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Julio Palencia, siempre en la zaga

Julio Palencia captura Cuenca a través de sus fotografías. Ahora él se ha convertido en el epicentro de las miradas al ser el cartelista de San Mateo 2022. Es habitual ver a Julio recorriendo la ciudad y sus rutas en bicicleta, aunque otros lo recordarán por su pasado como jugador de balonmano.


Pero antes de todo, su primera vez en la cancha llegó con siete años, cuando estudiaba en el colegio de los Salesianos, actual Facultad de Derecho. El equipo se llamaba el Don Bosco y todavía guarda buenos recuerdos y amigos de aquello: “Jugaba con Pinar, Joaquín, Chema… yo era siempre defensa”.

Pronto cambió el balón por las ruedas y se subió a la bicicleta. Comenzó a entrenar con la peña Luis Ocaña, aunque nunca llegó a federarse ni a competir: “Solo era afición. Ahora sí que cojo la bicicleta por carretera y voy a hacer rutas por Cuenca”. Caminos que ha ido ampliando hasta llegar a la catedral de Santiago de Compostela, partiendo desde la catedral de Cuenca.


Junto a su amigo Chule ha completado la ruta de la lana. Pedaleando recorrieron 887 kilómetros en 7 días, una media de 130 kilómetros para la que tuvieron que prepararse durante cinco meses. “Si no entrenas antes no puedes hacerlo. Empezamos a entrenar en enero y estuvimos hasta finales de mayo, porque nos fuimos en el puente de Castilla- La Mancha. En ese periodo de tiempo hicimos unos 2000 kilómetros y bajamos peso. Fue lo único bueno que recuerdo del 2021”.

Tanto le gustó la experiencia de viajar sobre dos ruedas que el próximo año repiten. En octubre comenzarán a entrenar de nuevo para volver a viajar al norte, aunque esta vez hacia el este. Su objetivo es hacer la Transpirenaica: “Queremos ir desde el mar Cantábrico hasta el Mediterráneo. Partiremos desde Hendaya y subiremos por los puertos del tour hasta llegar a Rosas o Figueres. Esta ruta es más seria porque no es como ir a Santiago, es un recorrido mucho más duro”.

EL BALONMANO, EL DEPORTE DE LA COMPETICIÓN

Fue en el instituto, al entrar al Lorenzo Hervás y Panduro, cuando comenzó a jugar al balonmano. Antes de fichar por el Balonmano Cuenca se unió a las filas del Galerías Avenida. En el Balonmano Cuenca jugó casi una década en segunda división masculina hasta que se marchó a estudiar a Valencia.

Al regresar, volvió a militar en el club una temporada más. El equipo solía ocupar la parte media alta de la tabla, pero tampoco podían aspirar a más: “Si teníamos la posibilidad de jugar fase de ascenso no la jugábamos porque no teníamos recursos para subir”.

Jugaba como pivote, siempre dispuesto a defender en un deporte que recuerda más intenso que el modo de juego actual: “Yo estaba donde había guerra. Antes el balonmano era más duro y yo tenía la mano larga. Me tocaba defender sí o sí, muchas veces dejaba de atacar para estar abajo”.

Del balonmano disfrutaba con sus compañeros, pero también con sus amigos. Recuerda disputar los torneos de Navidad con ellos: “Un año nos salimos otro compañero y yo y formamos equipo con otros amigos y llegamos a ganar al equipo profesional. De cien veces lo hubiéramos hecho una, fue una casualidad”.

Otra de las anécdotas que recuerda con mayor anhelo es la llegada a la ciudad del Sociedad Conquense de Balonmano y los entrenamientos que disputaban juntos: “Fue la primera vez que un equipo de División de Honor estaba en Cuenca. Alguna vez jugábamos de teloneros, antes que ellos. Venía el Barcelona, el Bidasoa… auténticos equipazos”.

Y aunque como aficionado disfruta de los deportes de raqueta, Julio no ha cogido una de tenis en su vida. De esta disciplina asegura saborear cada punto por televisión: “No hay tanta picaresca como en otros deportes, es todo más limpio, más honrado”. Igual o más que su persona, que tras ganarse un hueco en el mundo del balonmano y de la fotografía en Cuenca, ahora ha conseguido lo mismo en el corazón de todos los amantes de San Mateo.

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