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Y a las vacaciones

Miguel Ortega durante un partido. Foto: Anne-Wiebke Peters
Miguel Ortega durante un partido. Foto: Anne-Wiebke Peters

Miguel Ortega vuelve a su columna tras unas semanas de ausencia.

Hola de nuevo, después de un par de semanas de desaparición. Entre exámenes, inglés y otros asuntos de carácter, no personales, pero que no os interesarían un cuerno, vuelvo por fin a las sendas de la escritura. Como ya he dicho, disculpen mi desaparición.

De todos modos no hay mucho que decir, además de la vergüenza que supone haber perdido dos partidos seguidos (Talavera y Miguel Esteban) que no estaba claro que nos pudiéramos permitir perder. En fin, estas primeras líneas las escribo desde la rabia y la indignación, pero creo que todos los que están próximos a este mundo lo entienden. Para los que no, joder, es perder dos partidos seguidos, qué esperan, ¿sonrisas?

Pero para seguir, decir también que el otro día dimos bien de espectáculo en la Esperanza Calvo. Desde el minuto 1 en el que empezó el partido, y hasta el 40 que terminó, dominamos en el campo de una manera abismal, nuestro colchón en el primer cuarto ascendía a 21-9, si no me equivoco. Bien es cierto que el segundo cuarto no fue igual de bello (si el partido hubiera seguido con los mismos parciales, hubiéramos acabado 84 – 36), y los toledanos apretaron un poco la defensa para sujetar nuestro ataque. También anotaron algo más, lo que hizo que se recortaran las distancias a los 7 u 8 puntos, incluso menos en algunos momentos muy puntuales del partido.

El tercer cuarto tuvo dos mitades. En la primera, Toledo seguía la misma tónica que en el segundo cuarto. Mejores defensas y ataques más efectivos (aunque siempre de manos de los mismos hombres) para mantener las distancias lo más cortas posibles, e incluso remontar poquito a poco. La segunda mitad fue similar al primer cuarto: Cuenca seguía un ritmo de juego que los toledanos no podían resistir. Era demasiada velocidad para ellos. Además, estuvimos fantásticos en el rebote durante todo el partido, lo que nos permitió realizar algunos contraataques y meter así puntos fáciles. Finalmente, el último cuarto fue una extensión temporal de esta segunda mitad del tercero. No conseguían frenar nuestros ataques y chocaban en nuestros muros cada vez que pretendían anotar, con un resultado final de 66-42 (42 porque metieron un triple sobre la bocina desde medio campo, si no los habríamos dejado en menos de 40 puntos; y sin bajas importantes en su equipo).

Final feliz como ven para terminar este año 2015 y tratar de retomar con ilusión el 2016. Pero siempre cabe la pregunta de que, si hemos ganado a los segundos por 24 puntos, haciendo buen juego y viéndose nuestra superioridad en el campo en todo momento, ¿por qué estamos tan hundidos en la tabla? ¿Podríamos llevar mejor temporada? ¿Hemos hecho todo lo que hemos podido? Como estas preguntas son personales e intransferibles para cada uno de nosotros, aquí escritas quedan sin respuesta. Pero sería interesante reflexionar durante las navidades, y responderse cada uno a sí mismo antes del primer entrenamiento, para retomar la temporada con la seriedad, ilusión y ganas que requiere.

Feliz navidad, próspero año nuevo, una casa chula, un coche que te cagas, y otros deseos oscuros que en un medio público no se deben desear. Feliz 2016.

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