Inicio Noticias Más Deporte Juan Manuel Cervera, el delegado del juvenil nacional “made in Conquense”

Juan Manuel Cervera, el delegado del juvenil nacional “made in Conquense”

La trayectoria deportiva de Juan Manuel Cervera no se entiende sin estar ligado al fútbol en general y al Conquense en particular. Llegó a las filas blanquinegras con 14 años en categoría cadete y, ahora, ha vuelto a unirse como delegado del equipo juvenil (primero provincial y, en la actualidad, nacional).

En esta horquilla temporal, Juan Manuel recuerda con cariño, sobre todo, su etapa en el juvenil en categoría nacional: “Se ven paralelismos de cuando tú jugabas y lo que sucede ahora, aunque desde otra perspectiva. Nosotros estuvimos a punto de ascender y ellos este año van también en los primeros puestos”. Acompañando al equipo por la región, revive muchas anécdotas que en su día él experimentó con las botas puestas: “Cuando nos juntamos siempre salen a relucir batallitas. Por ejemplo, el otro día cuando viajamos a Talavera había mucho aire y recordamos un partido en el que jugamos nosotros que no podíamos ni sacar el balón del área”.

Y es que desde que decidiera situarse al lado de su compañero y amigo José Ignacio Lucas, sus semanas son un ajetreo constante. A diario, baja a los entrenamientos para seguir al equipo y se ocupa de todo lo extradeportivo: “Hago los bocadillos, controlo las fichas, vigilo que no haya sancionados, llevo las estadísticas… Luego en el campo te ocupas de las equipaciones, el botiquín y lo que se necesite”.

Ahora, además, también realiza estas mismas funciones para el primer equipo desde hace tan solo un par de semanas. Aunque reconoce que espera que sea una coyuntura momentánea: “Es una situación circunstancial porque se han quedado sin delegado. Quieren que siga, pero yo no doy más de sí”.

Los mismos valores que transmite a pie de campo los ponía en práctica también dentro con el brazalete de capitán condecorando su brazo. Puede que por ello su máxima pase por el trabajo, el esfuerzo y la constancia: “Es lo que les intento demostrar a los chicos en estas edades tan tempranas. Esto ha sido lo que me ha caracterizado a mí. No he sido una estrella fuera de lo normal, pero el hecho de trabajar te hace estar siempre al pie del cañón”.

También les advierte de que el fútbol bello acaba en la etapa de juvenil: “No tienes mucha presión ni tampoco muchos compromisos. Después se bifurcan los caminos porque empiezan a aparecer las responsabilidades y ya pasan muy pocos. La vida te marcará el destino”. En su caso, continuó en el sendero del Conquense “B”, formando parte de la plantilla que consiguió el ascenso a Primera Autonómica en el año 2000. “En esta época hubo contacto con el primer equipo, pero ellos antes entrenaban en Madrid y tenías que ir allí. Me llamaron unas cuantas veces”.

Decidió probar fortuna fuera de la capital y se marchó al Campillo, pero la disolución del club no le permitiría siquiera acabar la temporada. En 2002, regresó a su segunda casa durante cinco temporadas: el San José Obrero. Con los rojillos consiguió otro ascenso a Primera Autonómica. “Me llamaron para convencerme del proyecto que tenían y conseguimos la categoría el segundo año”.

Justo cuando iba ya a colgar las botas, su compañero de vestuario José Manuel Poyatos le anunció que él también dejaría de vestir la camiseta del Obrero, pero para empezar a utilizar la pizarra de entrenador. No pudo decirle que no y continuó un año más: “Me dijo que me quería. Me convenció para quedarme otra temporada. Pero después ya me retiré por los compromisos familiares y profesionales”.

Lateral derecho, lleva a su espalda el peso de dos ascensos: “Es síntoma del trabajo bien hecho. Es una temporada en la que estás arriba y tienes la presión de no descolgarte, de engancharte, de luchar contra el líder… Llegar al final y lograr el objetivo es algo muy positivo”. Quién sabe si, este año, podrá sumar un nuevo ascenso con los juveniles, aunque en esta ocasión, como aquel que todo lo controla, pero nadie ve.

 

 

 

Comentarios