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Sudar del protocolo

El tema de esta semana era demasiado fácil. Una cabrona con pintas que se exime de toda responsabilidad echando mierda sobre una Universidad y su Rector, con el que probablemente se iría a tomar un par de cervecitas y le diría “oye, mira a ver si puedes, anda, por fi, con lo que tú y yo somos”. Así que voy a plantear otra cuestión: E.E.U.U es la policía del mundo, cuando le viene bien. Ahora que Trump está entre la espada y la pared con aquella bailarina sexy cuyo silencio intentó comprar (pero se le olvidó firmar el contrato), se acuerda de las bombas de Siria. Bombas que según Rusia (muy de fiar también ahora en época post-electoral con intentos de asesinato, asesinatos y encarcelamientos; curiosamente solo sobre los opositores a Putin) no existen ni han aparecido, ni tampoco sus víctimas.

En cualquier caso, el protocolo internacional exige que la O.N.U mande a X observadores objetivos durante un período determinado de tiempo para comprobar la veracidad de las acusaciones; y en función de esos informes, el Consejo de Seguridad y la Asamblea General decidirán qué se pude y qué no se puede hacer. El epicentro, la historia, el meollo de este asunto es que a Trump le suda sus partes pudendas Siria y los sirios, el ISIS, los locos que entran en institutos armados hasta los dientes a matar niños, los negros a los que matan los policías de su país, los Derechos civiles de los ciudadanos americanos y extranjeros; y así, todo lo que no tenga que ver con su ego, su peinado y su cartera. Evidentemente, se la suda el protocolo, porque lo único que quiere es empezar una guerra que tape sus escándalos y desvergüenzas. Guerra que a él le va a sudar, y de la que las pelis que se hagan los pondrán de heróicos francotiradores, militares fuertes, sudorosos y valientes, y que fueron ellos quienes lo empezaron, nosotros defendíamos el bien; tapando por supuesto el ego del tirano que nos va a llevar a esta debacle.

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