Estereotipos

Estereotipos

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Tras décadas observándonos, es normal que los alienígenas tengan un juicio hecho sobre nosotros. Prejuicio tal vez, porque no nos hemos tomado un café con ellos (aunque en mi opinión, uno se define por sus actos cuando cree que nadie lo mira). Lo que es seguro, es que estarían alucinados, y ahora que se cumplen 15 años de la catástrofe del Prestige, sería buen momento para que vinieran a decirnos qué opinan de nuestra forma de ser. Yo creo que dirían dos cosas. Primero, se preguntarían cómo se mantienen en los círculos de poder los que han demostrado en tan numerosas ocasiones una ineptitud congénita para la política.

Después, creo que dirían que somos gente muy diversa. Demasiado quizá. Que mientras los catalanes (perdón: sus gobernadores) se quejan porque pagan una miseria porcentual más que el resto de las regiones españolas, los gallegos (no sus gobernantes: los gallegos, y el resto de voluntariado nacional) limpian lodo con sus propias manos, con sudor y esfuerzo, y apagan fuegos a pisotones si es necesario. Y encima se preguntarían por qué narices somos tan permisivos con los primeros y tan estrictos con los segundos, así como con el resto de regiones cuyos gobernantes no tienen ínfulas megalomaníacas. O por qué dejamos que cada diez años los primeros se levanten pidiendo reconocer sus hechos diferenciales (es decir, que el resto reconozcamos que son mejores; porque temas como el idioma, el derecho civil, o el Estatuto, ya no son excusa) y los segundos siguen sudando por hacer de su tierra una tierra más fértil. O quizá, lo que opinan de nosotros son meros estereotipos.

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