Shakespeare ha muerto

Shakespeare ha muerto

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Españoles, Shakespeare ha muerto. Ahogada en la incultura, la sociedad ha cavado su propia tumba junto a la de la Literatura Universal. Hemos apuñalado al humanismo pensando que no nos desangraremos por la ignorancia y el conformismo. La herida está abierta, la infección extendida, la gangrena asegurada.

Nos están arrebatando nuestra parte más humana, la que nos hace diferenciarnos de animales o máquinas, la que hace que sintamos, que amemos, que riamos, que lloremos… Quieren que seamos instrumentos que ni sientan ni padezcan. Nos quieren quietos. Nos quieren callados.


Al eliminar Literatura Universal del Bachillerato, acabamos con siglos de historia, con siglos de letras. Defecamos sobre Kafka, Brecht, Víctor Hugo o Dostoievski y nos limpiamos el culo con el espíritu emprendedor mientras el crítico se va por el desagüe. Escribía Óscar Wilde en El Retrato de Dorian Grey: “Hoy día la gente conoce el precio de todo y el valor de nada”. Todo se ve desde un prisma economicista hasta el punto de que las personas son consideradas como capital humano. Y desde esa perspectiva ¿para qué sirve la literatura? La emoción del espíritu no se ingresa en una cuenta, pero es una inyección que hace que la vida cuente.

Hemos entregado el alma a las máquinas, que nos sobreviven, que nos matan y que nos hacen menos nosotros. Pero si queremos encontrarnos, solo en las letras podemos hacerlo, solo en los versos nos encabalgamos con el corazón, solo en la literatura nos mudamos de la realidad. Solo leyendo, somos leídos, solo conociendo nos conocemos, solo entendiendo nos entendemos.

Enamorémonos de la Laura de Petrarca, subamos a los cielos y bajemos a los infiernos con Dante, vivamos la angustia de Emma Bovary. Si quieres venganza conoce a Hamlet, si anhelas lo que nunca llega espera a Godot, si te consideras diferente quizás te transformes junto a Gregorio Samsa.

Tan cerca de la llegada del día del libro (el de Shakespeare y Cervantes), quemamos las páginas de las cabezas de nuestros estudiantes. Prendemos fuego a la metáfora, al símbolo, al hipérbaton… en la guerra contra las artes. Recogemos las cenizas de la insensibilidad y seguimos mirando una pantalla que no rima, que no expresa, que no nos mueve por dentro.

Los individuos a los que tenemos por líderes quieren que estemos, pero no que seamos.
Primero fueron a por la filosofía y no dijimos nada porque no éramos filósofos. Luego vinieron a por la literatura y no dijimos nada porque no éramos literatos. Cuando vengan a por nosotros no tendremos armas para combatirlos. No abandonemos a las Humanidades a su “solución final”. Salvemos lo que nos hace humanos. Ser o no ser, esa es la cuestión.

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