El gato de Puigdemont

El gato de Puigdemont

Compartir

La reencarnación es más verosímil de lo que se podía imaginar. Hasta hace unos días, jamás hubiera imaginado que un científico de la primera mitad del siglo XX pudiera reaparecer en el cuerpo de otra persona. Ahora sí, y no podía ser en otro lugar que en Cataluña, donde llevan tiempo sucediendo acontecimientos insospechados e inimaginables.

El pasado martes, el fenómeno tuvo lugar en el Parlament de Cataluña cuando subió a la palestra Erwin Schrödinger como President de la Generalitat. Investigador de los terrenos de la mecánica cuántica y la termodinámica, por aquellos momentos de la vigésima centuria, se habría decidido a ir un paso más allá experimentado con el independentismo. Toda una labor de física cuántica nacionalista. Todo un reto.

Mediante el mismo experimento que le hizo famoso con ese gato que lleva su nombre, se propone dar explicación a las interpretaciones más contraintuitivas del proceso catalanista como ya hizo con la mecánica cuántica. Carles Puigdemont, es en quien se ha reencarnado Edwin Schrödinger. De su nacimiento en el imperio austrohúngaro en 1887 a su reaparición en lo que ya puede considerarse el conflicto hispanocatalanista. Le gustan las cosas que son y no son a este científico, las que están vivas y muertas.

El gato de Schrödinger es el de Puigdemont. Tiene más de siete vidas. En el experimento concebido en 1935 hay un gato, una caja opaca cerrada, un recipiente con gas venenoso y una sola partícula radiactiva con una probabilidad del 50% de desintegrarse en un tiempo dado y provocar la muerte del felino. Sucede que las probabilidades de que el animal esté vivo o muerto tienen el mismo valor, 50%, por lo que podemos afirmar que los estados “vivo” y “muerto” se superponen hasta que la caja se abra por lo que el gato estará vivo y muerto al mismo tiempo. Tan sencillo como complejo.

El experimento de 2017 ha ido un paso más allá. Tenemos un gato: la independencia, un caja opaca cerrada: el referéndum y la Ley de transitoriedad catalana; un recipiente con gas venenoso: el Govern de la Generalitat y una partícula con una probabilidad del 50% de desintegrarse y provocar la muerte de las instituciones catalanas. En estos instantes, y dando respuesta al experimento de Carles Schrödinguer, Erwin Puigdemont o quien diantres sea este genio, Cataluña es independiente y no independiente al mismo tiempo. Dos estados superpuestos que quedan en suspensión.

Cataluña es España y no lo es a la vez, pero en espacios diferentes del universo. Ambos son reales y coexisten pero son incapaces de interactuar entre sí por la decoherencia nacionalista cuántica. Antes de abrir la caja, el independentismo ya conoce el estado en que se encuentra, y ya sabe si ese gato ha colapsado. Pero para los experimentadores que ven la caja desde fuera, la independencia se encuentra todavía en estado de superposición. Solamente cuando la caja se abra, ambos observadores tendrán la misma información sobre el resultado final.

La independencia se declara y se suspende, el gato está vivo y muerto. De modo que no sabremos qué ocurre hasta que Puigdemont la abra (pero de verdad), o hasta que directamente alguna medida drástica como el artículo 155 de la Constitución Española la desintegre. El gato de Schrödinger es solo una metáfora para explicar un dilema cuántico, el de Puigdemont también. Haya lo que haya dentro de la caja, la lógica nos invita a pensar en que no hay nada que hacer por ello, pero no todo en el mundo se rige por la lógica, ¿o sí?

Quizás ese gato sea español y catalán lleve senyeras y rojigualdas, , sea patriota e independentista. Quizás esté más muerto que vivo o más vivo que nunca. Quizás haya dos realidades superpuestas. Quizás.

Comentarios