País de rebien

País de rebien

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De un tiempo a esta parte hemos visto tres ejemplos de orden y de buen hacer en España. El primero fue la encarcelación en prisión preventiva de “los titiriteros”, malnaciados terroristas que cuando se les contrató no advirtieron de su carácter violento. El segundo fue “el autobús”, cuando unos cuántos locos decidieron llevar el mensaje por España de que los transexuales son los hijos del mal, defendiendo su necesaria eutanasia preventiva y proclamando su radicalización con mensajes como “muerte a la transexualidad”, o “lo dicho serafín, aquí está vuestro fin”. Por último, el denigrante y vergonzoso carnaval de Las Palmas. Esa lasciva festividad donde la Gala Drag Queen premió (y cito textualmente el titular de la noticia del periódico ABC de 5 de marzo) “a la “blasfema” Sethlas”. Denigrante que, para un país de bien como este, no se puede consentir un espectáculo en una festividad determinada para que se satirice así a lo más grande del Reino.

Y es que estos radicales a la izquierda y derecha del centro político no entienden que lo mejor es estar callados. Que hay que ser objetivos al extremo. No entienden que lo que uno opina, al otro le jode, y que en lugar de opinar lo contrario, se va corriendo al Juzgado como alma que lleva el diablo. Que lo más ético es que ninguna festividad, representación u opinión, despierten las necesidades de justicia del león hambriento. Que somos lo que comemos, y la libertad de expresión (en cualquiera de sus formas o manifestaciones) son esas espinacas que al final te dejas en el plato.

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