Inicio Opinión Se nos fue Kobe Bryant, un deportista de época

Se nos fue Kobe Bryant, un deportista de época

Hacia las ocho y media de la tarde de este domingo, las redes sociales se convirtieron en un hervor de mensajes acerca del fallecimiento del jugador de baloncesto Kobe Bryant, toda una leyenda del deporte y cuya dimensión trascendió más allá de su disciplina. Cuando leí la noticia por primera vez, quise pensar que era uno más de los HOAX que pueblan las redes día sí y día también (de hecho, el pasado viernes anunciaron la muerte del propio Kobe Bryant), pero por desgracia la noticia adelantada por TMZ (poco dado a errar en estos casos. Sin ir más lejos, fue el medio que adelantó los fallecimientos de Michael Jackson y Whitney Houston) se hizo realidad. Hubo que esperar hasta casi la medianoche para conocer datos oficiales, los cuales encima eran todavía más devastadores. Al margen de la muerte de Kobe Bryant, al principio se especuló con la muerte de otras cuatro personas más, pero finalmente han sido nueve los fallecidos, incluyendo a su hija de trece años Gianna. Desde aquí, mi más sentido pésame por todos ellos.

En mi caso personal, soy aficionado a la NBA desde que Andrés Montes y Antoni Daimiel me engancharán en aquellas míticas retransmisiones en Canal +. Pude vivir en directo los últimos coletazos de Michael Jordan y el tremendo vacío que dejaba con su retirada parecía que podía ocuparlo un joven de Filadelfia que había decidido dar el paso directamente desde el instituto a la NBA. Era Kobe Bryant, al que posteriormente se le conoció como La Mamba Negra. Ya fuera con el 8 o el 24 en su camiseta (ambos números retirados, algo insólito), el escolta de Los Angeles Lakers disputó veinte temporadas en la NBA e hizo historia en todos los aspectos. Tanto por sus registros y títulos como por completar toda su carrera deportiva en sólo un equipo, algo muy poco habitual en una liga como la NBA.

Ya desde sus inicios dio muestras de su carácter ganador. Decidió evitar la Universidad y dio el salto directamente desde el instituto, lo que para los entendidos en este deporte está destinado para unos pocos elegidos. Y Kobe lo era. Porque más allá de su plasticidad, de su espíritu competitivo y de su voluntad casi enfermiza por ganar, lo que nadie podrá discutir jamás era que se trataba de un genio. Una de esas personas llamadas a dominar su era por su talento y su compromiso.

Desde que saltó la desgraciada noticia y durante los próximos días, escucharemos y leeremos mucho sobre Kobe Bryant. Todos ellos destacarán que era un ganador nato, que hacía todo lo posible por salir victorioso y que en su vocabulario no entraba la palabra perder. Pero para convertirse en leyenda hace falta algo más y eso es lo que le convierte en un ejemplo para todos. Porque al margen de su talento, Kobe era un perfeccionista nato. Entrenaba horas y horas y horas para llegar a su mejor nivel, y nunca se daba por conforme. Porque el talento sin esfuerzo no sirve de nada. Así lo avala su ética de trabajo.

En España también pudimos comprobarlo en la etapa en la que Pau Gasol jugó en Los Angeles Lakers. El propio Kobe Bryant perfeccionó su español para compenetrarse mejor con el pívot, y vaya sí lo consiguió. Ambos relanzaron al conjunto angelino para alcanzar tres finales seguidas de la NBA (la primera cayeron ante los Boston Celtics en 2008, para vencer un año después a Orlando Magic y resarcirse ante los verdes en 2010). Sin Kobe Bryant, seguramente Gasol no hubiera logrado los dos primeros anillos de campeón para un jugador español.

Además, La Mamba Negra mostró siempre respeto hacia todos aquellos que amaban el baloncesto. Si bien su carácter ganador le hizo tener algunos enganches dialécticos con otras estrellas de la NBA, siempre supo valorar el esfuerzo de sus rivales. ¿Cómo olvidar el respeto que mostró hacia España en la mítica final de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008? Es solo una muestra de que más allá del deportista se encerraba una persona que valoraba al máximo a los contendientes.

Por fortuna, pudo despedirse del público en las canchas con un último año en el que recibió el cariño por parte de todos. Anunció su retirada a comienzos de la campaña 2015/2016, y durante toda esa temporada salió vitoreado en todos los encuentros, como una muestra de agradecimiento por los buenos momentos que nos ha dado. Él no se conformó con eso y decidió escribir un corto con tintes biográficos que acabó ganando el Óscar en 2018. Se llama Dear Basketball (‘Querido baloncesto’), un filme en el que un niño pequeño juega en su cuarto a encestar unos calcetines, soñando con algún día convertirse en jugador profesional y campeón de la NBA; toda una oda al trabajo, al esfuerzo, a la pasión y al amor por el baloncesto que hay que demostrar cada día para conseguirlo.

Las palabras se quedan cortas para definir a Kobe Bryant, un deportista de época que se convirtió en leyenda. Ahora ya se encuentra en el Olimpo.

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