La tiranía de los muertos

La tiranía de los muertos

Compartir

Creemos que no, pero en verdad el catalanismo ha ganado una batalla muy importante; tan grande, que puede declinar la balanza de la guerra entera (haciendo una analogía, por desgracia, cada vez menos esperpéntica). Cada vez que sale un policía zurrando a un pobre manifestante, hemos perdido una batalla. Cada vez que sale Junqueras, Rufián o Puigdemont (de quienes me guardo mi opinión personal) diciendo que el poble de Cataluña está siendo constantemente atacado, que su autogobierno está amenazado, y que el Tribunal Constitucional no hace más que putearles, hemos perdido otra batalla. Cada vez que salen diciendo que la Constitución está votada por muertos que ya nada tienen que ver en el siglo XXI, hemos perdido una batalla.

Y hemos perdido una batalla porque, además de que –parte de- su poble se lo cree sin rechistar, y asiente como oveja que va al acantilado, nosotros callamos y somos cómplices de sus mentiras. Y somos cómplices por no poner una foto de qué estaba haciendo el manifestante independentista antes de ser tomada la foto donde se le zurra (quiero recordar las cargas policiales en las manifestaciones por la sanidad y la educación; cargas infinitamente más “violentas”). Somos cómplices por no advertirles a Rufián, Puigdemont y compañía que no han acatado ni una sola de las resoluciones del Tribunal, salvo la STC 42/2014 que resolvía favorablemente para el Parlament sobre la Resolución del Parlamento de Cataluña 5/X, de 23 de enero de 2013, donde se aprueba la Declaración de soberanía y el derecho a decidir del pueblo de Cataluña. No, no reconoce el derecho a decidir; reconoce que el Gobierno catalán pueda tener la pretensión de, por los cauces legales, ser un territorio independiente. Y somos cómplices, entre otra infinidad de cosas, por no recordarle al ignorante de Junqueras, que dice ser historiador, que el término “la tiranía de los muertos” no la acuñó Thomas Jefferson, si no James Madison (cuarto presidente de los Estados Unidos de América) y Alexander Hamilton (Secretario del primer presidente de EE.UU, George Washington) en “The Federalist Papers”. Y por supuesto, no decían que la Constitución hubiera que votarla cada 25 años. Exponían la imposibilidad de encontrar un modelo de Constitución perfecta, porque una muy rígida no se adaptaría a los tiempos, y una muy flexible estaría en constante cambio, y como norma fundamental no sería útil.

Siento lo extenso que he sido esta semana, pero la pasada no escribí, así que tomen dos tazas. Siento también lo calenturiento de este artículo. Pero he decidido no ser otro imbécil que esté dispuesto a perder otra batalla, como tantas que hemos perdido, ni por supuesto a dejarme vencer a la primera.

Comentarios