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«Ofendidismo»

El «ofendidismo» es un movimiento sociocultural de vanguardia surgido en el siglo XXI. Consiste en censurar cualquier manifestación pública que no sea completamente inocua, es decir, que sea plana y carente de profundidad.

 

Tras la extensión del ofendidito como figura ciudadana y su consolidación y normalización en las sociedades desarrolladas, la autocensura funciona como un aparato inquisitorial silencioso y son los propios creadores quienes se autoimponen trabas por no rodearse de polémica.

 

Hoy en día es imposible no realizar cualquier tipo de expresión sin ofender al menos a un colectivo. En un presente en el que se presume de paz, libertad y bienestar, resulta que la censura está más presente que nunca, no como un aparato del estado o de la autoridad religiosa, sino como una corrección individual por riesgo al escarnio colectivo.

 

La cultura del «ofendidismo» ha creado una corrección política en la que la libertad de expresión se fiscaliza y los cánones de lo que es justo y adecuado se imponen. La irreverencia es casi herejía e incluso la realidad obscena se modifica vistiéndola de ropajes amables. Los contenidos han de ser friendly con todo y con todos lo que hace harto difícil cualquier tipo de comunicación sin herir ninguna sensibilidad.

 

El movimiento «ofendidista» encuentra en Twitter su jardín particular para extender su estilo. Entre 280 caracteres se conjuga el verbo en todas sus personas: yo me ofendo, tú te ofendes… todos se ofenden. En esta cultura de lo micro, todo son microcríticas, microagresiones, microofensas, en micromensajes de redes sociales.

 

En 2018 se prohibió la lectura en las escuelas de varios estados americanos de Las aventuras de Huckleberry Finn de Mark Twain y de Matar a un ruiseñor de Harper Lee, dos de las principales obras de la literatura de Estados Unidos. Todo porque los personajes de esas novelas usan un lenguaje racista pero olvidando que estas fueron escritas en una época en que el racismo estaba totalmente normalizado en la sociedad americana.

 

No se puede mirar a épocas pasadas bajo el prisma del siglo XXI. La literatura, la música, el cine, el arte en general, son fruto de su contexto histórico y sociocultural. La historia es un proceso, una evolución. Los acontecimientos del pasado tienen reminiscencia en el presente pero no al contrario. En la construcción de las pirámides de Egipto no había sindicatos para proteger a los trabajadores, en el Antiguo Régimen ni siquiera se planteaba la elección en urnas. Pero sí que la progresiva superación por el devenir de la historia nos ha llevado al mundo en que vivimos, en el que todavía falta camino por andar, pero con una calzada asfaltada.

 

Si de recreación histórica se trata, la mirada ha de ser más sibilina si cabe. No se puede tachar de machista a una película sobre las batallas de la Segunda Guerra Mundial por no haber mujeres, ya que en esa época no combatían. No se puede criticar la visión machista y patriarcal de una serie basada en el Medioevo como podría ser Juego de Tronos.

 

No se puede tildar a Tolkien de machista y supremacista porque los personajes son eminentemente blancos y masculinos. Es la Tierra Media, una ambientación imaginaria y fantástica basada en los mimbres de las costumbres, la política y la sociedad medievales. Evidentemente las razas diferentes a la blanca están infrarrepresentadas; consecuentemente el papel principal lo ejercen los hombres. Sin olvidar que en Tolkien, la multirracialidad se da de forma imaginaria, con elfos, enanos, duendes etc. y que las mujeres ejercen un papel importante en la trama con Éowyn como ejemplo de empoderamiento femenino.

 

No se puede condenar Lo que el viento se llevó por perpetuar estereotipos racistas si la película está ambientada en la Guerra de Secesión de Estados Unidos. Pues claro que los perpetúa, precisamente esa guerra se produjo al querer los estados del sur proclamar la independencia por negarse a abolir la esclavitud.

 

Los estereotipos se crean a partir de una base de verdad. De aquellas creencias populares de un colectivo sobre las que hay un acuerdo básico, se generalizan identidades e imágenes sobre los mismos. El problema viene cuando el estereotipo se degenera y convierte en prejuicio o en discriminación.

 

Las recreaciones también se hacen desde un análisis de la realidad histórica, para después modificarse y adaptarse a la narrativa y al contenido que se pretende crear. Que la Edad Media sea una época machista, no implica que el que escribe sobre ella lo sea. Que la recreación de la Guerra Secesión se base en estereotipos racistas, no quiere decir que una película sobre el tema busque incidir en prejuicios o discriminaciones raciales, solamente los reproduce con mayor o menor fidelidad.

 

Una de las citas más célebres de nuestro Miguel de Cervantes en Don Quijote de la Mancha dice así: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos». Bajo el color de la corrección, hemos tapado la creatividad y la diversidad. Detrás de la pintura de la autocensura está el lienzo del pensamiento. Cuando no seamos extremadamente susceptibles, seremos realmente libres. Si no superamos la corrección política como autoimposición, no acabaremos con el «ofendidismo» como coerción.

 

 

 

 

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