Stranger Things

Stranger Things

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En este pequeño pueblo del sur de Europa están empezando a pasar cosas muy raras. El exceso de fuerzas electromagnéticas entre polos opuestos que se atraen ha abierto un portal hacia otra dimensión más oscura, más fría; terrorífica. El mundo del revés en el que los villanos controlan el espacio y el tiempo amenaza con consumirlo todo.

Si no has visto la temporada 1 de la serie “Stranger Things” y no te interesa el procés catalán, te recomiendo que pares de leer aquí y ahora pues más allá de este párrafo solo encontrarás un nido de spoilers, divagaciones político-cuánticas y cosas extrañas.

España se ha roto en dos mundos que parecen irreconciliables. Nos movemos en las dicotomías del ser y el poder ser, del estar y el deber estar, del parecer sin aparecer. Hay quienes son independentistas sin tener las vías legales y democráticas para poder serlo. Hay quienes quieren estar fuera de la convergencia y de la unión cuando deben estar más juntos que nunca, hay quienes parecen luchar por la causa pero no aparecen para defenderla.

En los confines entre ambas dimensiones puede haber monstruos. El Demogorgon independentista amenaza con consumirlo todo y cuando aparece, las luces de la razón se apagan. Las mismas luces que sirven para comunicar un mundo con el otro mediante mensajes breves y limitados como DIU ó 155. Además, el monstruo huele la sangre y aparece cuando la coyuntura política está herida y el grupo dividido.

Esta serie ya la hemos visto antes, con su ambiente ochentero y su terror logrado mediante la tensión. Ya hemos visto desaparecer al niño de la inocencia y la convivencia y ocultar su evaporación con mentiras y falsos cadáveres del talante democrático. Ya hemos visto como se persigue sistemáticamente y desde ambos mundos a Once, ese artículo de la Constitución que habla de la nacionalidad española, niega la privación de la misma y admite su dualidad con aquellos países que tengan vinculación. Unos quieren apropiarse de esta directriz básica llamada Once, otros destruirla.

Nos encontramos en un contexto difícil y peligroso. Parece ser que una vez abierto el portal hacia el mundo del revés es difícil destruirlo. Aunque se destruya al Demogorgon, la puerta sigue abierta y aquellos que han pasado demasiado tiempo al otro lado no pierden su vinculación con él. El espíritu democrático de Will Byers ha desaparecido y las únicas formas de poder dialogar con él son mandar señales de luz o directamente cruzar el portal que lleva a ese otro mundo que replica lo peor del nuestro.

Tal vez podamos meter a Once en un tanque de aislamiento sensorial y establecer contacto. Tal vez para acabar con el Demogorgon haya que sacrificar a nuestra heroína. Tal vez los monstruos no nacen solos sino que son creados y solo se pueda acabar con ellos mediante los mismos mecanismos usados para erigirlos.

Falta que los descreídos empiecen a creer. Faltan determinación, talante, diálogo, altura de miras y conciencia política y ciudadana. Cosas extrañas.

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