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Atención: “Somos lo que comemos”

Estos días me ha sorprendido leer este mensaje en un envoltorio: “E129: puede tener efectos negativos sobre la actividad y la atención de los niños”. Y me ha preocupado porque está en un caramelo de palo en forma de corazón, que todos hemos comido alguna vez, una piruleta de la marca Fiesta. ¿Cómo es posible que en un caramelo destinado a niños se utilice un colorante que puede tener efectos negativos? Sí, seguramente hay que comerse 200 piruletas para que tenga dicho efecto, pero ¿No hay alternativas?

Hace ocho años la Unión Europea aprobó el Reglamento 1333-2008 sobre aditivos alimentarios. En este reglamento aparecía una lista de colorantes alimentarios que si eran usados en un alimento, las empresas debían incluir información adicional en su etiquetado, como la que aparece en la piruleta. Y esta es la razón por la cual, estos días también hemos visto como un medicamento, prescrito para niños (Dalsy), ha estado en los medios de comunicación. Este medicamento incluye un colorante (E110) parecido al anterior, que está en la lista, y que por lo tanto, la información debería aparecer en el prospecto, según la normativa europea. Quizás se ha levantado una alarma injustificada, pero también es cierto que vuelve a poner sobre la mesa el uso de sustancias sospechosas y la desinformación de los consumidores sobre lo que comemos.

Toda esta información aparece en caramelos, medicamentos y todo tipo de alimentos que todos los días tomamos, y si no tenemos la curiosidad de leer las etiquetas o prospectos, desconocemos.

Somos lo que comemos, lo que ingerimos cada día y por ello es una responsabilidad individual saber qué contienen los productos que consumimos cada día. Pero también es una irresponsabilidad de las empresas no informar claramente sobre ello. Y qué podemos decir de las grasas hidrogenadas, grasas “trans”, que todavía sobreviven en algunos alimentos diarios y que ya han sido prohibidas en otros países como Estados Unidos, donde no predomina el principio de precaución en algunos temas de seguridad alimentaria.

Este verano veía despavorido como niños menores de 5 años comían galletas y bolsas de patatas sin parar, día tras día, en las calurosas tardes de piscina. La obesidad infantil crece en España de manera silenciosa y no solo porque los niños son cada día más sedentarios sino también porque lo que les damos de comer, de merendar o de cenar no es lo mejor para su salud.

Les propongo un juego. ¿Saben qué alimento contiene estos ingredientes: magro de cerdo, panceta de cerdo, sal, pimentón, ajo y especias? Tic, tac, tic, tac,… Efectivamente una ristra de chorizo. Si tienen la posibilidad de encontrar un chorizo con estos ingredientes y sin aditivos y conservantes artificiales, serán afortunados.

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