Y esta vez las lágrimas fueron de alegría

Y esta vez las lágrimas fueron de alegría

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¿Se acuerdan del 27 de mayo en El Sargal en un partido entre el Ciudad Encantada y el Anaitasuna, pues cuando quieran pueden ir olvidándolo y quizás ahora es el mejor momento, con la resaca después del sábado creo que es la mejor opción

Y es que ahora toca señalar en rojo un 19 de mayo de 2018, pueden coger un bolígrafo y le ponen un círculo a ese día en su calendario porque es el día en el que el Ciudad Encantada ha entrado en la historia de Europa, atrás quedan las lágrimas por no entrar en Europa un año antes, por no jugar Copa Asobal o por no jugar Copa del Rey y quizás no lo valoremos hoy como es debido, pero lo haremos en una fechas, recuerden cuando el equipo se jugaba el no descender hace cuatro años y después analicen estos dos últimos cursos vividos. Que el Ciudad Encantada ya no es el equipo de los ‘casi’, ahora es el equipo de las estrellas de Europa y el que “ha ganado el alma de los conquenses”, con esa frase me quedaré, frase del entrenador Lidio Jiménez y del preparador físico Álvaro Cañada.

Desde fuera todo ha sido disfrute y sufrimiento, pero desde dentro es como decir: “Joder, ya merecíamos algo así, ya merecíamos algún premio”, y es que ver las lágrimas de Sergio López y el abrazo con su madre y recuperar la misma imagen de un año anterior hace ver todo lo que significa, como esas lágrimas se han convertido en alegría y como una ciudad entera ha pensado solo en balonmano, aunque sea solo por un día, incluso he visto como todos los grupos políticos felicitaban al club, seguro que ahora también se acordarán de ayudarle en su andadura por Europa viendo que es un gran embajador…

Me decía un buen amigo llamado Juan, vino a propósito desde Valencia y lleva siguiendo el balonmano tres años, “solo me apetecía llorar al ver el ambiente, los jugadores, a Lidio, a Javi a la afición el poder conseguir lo que han hecho”, y al final me quedo con eso, con ver a tanta gente colmada de alegría de como el deporte hace olvidar los problemas que puedas tener, de como un equipo ha levantado una ciudad y de sentir que somos un poco más grandes.

Porque todo fue perfecto, hasta las despedidas, porque el último tiempo muerto para ovacionar a los que se van, no me digan que no es para que se te pongan los vellos de punta, fue sencillamente sensacional. Y es que mientras escribo esto, aún sigo emocionado, quizás no seré nunca un buen periodista con artículos así y seré más un periodista de bufanda, pero me apetecía contar lo sucedido a mi manera, que seguro que no es la mejor, pero es una forma más de ver que el deporte une personas, que une sentimientos y que deja momentos para el recuerdo.

Yo en esos recuerdos me llevaré éste, porque dudo que haya una familia similar a ésta en cualquier club del mundo. Donde los jugadores tienen un feeling especial con su entrenador, donde la directiva solo está dispuesta a sumar sin mirar intereses personales, donde existe un gerente que necesita 27 horas al día para poder llevarlo todo el orden, donde hay un Jaime Torrijos que pone su patrimonio y conocimientos a disposición del club, donde hay un médico que aprovecha sus fines de semana para estar con el equipo, donde hay unos preparadores físicos y fisios que apuestan por el Ciudad Encantada anteponiéndolo a su propia vida, donde existen personas tan entrañables como Zabala o Chavo que parece que no pasan los años por ellos, y no por las canas, si por la ilusión que siguen manteniendo y donde hay una afición que busca su garganta al día siguiente porque la perdieron animando. ¿Hay algo más bonito que eso?, yo no lo creo, este es el amor verdadero y la suerte al final se enamoró del Ciudad Encantada, ahora preparen la bandera de Europa y sigan emocinándose con el equipo que tanto les ha dado.

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