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José Ponce y el tablero encantado

Ponce, con negras y de negro, de regreso a los tableros conquenses (Torneo de Ferias 2018)

Quien no conozca Cuenca se sorprenderá por el título de este artículo, aunque para los conquenses la relación entre su tierra y la Ciudad Encantada (que se encuentra en la Sierra de su provincia) es algo cotidiano. La propia ciudad de Cuenca parece haber sido construida bajo un misterioso encantamiento que altera las leyes de la física. Levantada entre riscos y cerros, los edificios de Cuenca parecen desafiar a la gravedad con altanería, siempre colgando al pie de precipicios, observando curiosos la orografía única e irrepetible que los rodea. Y sólo gracias a ese encantamiento parece resistir el paso de los siglos sin precipitarse al vacío empujada por la fuerza de la gravedad.

Sin embargo, este encantamiento nunca se ha prolongado hasta el mundo del ajedrez. En Cuenca, como en la mayoría de ciudades pequeñas, el ajedrez no ha estado ni está demasiado arraigado… cuestión de medios, supongo. Por eso resulta muy interesante rescatar la historia de José Ponce Navalón, un ajedrecista que emigró durante su niñez y logró importantes éxitos lejos de su tierra. Conozcamos su vida, que no se limitó, ni mucho menos, a un tablero de ajedrez:

El ajedrez, compañero desde la niñez

José conoció el ajedrez siendo un niño y su improvisada profesora fue su madre, que fue la encargada de enseñarle los mecanismos del juego. En su primera partida le dio dama de ventaja… no lo volvería a hacer. A su hermana mayor, que ya sabía jugar al ajedrez, le ocurrió algo similar: después de 4 partidas jugadas contra su hermano decidió no volver a acercarse a un tablero de ajedrez.

Su paso por Cuenca sería temporal, cuando sólo tenía 9 años su familia se mudó a Barcelona; su padre, guardia civil, había sido destinado a la ciudad condal, por lo que tuvieron que afrontar un cambio abismal en sus vidas… cambio que les llevó a un destino inmejorable si hablamos del mundo del ajedrez, algo que pudieron comprobar ese mismo año al tener la oportunidad de presenciar en directo el Campeonato del mundo juvenil que se jugó en la sede de SEAT; allí José y su padre pudieron ver a jugadores de auténtica calidad, como Bojan Kurajica (que fue el ganador final), Vladimir Tukmakov (un fino táctico llegado desde Ucrania), Robert Hübner (que llegaría a ser uno de los jugadores más fuertes del mundo), Robert Hartoch o Raymond Keene (prolífico escritor y peligroso jugador de ataque). Era el nacimiento de una pasión por el ajedrez, pasión que se unió a un talento especial para el juego que afloró con rapidez al ser el jugador más fuerte del Colegio San Pedro Claver.

En esa pasión tuvo mucho que ver su padre. Persona estricta en el cumplimiento del deber, cuando se quitaba el uniforme de guardia civil era un entusiasta aficionado del ajedrez y su historia que coleccionaba libros y recortes de prensa que encuadernaba. De este modo, en su biblioteca, junto a una amplia colección de sellos de distintos países y otra de postales de transatlánticos, se podían encontrar numerosos libros sobre ajedrez romántico y varios que hablaban de torneos antiguos (como San Petersburgo 1914, torneo en el que se entregaron los primeros títulos de Gran Maestro, Nottingham 1936, que fue el último enfrentamiento entre Alekhine y Capablacna, o el match entre Capablanca y Lasker). El primer libro que llegó a manos de Ponce fue una recopilación de partidas de David Bronstein, las jugadas y aventuras ‘del mago ucraniano’ le llevaron a otro nivel en su aprendizaje.

