La “pompeyana” catástrofe culé

La “pompeyana” catástrofe culé

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La grandeza de la Champions reside en esa capacidad para engrandecer al más pequeño. En esa esencia que envuelve los principales campos de fútbol de Europa haciendo renacer la verdadera esencia anárquica de un deporte donde los grandes cada vez son más gigantes. La Roma se hizo grande en la Champions, en un Olímpico romano que también será recordado por albergar el encuentro donde el conjunto de la loba pisó otra vez la alfombra roja del fútbol europeo entrando por la puerta grande: venciendo 3-0 a uno de los equipos más fiables del viejo continente desde comienzos de temporada. Un Barça sin rumbo en la eliminatoria, caracterizado por una racanería injuriosa ante el defendido estilo barcelonista, ni siquiera salvable por su D10S, no salió vivo de la debacle colectiva que se vivió en la capital italiana ante un equipo luchador, sacrificado y con un entrenador que ganó la batalla táctica del encuentro.

El debate del resultadismo contra el juego se ha instalado de lleno en Barcelona con esta catástrofe deportiva. Pese a que la eliminación en el encuentro de vuelta en Roma no sea fruto de una posible actitud resultadista del cuadro culé, la única excusa del Barça para luchar contra las críticas con respecto a su juego se vino abajo. El encuentro de ida no fue, ni mucho menos, lo que el resultado reflejó. El modo en que el Barça consiguió ese 4-1 frente al conjunto de Eusebio Di Francesco era casi más peligroso para los hombres de Valverde que para los romanos. Me explico. El ganar por tan holgada renta podía retener en la mente de los futbolistas culés la idea de que con el juego exhibido en el Camp Nou se iba por buen camino. Nada más lejos de la realidad. El FC Barcelona consiguió un resultado que se alejaba, muchísimo, de lo que se había visto sobre el campo. La Roma no cambió en esta vuelta, sabiendo que su encuentro en Barcelona había sido notable. Los de Di Francesco se adecuaron a una situación de máxima necesidad en el resultado y cuajaron una de las actuaciones colectivas más enormes que se recuerdan, ante un rival muy superior en casi todas la parcelas y con un Edin Dzeko exuberante en todas las facetas ofensivas del juego.

Sin querer entrar en un mayor análisis de un partido que requeriría muchísimo tiempo desgranar por completo y que no quedaría enteramente sujeto al análisis por el grandísimo factor emocional, quería mencionar/denunciar el arte que tiene el periodismo para ponerse en ridículo él mismo saltándose a la torera un valor deportivo tan sencillo como es el respeto por el rival. Sabiendo que estamos tratando una competición regida por un pequeño, pero palpable factor anárquico, dentro de un deporte donde lo ilógico se impone a veces, es una muestra de poco conocimiento del mismo el hecho de dar a un rival por vencido antes de tiempo. Gran cantidad de medios trataron la eliminatoria como si de un paseo se tratase. Y no estoy adhiriéndome ahora al bando de los que pensaban que la Roma iba a pasar de ronda. No. Eso sería un pensamiento fuera de toda lógica desde el primer momento. El Barça era favorito. Y si mañana se volvieran a enfrentar lo volvería a ser. Pero en la Champions, como en todo deporte, cualquier equipo te puede vencer aprovechando un buen momento y un bajón tuyo. Por estas noches vale la pena seguir creyendo en esa chispa de emoción en un fútbol moderno que pocas veces sorprende tanto como lo hizo ayer.

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