Un disfraz de campanada

Un disfraz de campanada

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En Nochevieja mucha gente se disfraza para dar la bienvenida al nuevo año. Es una forma de pasarlo bien cambiando lo que nosotros mismo somos por algo radicalmente distinto. Pero ese mismo día, hubo un disfraz que perdió el carácter cómico e inocente. El sexismo y la vergüenza se disfrazaron de independencia y dignidad en la figura de Cristina Pedroche. Un año más, el vestido de la presentadora fue el reclamo para elegir las campanadas en su cadena. La excusa es ver qué muestra de su cuerpo cada año y francamente si sigue así, ella va a ser su mejor diseñadora.

Cada uno viste como quiere y es libre de elegir su vestuario. Pero algo inofensivo como el vestido de Nochevieja de una presentadora de televisión, puede convertirse en peligroso si se nos vende como un hito de evolución del papel de la mujer. La mujer no evoluciona mostrando más carne de su cuerpo o llevando tres tallas menos. De hecho el reclamo de audiencia a través de Cristina Pedroche es solo la confirmación de supervivencia de ciertos escollos machistas en la sociedad.

La azafata de las campanadas solo es un cebo para atraer a la audiencia. Un gancho publicitario para ganar el share a la competencia en un evento en el que no hay diferencias con ella. Doce campanadas para comer doce uvas; lo mismo da pulsar el uno que el tres en el mando a distancia. Pero añadiendo el factor cabaretero y sexual a la emisión se consigue la diferenciación.

Cristina Pedroche es marketing empresarial pero nada tiene que ver con feminismo ni con dignificación de la mujer. No podemos comprar publicidad encubierta sin cuestionárnosla. El vestido y el cuerpo de la Pedroche es un llamamiento a los sentidos y a nuestra faceta más primaria. No es una mujer lo que se nos ofrece, es un objeto con un llamativo envoltorio.

Las campanadas en televisión ya son el gran disfraz de la Nochevieja, solo eso, un disfraz. El marketing disfrazado de familiaridad, el sexismo disfrazado de dignidad, los lobos disfrazados de corderos, la mujer disfrazada de objeto y Cristina Pedroche, una sombra de sí misma.

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