Sin embargo, siempre es importante que un niño no se dedique en exclusiva al ajedrez. Ponce practicó varios deportes durante su infancia: baloncesto (era capitán-entrenador de su equipo), balonmano (como portero) y fútbol sala… y guerras de piedras en la calle junto a sus amigos, en el fondo todo era una buena preparación para las luchas que vendrían años después en el tablero. En el colegio siempre fue un buen estudiante que recibió premios por buen comportamiento. Mientras estuvo en los jesuitas pudo aprender catalán, ya que lo enseñaban saltándose las normas que les obligaban a impartir clases de latín.

Ponce saltando el potro en la fiesta del colegio San Pedro Claver (12 de Mayo de 1968)

El ajedrez estuvo muy presente durante toda su infancia. Uno de sus profesores en el instituto la Salle Barceloneta, cuyo nombre era Maurice Perraut, impartía clases de francés… y también de ajedrez, ya que era un fuerte jugador de 1ª categoría. Monseieur Perraut ponía en marcha todas las actividades relacionadas con el ajedrez que podía, animando a sus pupilos a participar en torneos. De este modo, varios de sus alumnos, incluido José, se inscribieron en un torneo organizado por el Diario Dicen… y el azar quiso emparejar a maestro francés y pupilo conquense en la primera eliminatoria, logrando el triunfo, con sorpresa y alborozo de sus compañeros, el joven discípulo. Ese año fue eliminado por el vencedor final, Arnau, pero el año siguiente Ponce logró vencer en las 7 eliminatorias para proclamarse ganador del torneo Dicen.

Monseiur Perraut, siempre activo, consiguió en cierta ocasión que Antonio Medina fuese a dar una charla sobre ajedrez a su instituto, por lo que Ponce pudo conocer a toda una personalidad del ajedrez español: excelente jugador, Medina fue todo un caballero en el tablero y fuera de él que protagonizó multitud de anécdotas y conoció a los mejores jugadores del mundo como jugador y como árbitro internacional… toda una inspiración para los adolescentes que le escuchaban. En esa época Ponce comenzó a visitar un club de ajedrez en el que pudo jugar partidas con ilustres veteranos como Jaime Boix, que siempre se sentaba ante el tablero con un puro en los labios, o Puche. También jugaba partidas en casa de Joaquín Albareda (no confundir con el laureado Miquel Albareda), anciano que era dueño de una fábrica de botones… que la mente infantil de José fantaseaba con heredar ya que Joaquín no tenía hijos.

De niño prometedor a juvenil brillante

Ponce había completado la primera parte del camino: destacar entre los muchos niños que se acercaban a un tablero de ajedrez en Cataluña. A partir de ese momento, el objetivo no podía ser otro que intentar aprovechar las oportunidades que se ponían a disposición de las promesas más destacadas. De este modo su juego entró en una progresión constante, aunque para nada sencilla. En 1972 participó en el campeonato de Cataluña juvenil, primera prueba verdaderamente importante a la que se enfrentaba en la que, lastrado por la inexperiencia, no consiguió rendir a buen nivel finalizando en la parte baja de la clasificación. En esa época ya formaba parte del Club Sant Josep de Badalona y pudo participar en el Campeonato de Cataluña por equipos preferente en el último tablero de su equipo (el Sant Josep contaba con 4 equipos en este campeonato y las competiciones se jugaban ¡a 10 tableros!). Curiosamente, en un principio Ponce había fichado por el Club Congrés de Barcelona, pero en el último momento recaló en el Sant Josep, colegio famoso por ser la cantera del club de baloncesto Joventud, ya que iba a cursar COU allí (el propio José costeó el precio de la matrícula dando clases de ajedrez). Ponce permaneció en el Sant Josep hasta 1980, periodo en el que fue ascendiendo con gran rapidez hasta ser el primer tablero del club en 1976. Tras dejar el Sant Josep fichó por la Asociación Barcinona, club en el que jugó hasta que abandonó Barcelona.

