Incultura general

Incultura general

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La cultura cada vez es un bien menos preciado en esta sociedad sumida en la mediocridad en la que a un tal Froilán le regalan un título universitario y una tal Belén Esteban lidera las ventas de libros. Nos hemos “desculturizado” hasta el punto en que una prueba de cultura general supone sudores fríos y dolores de cabeza a los que han de enfrentarse a ella. Porque la cultura ya no es un activo ni se trabaja por tenerla y solamente nos consolamos con saber más que unos ridículos personajes que dicen en televisión que Ortega y Gasset eran dos personas diferentes.

¿Dónde está el problema? Seguramente en todos los ámbitos. La educación, los medios de comunicación, la tecnología, la política, la sociedad… Porque la televisión ofrece basura, pero es basura lo que consume el público. A la gente le gusta ver el día a día de unos famosillos de tres al cuarto en una isla del Caribe pero no se interesan por conocer nada de esa isla, de ese mar o del enclave geográfico. A la gente le gusta ver los líos amorosos de unos jóvenes sentados en un trono, pero claman por redes sociales cuando se interrumpe la programación por la abdicación del ocupante del de España.

La educación de la valía cuantificada en una nota, provoca la búsqueda del resultado y obvia el valor del proceso. Lo importante es sacar un 8 en lugar de saber llegar a él sumando 4 más 4. La adquisición de conocimientos se enfoca a expulsar lo estudiado en un examen en vez de a ingerir contenidos y asimilarlos para obtener un bagaje cultural. Se ha priorizado aprobar por encima de aprender, memorizar por encima aprehender y por el contrario, conformarse por debajo de emprender.

La tecnología, siendo de una utilidad incalculable, se ha convertido en un arma de doble filo. Google ha hecho que la cultural general pierda interés ya que toda duda puede ser resuelta a golpe de buscador. Basta con teclear “autor”, “Quijote”, para que el primer resultado sea Miguel de Cervantes. Además Twitter ha llevado a limitar la capacidad de atención a un puñado de caracteres, Youtube a 30 segundos… La ortografía ha encontrado en Whatsapp un paredón de fusilamiento y la inmediatez de la mensajería instantánea ha matado a la redacción y las propiedades del texto: ya no hay coherencia, cohesión ni adecuación.

Esta enferma terminal que es la cultura, aspira ahora más a milagros que a cuidados paliativos. Se está muriendo y grita desesperada desde los libros, desde los teatros, desde los museos… Pero de todo lo que desde la lejanía vocifera llegan tan solo palabras descontextualizadas como “Sálvame”. Los últimos “Supervivientes” de este holocausto cultural verán cómo se consumen las “Mujeres, hombres y viceversa”.

Pueden empezar la prueba de incultura general.

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