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Una lucha contra tu cuerpo

Foto cedida por la organización (Club Atletismo Cuenca)
Foto cedida por la organización (Club Atletismo Cuenca)

No hay deporte tan puro como el atletismo. En otros deportes, tienes adversarios, contrincantes, rivales, pero en este, cada uno lucha contra sí mismo. El límite lo marca tu propio cuerpo, y en superar esa barrera radica la belleza de este deporte. Crees que no eres capaz de batirlo, pero cuando alcanzas la línea de meta te das cuenta que venciste a tu maquinaria, la misma que en ocasiones te pide parar. El puesto da igual, lo importante es llegar.

Eso es lo que me sucedió en la pasada III Media Maratón de Cuenca. Mi primera media. Una odisea para un atleta amateur, como es mi caso. Sin preparación, sin la habitual nutrición que se necesita en el atletismo, me presenté, junto a varios amigos, en la salida de la prueba. Ante mí, 21 kilómetros que pesaban sobre todo en mi cabeza. ¿Seré capaz?

Mi primera impresión no fue buena. La mayoría de atletas formaban parte de clubs, ya sea con la intención de realizar una media más, o como entrenamiento para la próxima Media Maratón de Valencia (17 de noviembre), metas distintas a mi objetivo, que era terminar, junto a otros tres amigos.

Nuestro grupo, instantes antes de tomar la salida. Foto: José Carlos Hoyo
Nuestro grupo, instantes antes de tomar la salida. Foto: José Carlos Hoyo

Si bien mi preparación no fue exhaustiva, sí conocía de antemano el recorrido a realizar. Los primeros 5 kilómetros, por el Camino de San Isidro, son de bajada constante que sirvieron de preparación para la parte más exigente de la prueba. Con un ritmo lento, pero constante, los primeros kilómetros caían de forma relativamente sencilla. Aún así, en mi cabeza seguía rondando la cantidad de carteles que me faltaban por ver.

Tras esta bajada, se alcanzaba el camino de la Fuente de Martín Alhaja. Dos veces había que realizar este trayecto, por lo que decidí tomármelo con más calma todavía. El cambio de superficie, pasando de asfalto a camino, también lo notaron mis piernas, que comenzaron a mandarme avisos. Aún así, correr mientras bordeas el Río Júcar y observando la práctica de otros deportes en la zona, como el senderismo, piragüismo o escalada, dan fuerzas para continuar.

Al finalizar este camino accedías al carril bici de la carretera hacia Tragacete. Hasta entonces, ya había consumido 10 kilómetros en casi una hora, pero empezaba a afectar más a mi cabeza que a mi cuerpo. “Ni siquiera has alcanzado el ecuador”, pensaba. Mal asunto. Marchaba en un grupo de 7 corredores, que nos animábamos entre todos. Pero en este trayecto las fuerzas flaqueaban, por lo que empezamos a dispersarnos. Además, los calambres me llegaban en una fiesta a la que no les quise haber invitado, por lo que tuve que bajar mi ritmo.

Cualquier atleta habitual sabe lo que es convivir con tirones continuos en sus piernas, pero no uno amateur como yo. Traté de aguantar como pude, pero en el 14, prácticamente en el puente de Valdecabras, mis piernas dijeron basta. Aún faltaban 7 kilómetros y mi maquinaria andaba estropeada, por lo que tuvo que ser la cabeza quien pusiera orden. “¿Qué objetivo te habías marcado? ¿Terminar? ¡Pues sigue adelante como puedas!”. Y como pude, en soledad, seguí el camino, alentado por otros corredores, por los aficionados y por los voluntarios. Todos con palabras de ánimo, lo que en esos momentos te dan fuerzas para dar una zancada detrás de otra.

El segundo paso por el camino de la Fuente de Martín Alhaja se hizo interminable. Lo que había sido un paseo bastante placentero anteriormente, ahora se convertía en una senda sin fin. En cuanto relajaba un poco los músculos, trataba de retomar la carrera, pero apenas unos metros después me obligaban a parar. Cada kilómetro parecía alejarse. Pero en esos momentos de sufrimiento, nuevamente afloraba la cabeza. “Solo faltan 5 kilómetros”, me decía. Y así, en cada uno, hasta alcanzar el Recreo Peral, a tan solo dos kilómetros de la meta.

Ahí, se guardaba una sorpresa final, las famosas escaleras hacia Calderón de la Barca, un tramo inesperado y que corta el ritmo a cualquiera de los valientes que se atrevieron a realizar esta Media Maratón, aunque también eres consciente que una vez superado, la meta está prácticamente alcanzada.

El trayecto final, pasando por Carretería y República Argentina, aún con mis piernas desgastadas, se hace disfrutando. Estás a un paso. Te acuerdas de todo lo que has pasado hasta llegar ahí y lo cerca que tienes de conseguir tu objetivo, con las calles llenas de público jaleándote, independientemente de si eres el primero o el último. Todo eso te hace amar el atletismo. Y en el momento que cruzas la meta, te das cuenta, de que has logrado vencerte a ti mismo.

Tras cruzar la línea de meta. Foto: Marta López
Tras cruzar la línea de meta. Foto: Marta López

Este domingo se celebra la Maratón de Valencia. Habrá un nutrido grupo de conquenses disputando la prueba, por lo que desde eldeporteconquense os invitamos a que también queráis compartir vuestras vivencias. Quien lo desee puede enviar un correo a la dirección redacción@eldeporteconquense.es . ¡Ánimo a todos los valientes!


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