Las cosas de una especie extraña

Las cosas de una especie extraña

Compartir

En más de una ocasión he dicho que este, el mundo que habitamos, es un lugar extraño. Pero creo que debo retractarme de mis palabras, creo que me equivoqué. No existe ningún lugar extraño; existen lugares por habitar, independientemente de quien sea quien pise la tierra. Los extraños somos nosotros.

No quisiera dar un mitin ecológico (que podría) sobre cómo somos capaces de cargarnos lo que nos da la vida. Nos preocupamos más por los aparatos que emiten Wi-Fi para nuestros teléfonos, que de los árboles que emiten oxígeno para nuestros pulmones. Y para chasco, el otro día El País recogía una noticia cuyo contenido venía a decir que en torno al 20% de los gases que destruyen la capa de ozono son “gases nobles” de los animales –incluidos el hombre-. Vamos, que nos estamos cargando la capa de ozono a pedos.


Quisiera hablar, en unas poquitas líneas, de que en general, somos tontos. Somos la especie que cambia de coche antes de que este sea irreparable o inutilizable. Cambiamos de cartera aunque la nuestra esté en perfecto estado, y cambiamos de hospital aunque se pueda mejorar el que tenemos. En cambio, al gobierno regional se le ha metido entre ceja y ceja cambiar de hospital en Cuenca, invertir una millonada en una cosa absurda, para poder hacerse la foto y ponerse la medallita. Ya veremos cuántos disgustos trae en un futuro, teniendo en cuenta que por la mitad de dinero, tendríamos un Hospital Virgen de la Luz en perfecto estado, ampliado, mejorado, renovado y con proyección de futuro. En fin, cosas de una especie extraña.

Comentarios