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Los aplausos de la vida

Tercer día de cuarentena y con él he decidido contar mis inquietudes ya que escribir, además de ser mi profesión, también puede servir a otros para ocupar sus horas en casa. Creo que aún sigo cuerdo, nunca lo estuve del todo pero lo positivo es que no he empeorado, eso sí, os dejo pendientes que si dejo de escribir es porque me he vuelto ya loco y seréis responsables.

En estos dos días anteriores he buscado el organizarme y crear rutinas para que los días cuenten más rápido, mi vida social ha aumentado a través de los grupos de whatsapp donde las risas están siendo aseguradas con gente con la que he estudiado, vivido o son familia, y además, he tenido suerte que al ponerme Invisalign el pasado jueves, no gasto el tiempo comiendo, por lo que dentro de lo malo… La televisión y la radio también están presentes en un ‘concurso’ que pasa al móvil para ver quién de los amigos da antes la última noticia sobre el virus y cuando termina el día pienso que hemos ganado otra batalla, a todos los que nos han encomendado quedarnos en casa hemos cumplido con nuestra responsabilidad y debemos sentirnos orgullosos de ello. También ha salido la vena solidaria de muchos de nosotros y hemos podido seguir conciertos de música por instagram o leer libros o revistas gratuitamente, ya que los artistas han decidido sumar ese granito de arena a la causa.

Pero quedándome con ese final del día, cuando mi reloj marcaba las 22:00 horas decidí acudir a la llamada del aplauso a los sanitarios, abrí la ventana de mi salón y esperé en silencio qué sucedía. Pasó lo que que tenía que pasar, se comenzaron a escuchar persianas levantarse y aplausos y gritos que vitoreaban: «valientes, vamos a conseguirlo», ese ese tiempo que se encoje el corazón, se te ponen los pelos de punta y te das cuenta que el ser humano puede hacer cosas maravillosas. Ese aplauso significaba muchas cosas, lo primero el reconocimiento a los sanitarios, pero creo que llevaba mucho más, ya que también iba para los transportistas, empleados de supermercados voluntarios que están ayudando a nuestros mayores, fuerzas de seguridad… ese aplauso iba por todos ellos y también por nosotros mismos, como un descargue de adrenalina, de estoy escuchando al de al lado al que no puedo ver ni abrazar, de un «joder, que vamos a poder con esto», para mí eran aplausos de vida.

Ahora hay que esperar a que lleguen las 20:00 horas de este domingo para volver a aplaudir, mientras, yo seguiré combatiendo con la misión que me han puesto, que la verdad es muy sencilla, es la de quedarme en casa y sonreír. Vivo solo, sé que estaré un tiempo sin ver a los míos, posiblemente no menos de un mes, pero sería egoísta pensar que estoy mal. Si miramos imágenes de guerras de otros países, entonces nos sentiremos afortunados, además, podemos salir de casa para lo que necesitemos, menos para hacer vida social.

Yo el mensaje creo que lo he entendido, dice que podemos salir a por lo que necesitemos de manera responsable, para poder seguir sintiéndonos libres. De verdad, ahora no es el momento de hacer políticas ni de criticar nada, es el momento de sumar nuestra fuerza y desde aquí os pido responsabilidad, vamos a quedarnos en casa y antes pasará todo esto. Puedes pensar que a ti no te sucederá nada, pero le puede pasar a las personas que más quieres y si buscas la trampa para salir de tu hogar, que sepas que lo próximo será tener que llevar un justificante para salir cinco minutos de tu casa, y ahí te sentirás menos libre.

Vamos a luchar todos por ello, vamos a unirnos y vamos a sonreír. ¡Ah!, esta noche nos escuchamos toda España a las 20:00 horas con un nuevo aplauso desde el balcón, que no se nos olvide que hemos quedado.

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