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Verdura tras un entrecot

Foto: Miguel Ortega
Foto: Miguel Ortega

Para que me entiendan, les daré unas instrucciones: cómanse, en cualquier restaurante decente, un entrecot con patatas.

El entrecot al punto, quizá un poco menos, que esté jugoso, con sal gorda. A las patatas añádale un poco de mayonesa si es de su gusto; si no kétchup (o nada, según las preferencias). Cuando se haya acabado esta maravilla terrenal creada para disfrutar, cómase un puerro. Un puré de verduras amargo, o un bicho, o cómase algo que le provoque arcadas. ¿A qué se les ha olvidado el sabor del entrecot? Pues eso nos ha pasado a nosotros.

Después de otro kerouackiano viaje de seis horas entre ida y vuelta a Hellín, de ganarles allí, en su casa, con su gente, con sus árbitros… Vienes a tu hogar, a tu calefacción (que no nevera, tronco), a los brazos de tu gente… y caes como un chinche. Pues es el mismo sabor de boca.

Pasadas las sensaciones, les contaré por encima el juego. En Hellín empezamos fantásticamente; ganábamos de diez o algo más al término del primer cuarto. Yo metí la primera canasta: un triple; y luego desaparecería como el humo de la chimenea en el invierno. Tenía a un pesado oliéndome el pecho cada vez que estaba en pista, y entre insultos, puñetazos y más insultos, intentaba defenderme. Pero no me paró él, fui yo solo. Él se enteró ese día de que al baloncesto se juega con un balón.

En realidad en Hellín fueron todos aprobados. Metimos canastas prácticamente todos, y así que me acuerde 5 puntos Adrián, 7 Mondi, 8 Dani, 14 ó 15 Castell… y luego Víctor, que estuvo otra vez en su top Curry, y con 20 puntos (y una defensa sobresaliente sobre Dani Fernández) fue el mejor de los nuestros. A pesar de que se acercaron en el marcador, nunca se pusieron por delante. Juan Pablo Gil fue el más peleón de los suyos (y el más limpio, el resto juegan al fútbol italiano), y no quería que se les escapara el partido, pero no había nada que hacer. Nuestra máquina estaba perfectamente engrasada y daba igual qué quinteto hubiera en pista: siempre íbamos por delante.

Contra Talavera… pues bueno, otro gallo cantó. No ganó el mejor, ganó quien más lo mereció. Ellos jugaron muy bien (la verdad es que no me explico cómo llevan solo 3 partidos ganados) y estuvieron bastante acertados. De hecho llegaron a ponerse 10 arriba. Nosotros peleamos todo el partido, pero las caras no eran las de Hellín. Nadie se levantaba por la canasta de un compañero, no se veía disfrutar a la gente en la pista, ni en el banquillo ni en la grada…

En un último empuje de desesperación y lucha, en el último cuarto nos llegamos incluso a poner por delante, si no recuerdo mal, y estuvimos a punto de llevarnos el gato al agua. Metí tres triples que nos hicieron creer y creímos, pero ellos fueron más inteligentes. Solo queda darles la enhorabuena y las gracias. Las gracias al menos yo, porque nos ganaron limpiamente; otros pierden tratando de dejar cadáveres por el campo. Las gracias por supuesto también a nuestro público, que se mantuvo activo durante todo el encuentro. Da gusto, de veras que da gusto, cuando juegas sintiendo el cariño de tanta gente. Gracias a todos.

Ahora Talavera es agua pasada; ya solo tenemos en nuestra mente CEBA, CEBA y CEBA, donde, recuperando la ilusión, las ganas, la fuerza, la lucha y la intensidad, estoy seguro que recuperaremos la victoria.

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