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Corona de pasión

Si de por sí, para un nazareno cualquiera, es fácil hablar y mantener tertulia de su pasión en entornos nazarenos, para mí es muy complicado ponerme ante todos ustedes para reflejar sentimientos que aunamos cientos de conquenses, nazarenos todos, durante estos días de confinamiento, a sabiendas, que nuestra semana de pasión, no va a poder ser representada por las calles de nuestra ciudad, como acto de fe, tradición y fervor.

Es sabido por todos, que una corona, manifestada en virus, nos acecha, separándonos de nuestras labores diarias. Una corona que tapona nuestra pasión desmedida por nuestra Semana Santa, cual tormenta de primavera que años atrás nos ha hecho llorar de decepción y emoción a parte iguales. Porque siempre al final del túnel podemos observar una luz; esa luz eterna que nos ayuda a seguir trabajando, durante todo el curso nazareno, para lucir las mejores galas en futuros años. Pero siempre y digo siempre, debemos predicar con el ejemplo de la pasión con la que están desempeñando nuestros profesionales sanitarios su labor para quitarnos la maldita corona enferma que se ha posado sobre nuestros hombros.

Tenemos que prepararnos para vivir la Semana Santa más peculiar de todas nuestras vidas recogidos en la oración por el enfermo, para que alcance su recuperación y por el ser fallecido, por que llegué su Resurrección y nos acompañe año a año desde lechos celestiales. Para ello, más que nunca, debemos estar junto a los Ministros de Culto que harán de guía espiritual dentro de cada procesión que cada uno llevamos por dentro.

Cierren los ojos…sentir un gusanillo por dentro, cuando, tres golpes de picaporte anuncien que, “Entre Palmas y Ramos”, el Hijo de David a lomos de una burra, se presenta al pueblo acompañado de su Madre, Hosanna en el cielo.
No tengan miedo, cuando todo esto cumpla nos encomendaremos a Él, porque nunca nos abandonará, esperando paciente en el Paraíso con un tenue toque de campana acompañado de un bronco redoble de tambor.

Anuncia el precursor con su dedo índice, que las aguas del Júcar y Huécar se unen para ser derramadas sobre Nuestro Señor, momento para que se abran los cielos y descienda el Espíritu Santo mientras una bella mujer de Magdala porta un linaje sagrado para combatir el dolor frente a la corona. Esa corona que nos tiene como nazarenos del Perdón cautivados con brotes verdes de Esperanza, que nunca nos abandonaran al son de “Toque, Marcha y Salve”.

Mantener la calma, porque el “Cordero de Dios”, la medicina de la salvación, está listo para ser repartido por cada uno de nosotros, mientras Él, “Orando en Getsemaní”, pide por todos nosotros antes de ser vendido por “30 Denarios” en “La Negación” más clara jamás ocurrida. Es prendido por soldados romanos en el momento que Pedro se abalanza sobre “Malco”, siendo presentado al pueblo “Ecce Homo” con otra corona, esta vez de espinas, con otra dosis distinta de virus, la cual derrama la sangre divina por el cuerpo más Glorioso y Santo de los Cielos, en un “Camino de Lágrimas” lleno de amargura.

Las aguas de Júcar levitan en la Paz y Caridad bajo el barrio “EL Perchel”. El “Puntal del Jueves Santo” está junto a Él, guiándonos a una columna de lamentaciones donde se escuchan “Azotes de Pasión” que serán ocultos bajo una capa escarlata cuando la “Corona de Espinas” y una vara de caña lo confundan con el Rey de los judíos en el juicio ante el Sanedrín. Comienza la subida al Gólgota cargado de una Cruz “Al Hombro”, cuando “En Tu Primera Caída” eres ayudado de un niño que no entiende lo que está pasando después de verte entrar “Triunfal”, y vestido con ropajes de “Nazareno del Júcar”, con los pómulos amoratados, antes de encontrarse con su madre, la cual refleja “Dolor y Llanto”.

Noten un estruendo de clarines y tambores, más sigiloso que nunca, pero que lo podemos percibir si nos personificamos en la curva de Palafox. Sí, es Él, “Nazareno del Alba”, Camino del Calvario encontrado por Verónica haciéndose hueco entre la multitud en el duro ascenso que, con mimo, empaña su rostro en un “Lienzo Sagrado”. Por detrás aparece el “Discípulo Amado” intentando guiar a la Madre sin palabras y una “Silenciosa Mirada”, tornada cada vez más oscura en “La Madrugá” en la que desgraciadamente una corona nos invita al dolor de escuchar como “Lloran los Clarines”.

Pide perdón en su exaltación porque no saben lo que hacen, comenzando la “Soledad Franciscana” de ver como Él agoniza en el madero soportado tras un largo caminar, entendiendo y comprendiendo “Mektub” y apuntillando la tragedia por “Longinos”. “Reflejos de Pasión” que nos condenan a un ápice de “Luz Eterna” liderada por un Cristo en el que mirarnos al espejo. “Cristo de la Salud” siempre nos aguardará, para reconvertir el color negro en el blanco de las borlas que cuelgan por el lado izquierdo del nazareno. Descendiendo de la cruz “Por Tu Cara de Pena” en “La Quinta Angustia” tras caer en brazos de tu Madre, para recibir un último calor materno para siempre.
Nos encontramos con el corazón encogido porque la corona ha ganado la primera batalla “Camino del Sepulcro”, donde dulcemente descansas en “Paz Eterna” dejando desnudo el madero que ha sido tu virus en este camino, en el cual, te vuelves a levantar. Hay una luz eterna, que, de nuevo, te reincorpora como símbolo de la victoria en la Resurrección en el Encuentro con tu Madre, amparados en la “Mesopotamia” conquense que el próximo año, volverá a entonar “Miserere Mei Deus”. Porque gritaremos, más que nunca, que continuamos bajo el refugio de nuestra corona de pasión, la cual, nunca abandonará a enfermos y perdidos en la batalla, a quienes corresponderá un lugar privilegiado junto a Él.

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