En 1973 estaba encuadrado en 2ª categoría, por lo que aún le quedaban dos peldaños por ascender para llegar a la categoría preferente. En ocasiones esas categorías no muestran el verdadero nivel del jugador y en el caso de Ponce quedó demostrado con su 9º puesto en el campeonato de Cataluña juvenil de 1974, resultado muy por encima de lo esperado. Realmente la competencia era enorme: había cuatro categorías distintas y en cada una de ellas podían participar casi un centenar de ajedrecistas; destacar entre semejante enjambre de rivales no era sencillo. Ese mismo año logró el ascenso de categoría en el Regional absoluto de 2ª categoría… y en otoño ya ostentaba la categoría preferente.

Precisamente en 1973 jugó una de sus partidas más brillantes. Al final de cada temporada en Barcelona se organizaba una fiesta del ajedrez cuyo plato fuerte era un encuentro a 50 tableros entre jugadores de la capital y del resto de la provincia. Tras el match se ofrecía una comida y más tarde se entregaban los trofeos a los distintos campeones regionales. Ese año, en la vigésima edición, la ciudad vencería a la provincia por 52’5-47’5. José Ponce aspiró al premio de belleza gracias a su partida ante Amat, aunque finalmente el galardón fue a parar a manos de Alejandro Pablo, otro prometedor joven que llegaría a ser campeón de España juvenil y que tuvo actuaciones destacadas en varios campeonatos nacionales absolutos. Las partidas fueron las siguientes: Ponce – Amat y Pablo -Satorra. Ponce se resarciría de este pequeño revés 3 años después cuando fue premiado con la partida más brillante durante el campeonato juvenil de Cataluña tras una preciosa lucha ante Antoni Benet: Ver partida. Por este triunfo recibió un lote de libros de la Editorial Bruguera y el aplauso del público asistente.

Ponce recibiendo el lote de libros de manos de Matías Guiu

El talento iba marcando el paso y en 1975 le aupa al tercer lugar en el campeonato de Cataluña juvenil, empatado con los dos primeros clasificados (José Pisa y Juan Ortín), un gran resultado que le permitió participar en el Campeonato de España de la categoría. Este logro es más importante de lo que pueda parecer, un jugador joven necesita que los focos apunten directamente sobre él para poder recibir oportunidades, lo que convierte este tipo de campeonatos en duras luchas por los primeros puestos. En el Nacional Ponce mantuvo el buen tono, logrando el 7º puesto en un torneo en el que siempre estuvo jugando en los primeros tableros y que fue dominado por los jugadores catalanes: Ver tabla. Al año siguiente obtuvo unos resultados muy parecidos en ambas competiciones, logrando el 4º puesto en el Cto. de Cataluña y el 10º en el de España: Ver tabla.

No cabe duda de que la experiencia estaba siendo muy positiva. En 1976 participó en el Campeonato de España por equipos de 2ª División, logrando dos victorias de gran prestigio ante Rey Ardid y Miguel Ángel Nepomuceno (ver partida). En el Regional de Cataluña ya había podido jugar ante dos leyendas del tablero como Arturo Pomar (con el que hizo tablas) y Jaime Lladó, todo un lujo que le recordaba lo lejos que se encontraba de su querida Cuenca. Con el paso de los años Ponce fue acumulando en su maleta un buen número de anécdotas, algunas de las cuales podéis conocer a continuación:

Una experiencia llena de anécdotas

Ponce seguía completando fases del camino, el cual era cada vez más escarpado, siendo uno de los jóvenes más valorados dentro del ajedrez catalán. Gracias a ese estatus fue uno de los jugadores seleccionados por la Federación Catalana para participar en unas sesiones de entrenamiento con el Maestro Internacional yugoslavo Drazen Marovic, a las que también acudieron, entre otros, Ángel Martín, Joan Pomés, Xavier Mateu, Francisco Javier Ochoa, Víctor Vehí o las hemanas Canela. Las clases se impartieron a lo largo de una semana en la Asociación Barcinona, con sesiones de trabajo de 4 horas en las que, sobre todo, se dio prioridad a la teoría y al análisis de posiciones. Una vez finalizado el clinc, Marovic comentó que le habían sorprendido dos de los participantes, Ángel Martín y José Ponce, en los que había visto interesantes ideas. También mostró su sorpresa ante el escepticismo dibujado en la cara de la mayoría de participantes cuando sugirió que era necesario prepararse durante varias horas diarias… aunque parece ser que las jóvenes promesas del ajedrez catalán tampoco quedaron demasiado impresionadas por las clases del maestro yugoslavo.

