino donde dejó una gran actuación durante todo el año en un equipo que acabó siendo séptimo y donde anotó su mejor cifra goleadora con cinco tantos.

Pero la tierra siempre tira y en la temporada siguiente acabó volviendo al Conquense en la que iba a ser su segunda etapa en el conjunto de casa. Una campaña en la que, a sus 27 años, Jorge despuntó, brilló y rompió el techo. Fue la batuta de un Conquense que con muy mala suerte y dejándose muchos puntos en los minutos finales acabó descendiendo a Tercera División. Tan buena fue su actuación en su regreso  que incluso se llevó el Balón de Oro de Castilla-La Mancha, premio que otorga CMM.

Las casualidades que tiene la vida hicieron que el verdugo fuera el CD Castellón. La Balompédica no pudo pasar del empate en La Fuensanta y frente al equipo valenciano se certificó el descenso. Pero Jorge no pasó desapercibido para un club que había visto en sus botas la capacidad de cantar el famoso Pam Pam Orellut.

No se equivocaron. El jugador conquense ha sido una de las piezas claves de este Castellón que ha acabado salvando todas las adversidades de una temporada atípica. Jorge ha aportado su habilidad con una gran regularidad en un equipo que se fue afianzando en los primeros puestos del Grupo III de Segunda División B y que acabó terminando líder de forma prematura por la pandemia.

En una fase de ascenso que empezó de forma desagradable tras perder en penaltis con el Logroñés, los castellonenses se repusieron ganando a la Peña Deportiva y al Cornellá para terminar subiendo a la Liga SmartBank. La cabeza de Ortuño quedará siempre ligada al ascenso del Castellón, pero ese testarazo nunca se habría conectado de no ser por el certero centro del futbolista conquense con la derecha, su pierna menos habilidosa.

El premio para Jorge ha llegado a sus 28 años, pero no es algo fortuito sino que lo ha conseguido a base de esfuerzo y constancia. Muchos años recorriendo los distintos grupos de Segunda B para finalmente cumplir el sueño del ascenso.

Con el pitido final seguro que por su mente pasaron a modo de película los años del San Antón de fútbol sala donde jugó dos campeonatos de España en las categorías benjamín y alevín; la Escuela Municipal de Fútbol de Cuenca donde empezó a forjarse en el fútbol de dimensiones más amplias, o las categorías inferiores del San José Obrero y Conquense donde jugó en categoría Nacional y División de Honor respectivamente.

Foto: CMM

Pese a no haber afición en el estadio de La Rosaleda donde si disputó el partido, la alegría pudo sentirse en Cuenca, Horcajo de Santiago y todos aquellos lugares por donde Jorge ha pasado y ha dejado huella. Porque al jugador conquense siempre se le recuerda para bien y ha quedado en la memoria de los equipos donde ha jugado.

Sus amigos en Cuenca y en Horcajo siguen siendo los mismos que cuando era un niño y han ido haciendo de los colores que ha vestido Jorge los suyos. Sus padres Juan Carlos y Mari Carmen y su hermana Marta, han sido su apoyo fiel desde que fue benjamín e iban siguiéndole allá por donde jugaba. Además, el ascenso llega en un año difícil tras el fallecimiento de su querido tío Ángel, aunque seguro que él ha estado haciendo fuerza para que su sobrino llegue a lo más alto.

Esta vez, todos se vestirán junto con él de las galas de la Segunda División. Jorge tiene mucho fútbol por delante y sus allegados le seguirán a cualquier parte.

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