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El puto bicho

Hace no tanto, todos andábamos por las calles, nos abrazábamos, compartíamos alegrías, risas y anécdotas, charlábamos mientras teníamos una cerveza, un refresco o un agua en la mano… En otras palabras, disfrutábamos de la vida. Una vida que, dos semanas después, nos parece tan lejana, tan inalcanzable, tan distinta… En definitiva, tan frágil.

Volverán esos tiempos y con ellos seguramente volverá la normalidad, pero todos nos convertiremos en un poquito mejores. Esa empatía por los demás que habíamos olvidado y que ahora hace que todos nuestros vecinos nos parezcan los mejores del mundo; esa amabilidad por el prójimo que con las prisas del día a día se convertía en hastío y ahora nos permite cederles nuestro paso antes de pasar al supermercado… Pequeños detalles que nos convierten en personas y no en robots. Puede que ahora valoremos más esa sonrisa de nuestro vecino al saludarnos, o incluso ese pequeño aspaviento del conductor de al lado.

El puto bicho (y perdónenme la soez palabra, pero soy incapaz de escribir en condiciones acerca del puñetero virus) ha trastocado todo en muy poco tiempo. Ahora da miedo levantarse y conocer qué deparará el día; cada mensaje recibido puede ser una desgraciada noticia. Y así ha sido este 24 de marzo, porque uno de los referentes del periodismo deportivo en Cuenca se ha marchado. Hoy nos ha dejado Paco Alarcón, con su voz inconfundible, su pasión ante un micrófono y uno de esos periodistas que se compromete por sus oyentes. El puto bicho nos ha dejado sin él, pero lo que jamás borrará son los recuerdos que nos deja y todo el legado. Sea Semana Santa, San Mateo, San Julián, deporte, en definitiva, Cuenca. Porque él amaba esta ciudad y amaba todo lo que hacía.

Una excelente persona a la que tuve el placer de conocer mucho más allá del ámbito periodístico, porque al margen de su reconocida trayectoria como periodista o de su trabajo en el Hospital de Cuenca, también formó parte de la Hermandad de Donantes de Sangre y a través de su solidaria labor fue gracias a lo que le conocí. En mis tiempos como deportista, suya fue la primera entrevista que me hicieron, como suyos fueron los primeros consejos que recibí cuando empecé en el periodismo a pesar de que yo formaba parte de otra emisora. Una persona de las que te para sea el lugar que sea, siempre con una sonrisa en la boca, siempre dicharachero, siempre amable, siempre guerrillero al hablar de los equipos de la ciudad, siempre atento de los demás…. Un conquense de pro y que por el puto bicho no podrá tener el adiós que se merecía. Pero lo tendrás, amigo, porque tu legado nos ha impregnado a todos aquellos que pasamos un solo minuto contigo. Sirvan estas líneas mi más sentido pésame para toda su familia, en especial a su maravillosa mujer y su excelente hijo Fran. Todo mi cariño para todos vosotros.

Las desgracias humanizan, y cuando las sentimos de cerca más todavía. Por eso, solo pido a todos aquellos que todavía no estéis concienciados, que por favor os quedéis en casa. Sed generosos, sed empáticos, sed responsables. No seáis egoístas, no os creáis inmunes a lo que sucede a vuestro alrededor. Porque puede que a ti, sí, a ti, ese que te crees que este puto bicho pasará y que a ti no te puede hacer nada, porque estás fuerte o porque eres joven o porque eres un iluminati, puede que realmente no te haga nada, pero sí a tus familiares, vecinos, compañeros… Y entonces no valdrá echarle la culpa al Gobierno. Entonces, solo entonces, te darás cuenta de que la culpa es tuya.

Estamos en una situación en la que todos, en la medida de lo posible, podemos aportar. Unos con su excelente labor profesional (me quito el sombrero ante sanitarios, reponedores, transportistas, cajeros, limpiadores, repartidores y un largo etcétera), otros con responsabilidad y aguantando el tirón en nuestros domicilios. Que cada uno asuma con honor el papel que le corresponda y actúe pensando en la sociedad, no en uno mismo.

Por favor, quedaos en casa y hagamos que esta pesadilla concluya lo antes posible.

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