España se inmola

España se inmola

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Entre tanto revuelo mediático, quizás hayamos olvidado que este jueves empieza el Mundial de Rusia 2018 y que un día después se estrena la España de… Fernando Hierro. En 5 minutos, si quieren ser más estrictos en 16 horas, la selección española ha finiquitado una etapa de dos años de Julen Lopetegui al frente. ¿Justo? ¿Merecido? ¿Caótico? ¿Irrespetuoso? Pónganle el adjetivo que más se adapte a sus pensamientos, pero la realidad es la siguiente, España se inmola.

Sí, puede que finalmente los resultados terminen tapando los hechos actuales y que todo termine en una broma, aunque para ello España debería alcanzar una ronda importante en este Mundial. Como suceda todo lo contrario, la vorágine (des)informativa que estamos viviendo ahora será infinitamente menor a lo que viviremos después, en un país caracterizado por hablar a toro pasado y a hundir más en sus miserias a quien está en un mal momento. No obstante, somos un país de extremos, y tan pronto situamos a un personaje en la cima como lo mandamos a los infiernos con la misma rapidez.

El Real Madrid actúa como club, piensa en sus necesidades y termina acotando sus opciones a Julen Lopetegui. El seleccionador nacional, recientemente renovado hasta 2020 con España, se encuentra una puerta cerrada a cal y canto antes de prolongar su acuerdo, y decide arriesgarse (coger las riendas del actual Real Madrid, tricampeón de Europa, no es nada en comparación con la España que cogió en 2016). Sin embargo, unir sus caminos a falta de 48 horas para empezar la gran cita del fútbol, por la que hay que esperar 4 años hasta la siguiente, puede sonar irresponsable y con una falta de tacto considerable. Hasta aquí, creo que podemos ponernos todos de acuerdo.

Y es que en esta ecuación nos falta una tercera pata, la Federación Española de Fútbol. Hasta qué punto conocían, o no, las negociaciones, solo lo sabrán los implicados. Pero vista la resolución, poco o nada conocía el presidente, Luis Rubiales, quien seguramente se ha movido más por emociones en estas horas. Echar a Lopetegui en defensa de los intereses de la Federación Española de Fútbol es lícito, pero seguramente inadecuado. Porque igual que podemos calificar de irresponsabilidad al Real Madrid y Lopetegui, también podemos definir en los mismos términos la resolución del conflicto. Para unos, Rubiales será un valiente, para otros un inconsciente. Lo único cierto es que, ahora, un grupo forjado tras dos años de trabajo tiene dos días para motivarse con un nuevo entrenador al frente, un Fernando Hierro al que le pasan la patata más caliente que recuerde.

Así somos los españoles, quienes no necesitamos enemigos para ponernos trabas en el camino, ya lo hacemos nosotros mismos. Y es que en Brasil 2014 vivimos todo el previo del Mundial sobrevolando en el ambiente la titularidad de Casillas o De Gea, los minutos que tendría Xavi o la decisión de llevar a Diego Costa, o en Sudáfrica 2010 pusimos los focos en la presencia de Sara Carbonero a pie de campo y si descentraba a Casillas. No somos capaces de vivir tranquilos, necesitamos cualquier atisbo de chispa para hacernos saltar por los aires. A España le encanta inmolarse.

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