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Y ahora, ¿dónde está el techo del Liberbank Cuenca? ¿y de sus aficionados?

Después de la clasificación para la final a ocho de la Copa del Rey del Liberbank Cuenca, pensaba antes de dormir en varias cuestiones sobre el equipo, muchas de ellas a las que llegué gracias a todos los éxitos cosechados en las últimas temporadas.

Lo primero que hacía era echar la vista atrás, cuando en la primera temporada de Lidio Jiménez se celebraba con una gran fiesta la permanencia del equipo, ya que ese era el objetivo y no se pudo lograr hasta la última jornada, quizás el técnico y parte de la plantilla tuvieron que madurar demasiado pronto al verse en una situación tan complicada.

Esa situación cambió una temporada más tarde, el objetivo seguía siendo la salvación, pero se logró mucho antes y con cierta solvencia, mejorando año tras año y pese a que el primer objetivo seguía siendo ese, las cotas eran más altas: terminar entre los ocho primeros, mejorar registro de puntos o poder mantener un bloque de jugadores donde no se marchara ninguno que hubiera sido esencial esa campaña. Y es que desde que se marchó Balaguer, con todos los respetos a los que se han ido después, no se ha ido de Cuenca ninguno de los importantes, de los primeros espadas.

Pero hace dos temporadas llegó el ‘boom’, porque Cuenca se quedaba a un punto de jugar Europa, algo impensable y que llegaba como premio al trabajo, pero que nadie hubiera firmado a principios de temporada, por ello, tras empatar ante Anaitasuna en la última jornada, escoció no poder entrar a la Copa EHF, pero se valoró el trabajo bien hecho y se intentó olvidar pronto ese mal trago.

Ese ‘boom’ mencionado anteriormente dejó la espinita clavada en los jugadores, que un año después lograban lo nunca conseguido, ser quintos, conseguir récord de puntos y jugar EHF. Tras ello, pasar a la fase de grupos y este año como premio estar en una final a ocho en la Copa del Rey, además, de seguir peleando en Liga Asobal por jugar competición europea la próxima temporada.

¿Y ahora qué queda por conseguir?, ¿el club está capacitado para mejorar todo esto? o simplemente, ¿se puede mantener?, porque el ya mantenerlo sería complicado, echemos una vista atrás en este resumen y recordemos lo difícil que es.

Y tras todas estas preguntas me surgían otras. De no ser capaz de aguantar en la cresta de la ola, ¿los aficionados lo soportarían? Esta es quizás la pregunta que más me duele hacerme y me la hago a mí mismo a modo de reflexión tras lo visto y escuchado en la primera mitad ante el Torrelavega. Nos hemos acostumbrado demasiado pronto a lo bueno y ya nos creemos grandes, hemos comenzado a exigir demasiado a una plantilla que juega cada tres días y que no deja de dar la cara y que aunque se pudiera dejar llevar en algunos minutos, ¿cuándo lo va a hacer de no ser en este choque?

Me da pena escuchar ciertas criticas, he de decir que fueron las mínimas y que terminaron poniéndose la bufanda y aplaudiendo, ya que al carro de ganadores nos subimos todos, al de perdedores nos caemos con demasiada facilidad.

Primero faltamos el respeto a nuestro equipo para terminar faltándoselo al rival, que daba la impresión que había que ganarles de 12 y humillarlos.

El publico es soberano, pero en algunos casos, con muy poca memoria y si empezamos a sufrir de no acordarnos del pasado y de que el Liberbank Cuenca no deja de ser un club humilde, desde luego, el futuro no está garantizado…

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