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Cuenca, te van a poner mirando a la mierda

“Cuenca, te vamos a poner mirando a Netflix”. Así rezaba la campaña que esta conocida plataforma audiovisual lanzaba hace unos días para promocionar la segunda temporada de la serie “Sex Education”. Las marquesinas de los autobuses de la ciudad fueron el centro de atención durante la pasada semana y parecía que por fin Cuenca era objeto de las miradas de las grandes marcas internacionales, aunque fuera por su gastada y manida frase.

Pero como el sexo (tema en torno al cual gira la trama de la mencionada serie), a veces las cosas tan solo duran un rato y en ocasiones son más efímeras que placenteras. El orgasmo que muchos experimentaron con Netflix fue un visto y no visto, una eyaculación precoz en los preliminares. Y es que a veces en Cuenca “nos corremos” con poco. Al éxtasis orgásmico de la campaña publicitaria de una marca, ha sucedido el gatillazo producido por el cierre definitivo de otras dos.

La clausura de la conocida marca textil Pull&Bear, perteneciente al grupo Inditex, y el establecimiento de cosmética Marionnaud, situados ambos en Carretería, han abierto los ojos de la realidad conquense, obnubilada por el espejismo de Netflix en medio del desierto. Nadie mira hacia Cuenca. El comercio de la ciudad se muere.

Carretería es ya un páramo comercial en el que sobreviven a duras penas heladerías, confiterías y bares rodeados de persianas bajadas y escaparates vacíos. La arteria principal de la ciudad -que fue además peatonalizada para lograr su dinamismo-, se ha quedado en poco menos que un capilar por el que apenas circula un 5% de la sangre conquense.

El comercio de proximidad no vende, pero es que ya ni siquiera a las grandes marcas se puede comprar. Las tiendas de casa cierran por asfixia, las de fuera por aburrimiento. Y quedan vacíos los establecimientos, pero también los puestos de trabajo. Y se sume Cuenca en un ostracismo que amenaza con relegarla a ser un pueblo, donde la gente acude en sus fiestas, pero donde no hay actividad comercial ni social en el día a día.

Quizás seamos una ciudad mundialmente conocida por una frase sexual, pero a este paso, nos dan por culo. La campaña de Netflix es indudablemente ingeniosa, pero al igual que el autobús que recorre las paradas donde se promociona la serie, se detiene un segundo y luego se marcha a otro lugar. Ni va Cuenca a resolver sus problemas gracias a esta publicidad, ni es un ultraje o una ofensa ni algo completamente inocuo para la ciudad. Las miradas se dirigirán hacia Cuenca, pero la encontrarán masturbándose en su propio abandono.

Quizás hayamos sido la excusa perfecta para la promoción de una serie, pero esta película ya la hemos visto. Si somos una puntual temporada nunca terminaremos de ser una producción completa. Porque mientras esta ventana publicitaria de oportunidad se abre, las puertas de las tiendas cierran. Porque durante unos días Netflix pondrá a la gente mirando pa’ Cuenca, pero poco después la ciudad se quedará mirando a la mierda.

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