En esa época Ponce también pudo jugar ante algunas figuras internacionales en sesiones de simultáneas. De este modo, combatió en el tablero ante Vitaly Tseshkovsky, uno de los maestros más fuertes de la URSS en aquellos tiempos, logrando unas meritorias tablas jugando la variante Flohr de la Española, línea en la que Tsehkovsky era todo un experto. En esa sesión también pudo conocer a la leyenda del ajedrez Efim Geller, que había viajado a Barcelona junto a Tseshkovsky. Geller fue un auténtico matagigantes que logró un score positivo ante casi todos los campeones del mundo a los que se enfrentó (Botvinnik, Smyslov, Petrosian y Fischer, además de un empate técnico con el genial Mikhail Tahl) y que siempre fue un firme aspirante al título mundial.

En los años 70 comenzaron a proliferar los Open, muchos de ellos de rápidas, una nueva forma de competición más rentable para los organizadores al permitir que los aficionados pudiesen competir al lado de los maestros. Ponce, como muchos otros jugadores, aprovechó este nueva tendencia para participar en más torneos. En los torneos de rápidas siempre se mostró competitivo, logrando buenos resultados, como lo prueba su excepcional actuación en un torneo organizado durante la entrega de los premios Óscar del ajedrez 1977 ante una competencia de primer nivel: Ver detalles del torneo. Ese mismo año logró otro gran resultado que puso de manifiesto que había alcanzado un nivel que le permitía competir al nivel de alguno de los jugadores más importantes del país: I Open de Albacete 1977.

Su reputación iba en aumento y en Julio de 1977 acudió al Campeonato de España femenino en calidad de entrenador de Teresa y Conchita Canela, que finalizaron en 19º y 6º lugar de 24 participantes (las hermanas Canela eran las jugadoras más fuertes de Cataluña en ese momento, siempre aspirando al título de campeona de España). Sin embargo, había llegado el momento de tomar decisiones en su vida personal: Ponce inició la carrera de Psicología y también comenzó a trabajar en el departamento de contabilidad de una empresa. Una vez integrado en el mundo laboral las prioridades cambiaron: abandonó los estudios y el ajedrez se resintió notablemente ante la falta de preparación.

Las buenas noticias siguieron apareciendo: en esa época encontró un nuevo trabajo en Hacienda y fue invitado a jugar su primer torneo cerrado… sin embargo la suerte siempre es caprichosa y, cuando se acercaba el comienzo del torneo, Ponce comenzó el servicio militar, siendo destinado a Ceuta; la oportunidad se esfumó y Ponce desapareció de los tableros durante una larga temporada. Curiosamente, lo mejor aún estaba por llegar:

Un triunfo sobresaliente: el campeonato encantado

Para los jugadores catalanes uno de los retos más interesantes de cada temporada era el Campeonato de Cataluña, ¿quién se podía imaginar que un jugador conquense inscribiría su nombre en el palmarés de uno de los torneos más prestigiosos de España? José Ponce lo logró en 1983, consiguiendo que el encantamiento que siempre rodea a Cuenca se trasladase hasta Barcelona a través de un tablero de ajedrez. Lo logrado por Ponce no fue fruto de la casualidad ni flor de un día, era la culminación de muchos años de trabajo. Ponce logró clasificarse para la final de la forma más complicada: a través del Campeonato provincial de Barcelona, competición que sólo otorgaba una plaza para la ansiada final. En el provincial tuvo que superar a una gran competencia y lo logró de forma contundente y convincente: Campeonato provincial de Barcelona 1983.

