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Blanca Notario: “El Kung-fu me enganchó desde el primer momento por los valores que te enseñan”

De talante inquieto, aunque nunca ávido por competir. Quizás la mezcla idónea para practicar deporte por puro placer. Blanca Notario es la directora académica de deportes en el Vicerrectorado de Cultura, Deporte y Responsabilidad Social de la UCLM. Aunque asegura que su trayectoria deportiva no le ha ayudado a conseguir esta posición, sí que le ha permitido entender y transmitir mejor la importancia del deporte para el bienestar físico, mental e incluso social del estudiante. “En mi caso tuve que dejar el deporte porque la carrera y el trabajo me lo impedían y el permitir que la gente pueda compaginar actividad deportiva y académica me parece fundamental”.

Asegura que su equipo apuesta por más actividades recreativas y por ampliar horarios “no solo por salud física, también mental. Está demostrado que la actividad física y el deporte ayudan al rendimiento académico de los estudiantes. El deporte ayuda a llevar una vida más sana, a mejorar en los estudios, pero también a socializar. Es fundamental e imprescindible hacer deporte”.

Desde pequeña Blanca no ha faltado nunca a su cita con el deporte. Primero probó con la gimnasia rítmica, pero no llegó a mimetizarse con el tapiz: “vi que necesitaba desfogar más porque siempre he sido una niña muy activa”. Sí lo hizo con el tatami: tras entrar a su primera clase de Kung-fu con 6 años se dio cuenta de que este sería un deporte en el que desarrollarse también como persona: “El Kung-fu me enganchó desde el primer momento por los valores que te enseñan. No es competir e intentar ser el mejor, sino que promovían socializar y que todos los niños estuvieran integrados, que nos lleváramos bien”.

Hasta que entró a la carrera con 18 años consiguió llegar a cinturón negro segundo Dan. Fue a partir de marrón cuando Blanca aprendió que esta disciplina es ardua y sacrificada. ”Cuando me saqué negro ya te examinaban jueces y te podía tocar en diferentes pueblos de la provincia. Eran pruebas muy duras porque tenías que estar dos o tres horas sin parar de moverte. Salías agotada. Entonces no solo eran kuenes y combate, también tenías que saber teoría y había que estudiar”.

Recuerda a Chiki, su maestro en los primeros años de clase en el gimnasio de su colegio, pero también a Ángel, una vez que entró al gimnasio Wu Tao. Junto a sus compañeros, Blanca formó una familia a la que todavía recuerda con cariño y nostalgia. “Nos llevábamos todos genial. Nos juntábamos muy buena gente. En el grupo de adultos te podía tocar con gente de muy diversa edad, desde los 13 años hasta los 50. Entre todos nos turnábamos y todos éramos iguales. Tuve que dejarlo por la carrera, pero espero poder retomarlo en algún momento”. Junto a ellos vivió alguna que otra quedada antes de los campeonatos y compartió moratones. Blanca utilizaba como armas los palos gemelos, el palo largo y llegó a emplear el nunchaku, aunque nunca la catana.

Atrás quedan los campeonatos provinciales, regionales y nacionales vividos y las medallas ganadas. Lo que perdura imborrable son valores que este deporte le ha otorgado y que se alejan del estigma de la violencia que muchos se empeñan en colocar a las artes marciales. Blanca destaca la solidaridad, la educación con el rival, la calma y, sobre todo, la buena cabeza: “Te decían que, si había algún tipo de conflicto, lo primero era huir de la pelea, siempre nos lo recordaban, que no debíamos hacernos los valientes por saber hacer artes marciales”.

Al mismo tiempo, aunque durante el fin de semana, practicó tenis. No faltaba a clase ni aunque las noches en vela le obligaran a ir a entrenar sin haber siquiera entornado los ojos: “Cuando se quedaban mis amigas a dormir en mi casa, las dejaba allí y yo me iba a tenis porque no quería perderme ningún entrenamiento”. Durante más de 10 años creó aquí otra familia con la que disfrutaba de un deporte del que siempre ha aborrecido el gen competitivo. “Me gustaba más entrenar y echar partidos a nivel básico. Cuando he tenido que ir a torneos más fuertes me creaba ansiedad. Además, yo era muy despistada y no me fijaba en si la pelota que me lanzaban iba fuera o no, porque no había jueces y nos arbitrábamos entre nosotros. No me gustaba nada eso de competir”.

Pese a ello, sus buenas aptitudes le permitían destacar y le llegaron a decir que existía la posibilidad de entrenar en una escuela más profesional, “pero yo no quería irme allí a entrenar y dejar a todas mis amistades y mi familia porque me generaba ansiedad”.

Al comenzar la carrera de Enfermería y después el trabajo, apartó el deporte de manera regular, aunque no esporádica. A meses y por rachas, hizo aeróbic, salió a correr e incluso se apuntó al gimnasio. “Pero no hacía nada reglado hasta que no pasaron unos años después. Eso sí, nunca llegué a parar, siempre probaba cosas nuevas”.

No olvida tampoco los cursos de natación veraniegos, los que luego completó con baño libre, una de las mejores terapias para calmar sus permanentes dolores de espalda. “Ahora voy a volver a nadar y tengo muchas ganas porque es un deporte muy completo. Se ha demostrado que a nivel cognitivo es uno de los deportes que más te ayuda a mantenerte en forma en el plano mental”.

Ahora, su espalda continúa corrigiendo su postura en pilates, deporte que comenzó hace ya seis años. La disciplina, una vez más, le ayuda a equilibrar cuerpo y mente, objetivo que persigue cada día al frente del deporte universitario en la UCLM. Es el lugar idóneo para que Blanca pueda transmitir aquellos valores que el Kung-fu le enseñó, la cultura del esfuerzo que el tenis le inculcó y la importancia de cuidar nuestra salud que la natación le otorgó.

 

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