El hecho de estar en la final ya era algo histórico. No en vano Ponce iba a competir al lado de Ángel Martín (que sería 4 veces campeón de España y ganador de infinidad de torneos), Alfonso Romero (que también sería campeón de España), Miguel Illescas (8 veces campeón de España y mejor jugador del país durante muchos años) o Gil Reguera (uno de los jugadores más fuertes de España en aquel entonces). Como era de esperar la lucha fue intensa, los participantes pelearon por cada centímetro de tablero y las diferencias entre todos ellos fueron mínimas. Ponce se mostró ambicioso, como solía serlo siempre, y sumó varias victorias de gran importancia que le permitieron liderar el torneo prácticamente en todas las rondas, aunque en la penúltima ronda sufrió su única derrota, la cual le colocó en segunda posición a medio punto del líder, Alfonso Romero. En una última ronda para recordar Ponce logró una rápida victoria ante Minguell, lo que trasladaba toda la presión a Romero Holmes (ya que un empate a puntos favorecería al conquense). Y Romero sintió como la tensión le atenazaba en su partida contra Illescas, en la que terminó cediendo en un final donde los apuros de tiempo y los errores estuvieron muy presentes. El encantamiento se había producido, ¡un conquense reinaba en la plaza fuerte del ajedrez español!: Campeonato de Cataluña 1983.

Y el ajedrez pasó a un segundo plano

Tras el triunfo en el campeonato de Cataluña, por el que recibió el título de Maestro Catalán, había llegado el momento de plantearse una posible carrera profesional dentro del ajedrez. Ponce estaba en el punto más alto de la colina y desde allí el intento podría resultar más sencillo, sin embargo la decisión, a la que todo ajedrecista serio se tiene que enfrentar tarde o temprano, no era sencilla: una carrera dedicada al ajedrez es difícil de conciliar con la vida familiar y siempre representa una opción arriesgada ya que incluso si los resultados acompañan, los apuros económicos terminan apareciendo. Tras colocar cuidadosamente cada argumento en su balanza personal, Ponce decidió cambiar de dirección y optó por regresar a Cuenca junto a su familia. Una vez en casa, completó estudios de Filología francesa y aprobó unas oposiciones que le permitieron trabajar como celador en el Hospital Virgen de la Luz, aunque finalmente terminó trabajando en Caja Rural durante 32 años.

Las piezas de ajedrez se fueron diluyendo con el discurrir de una vida que se iba concretando: un trabajo estable y la creación de una familia con tres hijos no dejan demasiado tiempo para prepararse en un mundo tan exigente como el ajedrez. Ponce siguió regresando al tablero, aunque siempre de forma esporádica, sin la intensa preparación de su juventud, con una fuerza que, como no podía ser de otra forma, fue decayendo. De todos modos, Ponce siguió viviendo buenos momentos en el mundo del ajedrez y lo hizo junto al gran impulsor de este deporte en Castilla la Mancha: José Mª Redondo. Redondo, que era presidente de la Federación castellano-manchega, creó el club Hergauto, que con los años cambiaría varias veces de nombre (CAYMU, Telefónica u Hostería de Cañete), en el que aglutinó a los jugadores más destacados de la comunidad (Visier, Rayo, los hermanos Alcazar, Herminio Herraiz o el propio Ponce), reforzando el equipo con maestros extranjeros como Reyes, Ubilava, Pigusov, Dämaso o Galego. Esto permitió que Ponce pudiese participar en campeonatos por equipos, regionales y nacionales, y no abandonase del todo el ajedrez… llegando incluso a ser vicepresidente de la Federación castellano-manchega junto a Redondo.

Unos meses después de su regreso a Cuenca, con todo por organizar, Ponce participó en el que ha sido su único torneo en el extranjero: el Open de Guarda (Portugal). En Portugal estuvo a buen nivel y jugó la partida más interesante del torneo, la cual se desarrolló mientras afuera se desataba una violenta tormenta con abundante lluvia, relámpagos y truenos… parece que la tormenta se trasladó al tablero y al ánimo de los jugadores: Open de Guarda 1983.

Herminio Herraiz y José Ponce durante el ajedrez viviente de 2002

Todavía hubo tiempo para conseguir algún éxito más: en 1993 Ponce logró la victoria en el campeonato de Castilla la Mancha absoluto, una competición realmente dura en la que participó Fernando Visier y donde no lo tuvo nada fácil: Regional CLM 1993. De este modo, José Ponce Navalón había conseguido algo al alcance de muy pocos: ser campeón en dos regiones diferentes. A partir de ese momento, ya sólo hubo participaciones en torneos organizados en Cuenca y cada vez con menos frecuencia. En 2002 participó, junto a Herminio Herraiz, en un ajedrez viviente organizado para la presentación de la IV Alvarada que se iba a celebrar en Cañete (Cuenca). Se escogió una temática medieval en la que todo el pueblo colaboró confeccionando trajes (un saltimbanqui era el encargado de mover las piezas) y se decidió representar una partida antigua, una obra de arte jugada por Edgar Lasker: Lasker – Thomas. Londres 1912.

En 2018 Ponce dijo adiós al mundo laboral tras su jubilación y decidió retomar el ajedrez. Los tiempos pasados no volverán, pero las victorias sí han regresado: Ponce consiguió vencer en el Provincial de Cuenca y en un torneo de rápidas organizado en Tarazona, además su buen papel en el Campeonato de Castilla la Mancha le sirvió para ser campeón regional de veteranos, lo que le permitió jugar el Campeonato de España de veteranos, volviendo a vivir desde dentro las sensaciones de la competición.

Algo más que ajedrez

Ponce siempre fue un apasionado de la lectura y concretando más, de la poesía. Aunque no se limitó a permanecer del lado del lector, sino que quiso cruzar y dirigirse al siempre maravilloso mundo de los escritores. En su época universitaria comenzó a escribir sus primeros relatos y lo ha seguido haciendo durante el resto de su vida. Novelas, relatos de ficción, poesía, todo servía para dar rienda suelta a ese lado creativo, en varias ocasiones con el ajedrez apareciendo en la trama o haciéndolo de forma indirecta. A continuación podéis ver una muestra del estilo literario de Pepe Illarguia a través de un poema que cierra su obra «Homero y el vendedor de Haikús»:

Descenso a los infiernos de la poetisa Alejandra Pizarnik
Blog literario de José Ponce

Ponce escribió su primera novela en 2006, aunque ésta nació de lo que pudo haber sido una tragedia: tras un accidente de tráfico estuvo 4 meses recuperándose de la rotura de 3 costillas y el esternón, tiempo en el que se dedicó a escribir. Tras este agitado pistoletazo de salida, Ponce ha escrito otras obras como un guión corto parodiando a Woody Allen, una obra teatral sobre la guerra de los Balcanes, relatos, cuentos y poesía. Todas estas obras han sido autopublicadas bajo pseudónimo: Pepe Illarguia. Ponce es su apellido ajedrecista, Illarguia su marca literaria (como él mismo define: luz muerta, luz prestada, Luna).

Uno de sus primeros relatos tuvo al ajedrez como base central, ya que estuvo dedicado al Gran Maestro soviético Alexander Zaitsev. Zaitsev tuvo una muerte misteriosa (a pesar de que la versión oficial decía que falleció por una trombosis durante una operación en una pierna) y cuando Ponce trató de indagar sobre este tema preguntando a distintos jugadores soviéticos con los que coincidió, todos cambiaron rápidamente de tema como si hubiese algo oscuro detrás. El ensayo, del que no guardó copia, se trataba, según sus propias palabras, de un divertimento etimológico en el que se hablaba del origen de la palabra ‘ajedrez’.

Desde siempre el ajedrez conquense se ha limitado al ámbito local, salvo la excepción de Herminio Herraiz en tiempos más recientes. Por eso, la historia de José Ponce Navalón merecía ser contada, sus éxitos, coronados por su triunfo en el Campeonato de Cataluña, necesitaban ser recordados y conocidos. Espero que estas líneas cumplan con ese propósito.

Palmarés de José Ponce
Elo de José Ponce hasta 1983

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